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La revolución silenciosa del Plan CEIBAL por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 8 oct. 2013 6:02 por Semanario Voces
 

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ías pasados se anunció un informe realizado por el Instituto de Economía de la UDELAR titulado "Profundizando en los efectos del Plan Ceibal" donde su conclusión principal establece que: "Los resultados sugieren que el Plan Ceibal no habría tenido un impacto en matemática y lectura ni a nivel general ni según nivel socioeconómico". Hace cinco años anuncié que ocurriría esto y que no era para preocuparse. Hoy se confirma esta afirmación, pero aparecen muchos que están equivocadamente preocupados. Creo que es oportuno aclarar algunas ideas.

          La educación en la sociedad capitalista

La educación básica no es algo estático. Cambia en la medida que se modifica la base material de una sociedad. No es igual la educación necesaria para el recolector del desierto de Australia, el campesino feudal o el habitante de la sociedad capitalista. En la sociedad capitalista hay fases diferentes con diferente educación.

 

En la fase comercial bastaba con saber leer y escribir para firmar contratos, concretar compras y ventas. En la fase industrial las exigencias aumentaron. Esto lo comprendió muy bien Horace Mann e ideó una nueva educación primaria para los Estados Unidos del siglo XIX que comenzaba su revolución industrial. También lo entendió José Pedro Varela para el Uruguay. La educación básica, además de la lengua que unificaba el hablar de los emigrantes europeos, era necesaria la aritmética que permitía controlar las máquinas a vapor, llenar la planillas de las fábricas e incorporarse a la sociedad contemporánea.

 

Nos encontramos ahora en una nueva fase, que suele llamarse Sociedad de la Información porque la actividad económica principal tiende a ocurrir en las empresas que manejan información de diferentes maneras. Como es natural, este cambio en la base material de la sociedad exige una transformación en la educación. Por excelente que haya sido el proyecto de Varela, fue concebido antes de la electricidad, tal como señaló con acierto Gonzalo Frasca. Ahora, además de la lengua y la matemática es necesaria la inclusión digital.

 

Por inclusión digital entiendo todas las habilidades necesarias para vivir en la nueva fase de la sociedad capitalista. Estas habilidades son las que permiten comprender el significado de los íconos, usar botones virtuales, manejar los nuevos medios de comunicación y de trabajo. Ahora la educación básica exige, además de la lengua y la matemática, la inclusión digital. Éste es el objetivo principal del plan CEIBAL

          ¿Qué logra el Plan CEIBAL?

Yo nunca pensé que el Plan CEIBAL mejoraría el dominio de la lengua o de la matemática, lo que me interesaba era su impacto en la inclusión digital. Un cajero automático se maneja con botones y textos en una pantalla. Forma parte cada vez más de la vida cotidiana. El correo electrónico se ha convertido en una herramienta indispensable, igual que el manejo del teléfono celular o las consultas y actividades por Internet. En poco tiempo la mayoría de nuestras operaciones cotidianas y nuestro trabajo ser realizará delante del teclado de una computadora, desde manejar un tractor hasta escribir un libro.

 

La inclusión digital significa poder usar los procesadores de texto, las planillas electrónicas, el correo electrónico, las redes sociales, las búsquedas por Internet y todo lo que vendrá en el futuro. Quien no tenga estas habilidades será un analfabeto de los tiempos nuevos, un marginado social, alguien condenado a un trabajo de baja remuneración y alta alienación.

 

El Plan CEIBAL nació como un plan de equidad. Había muchos hogares que tenían computadoras y donde los niños y los jóvenes adquirían la inclusión digital, casi siempre a través de los juegos. Pero estos hogares privilegiados eran una minoría de la población. El sistema educativo de tiempos anteriores a la luz eléctrica no educaba para el mundo digital. Los egresados de la educación concebida a fines del siglo XIX serían, mayoritariamente, analfabetos para el mundo en el cual vivirían. De esto se ocupó el Plan CEIBAL.

 

Yo recuerdo que en sus comienzos era muy difícil hacer entender, aún a maestras con gran formación pedagógica, que se trataba se realizar la inclusión digital. Hoy todavía sigue incomprendido. No se trata de enseñar lengua o aritmética, se trata de enseñar a usar un teclado -objetivo que nunca estuvo en la educación primaria-, una pantalla y un ratón. Se trata de hacer comprende el lenguaje de íconos y no la regla de tres o la conjugación del subjuntivo. Por eso, no cabía esperar mejoras en el desempeño de la lengua o de la aritmética.

 

Se objeta frecuentemente que los docentes no han sido capacitados. Pues sí, han sido, se les ha entregado una computadora y se les ha dado la oportunidad de usarla y de aprender por sus propios medios -de la misma manera que se aprende a andar en bicicleta-.También, lo que es más importante, pudieron aprender de sus alumnos. Quienes piden capacitación tienen una concepción anclada en el pasado: la única manera de aprender es mediante un curso expositivo, sistemático y curricular. No es así que adquiere la inclusión digital, es igual que aprender a andar en bicicleta.

 

Algunas medidas realizadas en 2008 y 2009 mostraban que todos los niños escolares alcanzaban el mismo nivel de inclusión digital que los adultos con estudios terciarios. Esto se lograba muy rápidamente. Por eso, hace más de 5 años que sé que el Plan CEIBAL es un éxito, a pesar que no se ocupa de la lengua o las cuatro operaciones.

          La revolución silenciosa

Hoy asistimos a una revolución silenciosa. Tal vez del mismo tamaño e importancia que la encabezó Varela. No puedo presentar líneas de base ni medidas estadísticamente fiables, solamente puedo comentar algunos ejemplos de lo que está ocurriendo.

 

El año pasado, al celebrar los 5 años del comienzo del Plan en Villa Cardal, el maestro de ceremonias del festejo era un joven de la cuenca lechera. Decía con entusiasmo que quería ser ingeniero. Éste es el logro del Plan, en un país donde faltan ingenieros.

 

En el liceo de Barros Blancos un grupo de estudiantes, con un profesor de astronomía motivado y unas Ceibalitas, descubrieron un nuevo asteroide, llamado inicialmente 2012 HC 10. Yo pienso en la astronomía que me enseñaban en mi eficiente liceo Rodó, con tiza y pizarrón, y tengo una sana envidia por estos jóvenes de la Sociedad de la Información. A través de Internet recibían imágenes del cielo y las analizaban para buscar cuerpos móviles. Así descubrieron el asteroide.

 

Agustín Zubiaga, un joven uruguayo de 15 años, de Puntas de Cañada Grande, que estudió en la UTU de Rafael Perazza, en el departamento de San José, se convirtió en uno de los 20 ganadores del concurso Google que convocaba a jóvenes programadores de software libre de entre 13 y 17 años de todo el planeta. Como consecuencia, quedó seleccionado para visitar las oficinas centrales de Google en California. Comenzó a programar a los 12 años y a su joven edad se convirtió en desarrollador de la organización que produce software para las XO. Piensa estudiar ingeniería de sistemas para trabajar en la empresa que produce las XO.

 

Estos son tres ejemplos de los miles que existen en todo el país. De esto hay que hablar cuando se evalúa el Plan CEIBAL. Medir las habilidades en lengua o aritmética es inútil. Es como si la escuela vareliana hubiese sido evaluada por los conocimientos de la Historia Sagrada, la doma de potros o la manera de esquilar una oveja, todos conocimientos útiles para el pasado pero no para el futuro que quería construir Varela. Para evaluar los resultados se debe medir lo que está en los objetivos y no otra cosa.

 

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