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Las respuestas del Sr. Valdemar Por Martín Ferrario

publicado a la‎(s)‎ 31 may. 2013 15:46 por Semanario Voces
 

 

 
Si nos ceñimos a la definición de la RAE que describe periodismo, se desprende que el rol del periodista en nuestra sociedad sería únicamente la documentación y el reporte de hechos; pero hoy en día la prensa se ha transformado en un medio que no simplemente informa sino que también educa y  forma opinión. Por ello es indispensable antes de dar cualquier tipo de información valiosa, el procurar fuentes seguras y por ende  verificables para el lector.

Los medios que recibieron y no publicaron las cartas de Héctor Amodio Pérez  dieron sus motivos, los podremos compartir o no, pero de lo que no se los puede tildar es de haber actuado con irresponsabilidad periodística.

Lo que hizo el Observador fue ver una veta y tomar por ese camino, tiró un anzuelo y Amodio picó, una jugada que le salió bien, comercialmente mucho más. No nos podemos olvidar que El Observador no recibió las cartas en un primer momento, tal vez esto le hizo proponer con un poco más de soltura, solo tal vez. Por otra parte el ejercicio periodístico realizado por Pereyra me trajo a la memoria “El extraño caso del señor Valdemar”, cuento de Poe donde el señor Valdemar continúa contestando las preguntas de su interlocutor aún después de muerto.

El hecho de publicar las cartas sin confirmar la fuente sería incurrir en un acto irresponsable, aún si se pusiera en tela de juicio la autoría de dichas misivas. Resultaba muy sospechosa la forma en cómo llegaron estas a las diferentes redacciones, tal vez fue la intención del remitente en una primera instancia, para provocar un mayor impacto cuando se supiera que dichas cartas habían sido recibidas y no publicadas, lo que terminó sucediendo. 

El hecho que Amodio Pérez esté catalogado como traidor no invalida su opinión, pero no deja de ser eso, su opinión. Que un individuo de quien no se han tenido noticias en 40 años, aparezca un día, enviando cartas a la vieja usanza utilizando direcciones postales falsas, a mi entender condiciona su credibilidad. Sería un poco arriesgado pensar que el testimonio de un solo hombre, tenga el peso suficiente como para cambiar la percepción de la historia reciente del Uruguay. Dar por ciertos los dichos de Amodio Pérez sin cuestionamientos es pecar de ingenuo.

El derecho a la libertad de prensa, como tal, acarrea una importante responsabilidad social. Libertad de prensa no quiere decir publicar lo me venga en gana; quiere decir que todo medio de prensa tiene derecho a informar y los receptores tienen derecho a exigir veracidad y fundamentos. De no cumplirse con esto, la libertad de prensa se estaría convirtiendo en un acto anárquico, y la población en lugar de informarse se estaría llenando de opiniones equivocadas. El límite entre informar y publicar historias cuyo fin no es la verdad, sino aumentar las ventas, es una buena pregunta para realizarle al señor Valdemar.

 

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