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LOS NUEVOS DEBATES SOBRE EL TERRITORIO Y LOS RECURSOS Por Eduardo Gudynas

publicado a la‎(s)‎ 5 sept. 2011 7:07 por Semanario Voces
 

 

 

 

En países como Ecuador, Bolivia y Perú están en marcha cambios significativos en los contenidos de los debates políticos, donde la problemática del desarrollo cobra un claro protagonismo. El manejo del territorio o la inserción exportadora aparecen como cuestiones que debe atender la izquierda.

 

 

 

 

 

 

La administración del territorio, incluyendo cuestiones que van desde el manejo ambiental al reconocimiento de tradiciones culturales, aparece como uno de los problemas centrales para las izquierdas Latinoamericanas. Por cierto que hay muchas diferencias entre esos casos y lo que sucede en Uruguay, pero si se observa esas dinámicas con atención aparecerán varias enseñanzas.

 

Una carretera de la discordia

 

Comencemos por un caso boliviano. El gobierno de Evo Morales vive una creciente escalada de conflictos que pueden agruparse en dos tipos: unos son reclamos para recibir mayores compensaciones económicas o transferencias de dinero; los otros reflejan discrepancias sobre las estrategas de desarrollo.

 

Entre los segundos se encuentran los debates sobre el acceso a la tierra, el ordenamiento territorial, y la protección de ciertas áreas, sea por fines ecológicos como por ser el hogar de grupos indígenas. En las últimas semanas, el centro del debate está en el rechazo de grupos indígenas y ciudadanos al plan gubernamental de construir una carretera dentro de una gran área protegida y un territorio indígena. Esa ruta tendrá impactos muy negativos, pero está además asociada a otros procesos cuestionables, como la intención gubernamental de otorgar tierras de indígenas a campesinos y pequeños agricultores, o que toda esa obra será financiada por Brasil, construida por empresas brasileñas y funcional a las conexiones de transporte que ese país busca hacia el Océano Pacífico.

 

La polémica de fondo está centrada en cómo dirimir usos contrapuestos del territorio, como pueden ser los objetivos de protección ambiental, asegurar el hogar ancestral a grupos tradicionales, frente a la nueva intención de reconvertirlo a la producción intensiva para ligarlo a la globalización. La izquierda gobernante de Morales no cuenta con muchos escenarios o ideas para lidiar con ese tipo de debates conceptuales, y por lo tanto la protesta se intensificó.

 

Esto desembocó en el lanzamiento de una “Marcha por el Territorio y la Dignidad”  hacia la ciudad de La Paz. Este no es un hecho menor en Bolivia, ya que esas marchas están cargadas de profundos significados, en tanto en el pasado fue una herramienta de enfrentamiento a los gobiernos neoliberales. Frente a la movilización ciudadana, el gobierno de Evo Morales insiste en denunciarla y atacarla como una mera manifestación política opositora.

 

Minas y petróleo de la discordia

 

Entretanto, en Ecuador el gobierno de Rafael Correa lidia con un creciente debate sobre la explotación del petróleo en la Amazonia o el lanzamiento de la minería a gran escala. En este caso también hay discrepancias sobre cómo gestionar los recursos, pero a diferencia de Bolivia, existe una línea de reflexión más estructurada en cuestionar que la economía nacional se base esencialmente en las materias primas. A su vez, algunos actores gubernamentales miran con simpatía propuestas como la moratoria de explotación petrolera en la Amazonia.

 

El caso ecuatoriano es interesante ya que allí se ha diversificado un debate sobre la llamada “maldición de la abundancia” – la persistencia de economías extractivas, que exportan materias primas bajo una inserción global subordinada. Es cierto que el caso ecuatoriano es distinto del uruguayo, pero así como ellos exportan petróleo, nosotros vendemos porotos de soja, de donde las cuestiones conceptuales son similares.

 

Estrategias de desarrollo en disputa

 

Así como en el pasado era común decir que los gobiernos de izquierda sufrían una “disputa” interna, estos casos muestran una “disputa” de un nuevo tipo, debida a visiones crecientemente divergentes sobre las estrategias de desarrollo y el papel de los territorios y sus recursos.

 

Después de una primera serie de reformas, tanto el gobierno de Evo Morales como el de Rafael Correa, están derivando lentamente hacia posturas cada vez más prágmáticas, y por lo tanto conservadoras. Inicialmente aumentaron la presión tributaria y retomaron el control estatal en algunos sectores (especialmente hidrocarburos, pero no tanto en minería), pero la transnacionalización productiva persistió, y se suman nuevos problemas, como los conflictos por el acceso o la extranjerización de la tierra.

 

Esas tensiones fueron aplacadas apelando a medidas redistributivas, especialmente por medio de compensaciones económicas. Aquí es oportuno poner el ejemplo del nuevo gobierno de Ollanta Humala, en Perú, quien está dando ese tipo de pasos. Acaba de ganar una dura negociación para aplicar un impuesto a las sobreganancias de la minería y el petróleo, así como un mecanismo paralelo para que también paguen las empresas que tenían acuerdos de exoneración (similares a los que la presidencia Mujica otorgó a Montes del Plata). A diferencia de las alertas que se escuchan en Uruguay, el nuevo gravamen fue aceptado por el empresariado y ninguna transnacional anuncia que se retira del Perú. El progresismo peruano también es distinto, ya que varias de las personas al frente de estas cuestiones están generando escenarios y procesos de diálogo y negociación que permitirían lidiar con los conflictos, algo que en buena parte se ha perdido en Bolivia y Ecuador.

 

Asimismo, esos casos muestran que una redistribución solamente económica, y enfocada únicamente en compensaciones monetarias, sirve para solucionar los problemas sociales más agudos, pero no soluciona los problemas de fondo. Las contradicciones entre el desarrollo y las aspiraciones sociales vuelven a aparecer al poco tiempo.

 

Allí donde esos actores no encuentran lugares, pasan a formar agrupamientos de izquierda por fuera de los partidos o movimientos de gobierno. Eso está en sus inicios en Bolivia, mientras que en Ecuador ya se conformó una “Coordinadora plurinacional por la Unidad de las Izquierdas”.

 

De esta manera, un breve repaso entre nuestros vecinos muestra que el debate sobre el desarrollo está renaciendo en varios países, y que los movimientos sociales se están organizando para llevarlo adelante.

 

 

 

 

 

 

 

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