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Larga amistad a los hermanos argentinos Por Ricardo Peirano

publicado a la‎(s)‎ 18 oct. 2013 9:55 por Semanario Voces
 

Frente a la nueva (y seguramente no la última) crisis con el gobierno (y no el pueblo) argentino, si yo estuviera en los zapatos de Mujica, tendría una postura de firmeza digna, no seguiría con la política del “abrazo y la sonrisa” y habría aumentado la producción de UPM, quizá en todo lo que fuera posible.

Pero habría introducido algunos matices o cambios. En primer lugar, tendría presente que el problema con Argentina no se circunscribe a UPM sino al deterioro del Mercosur y al aislamiento comercial de Argentina, llevado a cabo de forma unilateral y sin reglas claras, lo cual le ha generado también graves problemas con Brasil y con Paraguay. Hay que entender que estamos parados frente a un gobierno autoritario, que no cumple reglas ni tratados, y que si percibe debilidad en el adversario, redobla la apuesta. También tendría en cuenta que el “cristinismo” difícilmente podrá trascender a Cristina en 2015.

En segundo término tendría en la Cancillería y en la embajada argentina a los mejores diplomáticos con que cuenta el país, sin importar su pelo político. Los mejores, los más capaces, los más experimentados en manejo de crisis, que es todo un arte. Hoy por hoy, el equipo negociador de Uruguay, no parece estar a la altura de las difíciles circunstancias que toca vivir. Puede ser un equipo apto para otros momentos, pero no para las batallas actuales. Aprendamos de Itamaraty: las políticas, los embajadores, no cambian con cada gobierno. Siempre están los mejores profesionales y por eso hay políticas de largo aliento.

En tercer lugar, buscaría reforzar el frente interno tanto en lo político como en lo social. Lo mejor que puede hacerse es mostrarle al gobierno argentino que lo de UPM no es un capricho de Batlle, de Vázquez o de Mujica sino una política de estado, detrás de la cual se aglutina todo el país. Néstor Kirchner creyó que podía doblegar a Vázquez y CFK creyó que Mujica dormiría en sus brazos. Entre Batlle que autorizó a Botnia/UPM, Vázquez que ratificó la decisión y se puso fuerte, y Mujica que buscó un cambio de actitud con simpatía para finalmente darse cuenta que “la vieja es más terca que el tuerto”, hay una continuidad de políticas que los gobiernos argentinos en 10 años deberían haber sabido descifrar. El problema es que en Argentina hay el mismo gobierno hace 10 años. Y que completará los 12, si Dios da salud a Cristina.

En cuanto a buscar otras opciones, se podría haber buscado una mediación. La intervención del Rey de España en 2006 no llegó a serlo. Se la llamó “facilitación” y no facilitó nada. Naufragó ante la tozudez argentina de obligar a detener la construcción por 90 días, que era como decir “por tiempo indefinido”. Pero con Argentina, que tiene frentes abiertos con casi todo el mundo, es muy difícil encontrar un mediador. Lo mejor fue acudir a La Haya y estar a lo que ella dispusiera. Si hay que volver, se volverá.

Pero hay que aceptar la realidad: negociar con el kirchnerismo es muy difícil, tanto para un país grande como Brasil o USA, como para un país pequeño como nosotros. Lo que se debe hacer es reforzar la amistad con el pueblo argentino, con quien nos sentimos en mucho mayor sintonía que con sus gobiernos ya desde los tiempos de la Junta de Mayo a quien molestaba el republicanismo artiguista.

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