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La Universidad Tecnológica, una buena iniciativa a punto de morir en la orilla Por Javier Lasida

publicado a la‎(s)‎ 20 jul. 2012 7:58 por Semanario Voces
 

En los próximos días se entregarán a los presidentes de las Comisiones parlamentarias de educación dos proyectos de Ley de creación de la Universidad Tecnológica (UTEC). Son productos póstumos del diálogo interpartidario convocado en enero por el Presidente de la República.  En ese marco se conformó una comisión para elaborar un proyecto de ley de UTEC.  Resultó contradictorio que mientras la comisión estaba trabajando el Presidente y todos sus Ministros enviaran un Proyecto de Ley para  convertir al actual Consejo de Educación Técnico Profesional (que equívocamente hasta la propia Ley General de Educación sigue denominando UTU) en Universidad. Pero, ante el hecho que ese Proyecto no contaba siquiera con el apoyo del conjunto del Frente Amplio, se continuó el trabajo interpartidario.

 

Los dos proyectos que se presentan en estos días, uno de los partidos en el gobierno y el segundo de la oposición, son muy parecidos. De hecho son idénticos en la gran mayoría de los artículos, que expresan una serie de acuerdos relevantes, donde predominan las cuestiones más técnicas. Tienen pocas diferencias, pero también muy significativas, en algunos de sus aspectos más políticos.

 

Ambos proyectos coinciden en crear una segunda Universidad estatal, lo que –de concretarse- constituiría un avance histórico en términos de enriquecer y diversificar la institucionalidad y la oferta universitaria nacional.

 

Los proyectos para la nueva Universidad la orientan hacia lo tecnológico y hacia las áreas productivas y ocupacionales más dinámicas.  La organizan en Institutos Tecnológicos especializados en cada sector y radicados en zonas donde se concentra su actividad.  No crean una gran estructura centralizada, sino un conjunto de centros que tendrán políticas comunes, pero que gozarán de amplia capacidad para actuar en su área de especialidad y en el territorio correspondiente, por ejemplo para la definición de programas curriculares, para contratar sus docentes y para realizar acuerdos con empresas y trabajadores de su rubro.

 

Simbólicamente el Consejo Central estará ubicado en el interior, pero más importante que esto, los Institutos estarán funcionalmente y territorialmente descentralizados, lo que debería dotarlos de la flexibilidad y agilidad necesarias para responder a las necesidades y a las oportunidades que surjan desde los actores productivos.

 

Los dos proyectos también concuerdan en la integración del Consejo Directivo de la UTEC y de los Institutos. Establecen que el órgano central esté conformado por dos integrantes designados por el Poder Ejecutivo con venia del Senado, por un delegado del orden estudiantil, uno del orden docente, uno designado por las organizaciones empresariales y otro por las de trabajadores.

 

Los acuerdos no son triviales, ni se reducen a aspectos generales. Implicaron concesiones de todas las partes. Las cuatro propuestas iniciales de cada partido muestran notorias distancias con estos términos consensuados.

 

Muriendo en la orilla

 

La diferencia más importante entre los dos proyectos refiere a como elegir al Rector y como decidir en caso de empate entre los seis integrantes del Consejo Directivo.  Para resolver estos puntos en tanto el proyecto del Frente Amplio jerarquiza la votación interna a la Universidad, la oposición opta por uno de los integrantes designados por el Poder Ejecutivo.  Los consensos parecen muchos mayores que las discrepancias. Pero el problema es que en este caso –para crear un ente autónomo- se necesitan dos tercios de votos del parlamento, por lo tanto si no se llega a algún acuerdo no habrá ninguna UTEC.

 

Es razonable que exista esta diferencia, que obedece a lecturas y visiones distintas de los desafíos del sistema educativo y especialmente de las estrategias y criterios para enfrentarlos.  Lo que es poco razonable, en términos de eficacia política, es que nuevamente la única salida que se encuentre al disenso sea el bloqueo de una situación en la que hay una amplia coincidencia tanto en que debe cambiar, como en lo  principal de la orientación del cambio.  Alguien podría objetar que  la discrepancia sobredimensiona la cuestión de la distribución del poder y que ello no es lo sustantivo o incluso que obedece a intereses menores.  Pero la razón de ser de la política es la lucha por el poder, que obedece (como todas las actividades humanas) a combinaciones variables de propósitos altruistas con otros egoístas (en términos personales y de sectores).  En este caso el problema no es la lucha política, sino su falta de resultados.

 

Dadas las circunstancias actuales (las relaciones entre los partidos, en especial respecto al tema educativo, el ingreso en la segunda mitad del período de gobierno) es poco probable que se logre una negociación exitosa, que permita crear la UTEC.  Después de mucho bracear el proyecto estará ahogándose en la orilla; debemos reconocer que fracasaremos todos y a la vez que la principal responsabilidad es del gobierno.  Será otro tema que, como los fuegos artificiales, hizo mucho ruido y aparecía muy vistoso, pero que no mostró ninguna potencia efectiva.

 

Otra batalla perdida, no la guerra

 

Sería una lástima que la UTEC no se creara en este período de gobierno porque es una idea valorada por el Presidente y con fuertes respaldos. Importante para los jóvenes y para las iniciativas productivas, especialmente para el interior y para aquellos sectores más dinámicos, que aportando muchos recursos no cuentan hoy con las personas calificadas que necesitan. Están perdiendo oportunidades empresas y potenciales trabajadores, perdemos todos.

 

Si a pesar de todo esto la  iniciativa fracasa, no debería abandonarse. Lo avanzado y lo aprendido debería ingresar a la agenda y a las propuestas para el próximo período. Uno de los aprendizajes es que en educación hay más acuerdos de los que parecen y otro que para llevar adelante iniciativas efectivas se requiere que los partidos mejoren su capacidad de negociación. Los acuerdos seguirán siendo necesarios, en un campo que son muchas más las capacidades de vetar que las de actuar.

 

*Master en Ciencias Sociales y Director del Departamento de Gestión y Políticas Educativas de la UCU.

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