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incertidumbres y Certezas, la columna de Andrés Berterreche: Mala Leche

publicado a la‎(s)‎ 26 feb. 2015 11:52 por Semanario Voces   [ actualizado el 26 feb. 2015 11:56 ]






       

  

Cuando algún compañero me pidió que me ocupara de lo que estaba ocurriendo en Ecolat lo primero que hice fue estudiar la situación y nutrirme de la mayor información disponible.  Tratar de hablar con los actores: del Estado, de los trabajadores. Y de la empresa, si esto no fuera imposible, porque ni al Poder Ejecutivo por estos días los representantes de la misma le contestan las cartas que le mandan.

                Desde la venta de Lactería (empresa original) a Parmalat la cosa empezó a complicarse. Cuando la casa matriz de ésta se funde arrastra a su subsidiaria nacional. Después Campiani, el grupo venezolano y al final el grupo peruano Gloria.

                Hace un año, aquella empresa que hace algún tiempo le sacaba los remitentes más grandes a Conaprole, empezó a pagar cada vez menos el litro de leche a sus productores. La pérdida de remisión no se hizo sentir y aquellos más de 700 mil litros de leche que se enviaban a la planta en la primavera del 2013 no llegaban al comenzar el año a los 50 mil litros.

Evidentemente los recursos necesarios para el procesamiento de esa materia prima no se puede mantener constante, y el trabajo es parte de esa ecuación. Ahora bien, ¿es responsabilidad de los trabajadores la decisión de ir disminuyendo la cantidad de leche enviada a la planta?, ¿por qué una empresa juega “al achique” sin tener una planificación de sus costos operativos? Sólo podemos inferir una maniobra de desmantelamiento para el incumplimiento de sus obligaciones con el Estado y sus trabajadores.

Mientras los funcionarios de la planta advertían las ineficiencias que se daban, las autoridades eran omisas. En setiembre del año pasado se despiden 6 gerentes de la planta. Parecería que esta realidad se contradice con el paisaje de terror sindical que la empresa y sus difusores quieren hacer creer a la población como causa del cierre.

Mientras esto pasaba, el grupo francés Lactalis, negociaba la compra del grupo mexicano dueño en Uruguay de Indulacsa , así como del grupo Gloria, que es el propietario de Ecolat. En el segundo caso parecería que no se llegó a un acuerdo. Aunque la pérdida de la marca Parmalat por parte de Ecolat y la compra reciente de la casa matriz de esa marca por el mismo grupo francés deja enormes dudas. Como decía aquél sketch cómico: “usted, ¿no desconfiaría?”

Desde la prensa hegemónica se tiró con artillería gruesa haciendo aparecer el cierre como respuesta a la radicalidad del sindicato. Insistimos, los trabajadores no fueron la causa del cierre sino las víctimas del mismo.

En este marco quiero referirme a dos informes aparecidos el sábado 14 de febrero en El Observador. Este matutino le dedicó tres páginas de análisis al tema.  Con el título de “Los inversores también pueden irse” el analista muestra cierto grado de ilustración en el tema. Pero quiero marcar algunas aristas de controversia.

Dice el periodista: “tras una larga negociación que no llegó a un acuerdo”. . .  No llegó a un acuerdo porque mientras se estaba negociando la empresa entró a despedir trabajadores. Así es muy difícil llegar a un acuerdo.

Tampoco es correcto “que el gobierno le pide que no se vaya”, dejándolo en una posición poco menos que indigna. El Gobierno, para tratar de que las negociaciones siguieran y no se produjera el cierre definitivo, aceptó mayoritariamente las condiciones que pedía la empresa y se lo comunicó por escrito, comunicación que hasta el día que escribo este artículo la empresa no contestó de igual forma. Parecería no muy correcto que mientras un gobierno analiza una fórmula de acuerdo la contraparte comunique decisiones con comunicados en la prensa.

Pero además como correctamente menciona el columnista la empresa aduce el precio a la baja de los productos lácteos cuando se sabe que esto responde a una situación cíclica para lo cual las empresas del sector se preparan y actúan estratégicamente. Si cada vez que un producto baje de precio a nivel internacional las empresas van a cerrar poco podemos esperar de ese sector empresarial, que sería claramente oportunista.

Se equivoca cuando plantea que “los peruanos se encontraron con una masa salarial de 400 personas y muy poca leche para procesar”. Actuaron a favor de la disminución del recibo de leche cuando los trabajadores eran los mismos 400 cuando se remitían 10 veces más.  Que no los ponga por sorprendidos cuando son los causantes de esa reducción de leche, porque hasta donde yo sé no hubo a nivel nacional una merma de producción. Y si perdieron clientes en la remisión esto no es culpa ni tiene causa en los trabajadores. Y esto, Blasina, el autor, lo sabe.

Y quiero hacer acuerdo con el último párrafo del artículo, donde plantea la necesidad de diálogo de las partes. Al mismo tiempo y acordando la necesidad de los inversores extranjeros también creo que el Uruguay se merece una discusión sobre la calidad de los mismos.

Por último quiero referirme al otro artículo, que en dos páginas critica al Estado como agente de desarrollo. Creo que el sector privado cumple una función en el despliegue de las fuerzas productivas, pero también creo que el Estado es parte prioritaria en esa situación. Cuando prescindimos del mismo así nos fue.

Este segundo analista habla de Ecolat y de las presiones que aparecerán en seguros de paro y luego para que se haga algo más. . .  Si don Nelson Fernández sabe que es ese algo más que lo diga porque hasta ahora no hay otra solución. La autogestión en una empresa de este tipo no es una opción, ya que se depende no solo del trabajo, el capital, la tecnología. También se depende de la materia prima y esta tiene algunas características diferenciales. Para no alargar la explicación aquí sugiero le pregunte al Ingeniero Blasina que gustoso le explicará.

Pero se olvida el analista que el Estado ya estuvo presente. Y no con los trabajadores sino con la empresa.  Antes de escribir vale la pena estudiar de lo que se quiere escribir. Y ahí uno se puede enterar que en promoción de la inversión el Estado ya le dio al grupo Gloria miles de dólares en créditos por el IVA incluido en materiales y servicios de la obra civil, la exoneración del IRAE por un monto equivalente al 60 % de la inversión elegible del proyecto y la exoneración del Impuesto al Patrimonio por obras civiles y bienes muebles.

Y en definitiva, eso de que lo pague el gobierno, que lo cubra el Estado, que tanta vestidura hace rasgar, también cuenta para su matutino. Si no que le pregunte a Ricardo Peirano, su director de los 1092 cm2 de publicidad estatal (que me tomé el trabajo de medir) que ese ejemplar del sábado contiene. Que renuncien a ello. Si no, es pura hipocresía.


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