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La semana siguiente del 47 Congreso Por Maria Elena Laurnaga

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2011 8:24 por Semanario Voces
 

101 años y cinco días del Partido Socialista  

                             

Recién culminado el 47 Congreso del Partido Socialista se impone un hecho contundente: el partido ha salido fortalecido con una dirección muy homogénea basada en una mayoría incuestionable que reafirma la línea sostenida en los últimos años.

 

El viejo Partido que hoy cumple 101 años y cinco días, agrupa en su historia y en su presente una diversidad de opiniones, énfasis y de matices que se corresponden con un modo de ser socialistas “a la uruguaya”.  Es el partido de Vivian Trías, también el de Emilio Frugoni y José Pedro Cardozo. Es el partido del Lalo Fernández y el de Reinaldo “Polo” Gargano.

 

Pero fundamentalmente, me permito acá en Voces decir, que este es el partido de Tabaré Vázquez. Y es el partido de Tabaré no porque él sea imprescindible, sino porque es necesario. Tabaré expresa un capital político construido por la izquierda del que no es bueno prescindir; todos los partidos de oposición quisieran tener un Tabaré Vázquez en sus filas. Pero fundamentalmente, él condensa un elemento por demás importante para entender la interna socialista: expresa un clivaje entre un partido de oposición y un partido de gobierno.

 

Como siempre hacemos los socialistas, en el congreso se debatió duro y se confrontaron ideológicamente dos corrientes ya clásicas en la interna partidaria, que han sido definidas de forma bastante simplificadora como “renovadores” y “ortodoxos”. Los renovadores ocuparemos 44 de los 51 cargos del Comité Central. Este resultado contundente dirime claramente una tensión que fue más un debate de cúpulas metropolitanas que diferencias de fondo representativas de la estructura del partido. Nos estamos convocando todos desde ya a profundizar los contenidos de este debate.

 

Nunca como antes esta interna ha merecido la atención de la prensa y de otros sectores; por tanto no puedo eludirla en esta columna. Las diferencias ideológicas existen, pero para su comprensión creo que es más significativa su base cultural que los elementos políticos de fondo.

 

En primer lugar, hay una cultura política que matriza a los autodenominados ortodoxos, tributaria de la izquierda tradicional en sus referentes simbólicos y en la apelación al centralismo, que pretende contraponerse con una cultura política democrática.  Más allá de autoproclamaciones de ser más de izquierda, problema que enfrentan también otros sectores dentro y fuera del Frente Amplio, las diferencias deberían evidenciarse por los objetivos y las herramientas propuestas. Y en ese campo, las diferencias no son sustantivas. Pondría dos ejemplos: la aspiración de equidad y mayor distribución de la riqueza forma parte de todo el proyecto del Frente Amplio y de todas las corrientes de pensamiento en el socialismo uruguayo; la tensión capital/trabajo también está presente en ambas corrientes. Desde el punto de vista de las clases sociales, el partido sigue siendo un partido de los trabajadores que expresa la realidad policlasista de todo el país.

 

Sin embargo, creo que una de las explicaciones más consistentes de esta tensión entre dos “corrientes” es la dificultad de incorporar la cultura de gobierno. Paradójicamente, tanto en una corriente como en la otra hay connotados dirigentes de gobierno, de este gobierno y del anterior, a nivel nacional y a nivel departamental. Sin embargo, creo que existen resistencias culturales a asumirse como partido de gobierno. Como dijo Yerú Pardiñas el futuro secretario general, en un brillante y apasionado discurso, el gobierno es el lugar donde nos puso la gente para realizar el proyecto que la mayoría de este país aprobó, lo que multiplica, no reduce, los ámbitos de vinculación con la sociedad y nuestro compromiso con ella.

 

 

 

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