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MARINA ARISMENDI:“Los dioses del Olimpo no están más, ahora tenemos que pensar nosotros”

publicado a la‎(s)‎ 20 oct. 2012 11:26 por Semanario Voces
 

 

Me parecen interesantísimas todas las cosas que tira este libro a la discusión. Creo que tiene un enorme valor y es que existe y fue tocando etapas, momentos sobre los que hay muy poca cosa sistematizada, hay muy poca cosa escrita y mucha de la que hay, desde mi punto de vista, es tan cuidadosa que no dice nada; y que, en definitiva, es un paneo histórico, una enumeración de sucesos con algunas excepciones.

Voy a decir una cosa, que no sé si le voy a hacer o no un favor a él,  la de Fito es una mirada cariñosa, es una mirada de respeto a una historia y a momentos muy difíciles.

Eso me motiva para poder decir algunas cosas que quería plantear. Señalaba que es un buen libro, es bueno que exista, hay que leerlo. Podemos discrepar o no con muchas cosas de las que señala.

Eso es bueno, porque invita a pensar, invita a intercambiar opiniones. Es un libro bueno para los que son jóvenes, para los que se arriman por primera vez y también llena un vacío de análisis propio. Nosotros, los comunistas, hemos hecho muy poco análisis en profundidad, muy poco detenimiento en cada uno de los momentos. Explicaciones hay muchas, pero el hecho concreto es que no lo hicimos.

Voy a tomar las tres cosas que Fito analiza como tres ejes. El señala lo internacional y lo nacional en esa articulación y habla de los pro y los contra que tuvo y que tiene para nosotros, los comunistas, el internacionalismo. Se refiere, muy estrictamente, al tema de la Unión Soviética y a todo lo que significó desde el nacimiento del partido y las 21 condiciones en adelante, a las posturas que el Partido fue teniendo en distintas épocas y ese vínculo con el PCUS y cómo fuimos avanzando y redescubriendo la concepción de nación que en muchos casos señala él, también tiene que ver con una orientación que surgía del Movimiento Comunista Internacional.

Los pro y los contra del internacionalismo, todos los días estábamos manifestando por algo porque la educación internacionalista tenía que ver con la defensa de la Unión Soviética sí,  pero manifestábamos por Cuba, por Vietnam, por Santo Domingo, por Haití. Salíamos todos los días. En realidad, era salimos y decime por qué país. Eso nos formó en el sentido de que allí donde hay uno sufriendo, es mi compañero.

En el tema del vínculo entre teoría y práctica, Fito sostiene que la teoría al ser elaborada con una concepción de la cientificidad del marxismo leninismo, eso como que nos encorseta, que no nos permite la adecuación a los distintos momentos que van surgiendo. Algo que los compañeros del Partido están hartos de escucharme decir, pero que lo voy a decir acá, es cuando Arismendi plantea que la revolución cubana es un escándalo teórico porque supuestamente rompe con todo lo que tendría que tener una revolución para ser una revolución que va hacia el socialismo. No dice, porque en ese momento generaba otros problemas  en el Movimiento Comunista, que la revolución de octubre fue un escándalo teórico. El primer escándalo teórico fue la revolución de octubre, que tampoco tiene que ver con aquella cosa de que en todos los países, simultáneamente y en el lugar más desarrollado. Ahí se desarrolla el tema del eslabón más débil, etc. Actuamos en la historia con incertidumbres, porque en ningún lado teníamos escrito que en América latina, iba a surgir la revolución cubana con el proceso que tuvo u otras cosas.                                    

Algunos compañeros me escucharon cuando dije: “Y Arismendi ¿qué dijo de la descentralización municipal?… no dijo nada, se murió antes”. En realidad, dijo mucho. Dijo mucho desde el punto de vista de la teoría general de la participación, o podría decir: “Todo el poder a los soviets y de ahí, llegar a la descentralización municipal”, cosa que a la intendenta le gustaría mucho, pero no lo voy a hacer.

Hay una unidad que genera problemas de la diversidad. Fito plantea que para nosotros esa diversidad de opiniones, ese convivir con diversas opiniones o corrientes de opinión, nos resulta absolutamente difícil por esa necesidad de que se asume como correcta la orientación y, por lo tanto, la discrepancia no puede florecer. No comparto que después del 92, después del estallido de la crisis (porque la crisis no empieza ni en el 92 ni en el 90), ese apego a “la escuela arismendiana”, como dice Fito, nos restringe la flexibilidad porque él lo hace vinculado al Encuentro Progresista. Los problemas que sí tuvimos como partido, en el Congreso del Frente con nuestros propios compañeros antes, durante y después del congreso para hacer entender el tema del Encuentro Progresista, más allá de que teníamos muy bien escrito que decía “El gobierno del Frente Amplio y sus posibles alianzas”.

Quiero hablar de la fe. A mí, la fe es una cosa que me molesta terriblemente y me molesta que me lo digan. Me planteaba lo siguiente, previo a y durante la dictadura, los comunistas estábamos dispuestos a morir por otros, a morir por la causa, a morir por el otro compañero que quizás yo no conocía pero que si yo hablaba seguramente lo iban a ir a buscar. Si a eso, a esa convicción, a esa certeza de que teníamos que actuar de esa manera, esa entrega que existía, le quieren llamar fe… entonces sí. En debates posteriores, después del 92, después de instalada la reconstrucción del Partido, en discusiones muy duras, decíamos a los compañeros: “¿Tú estás dispuesto a morir por mí?”. Porque está bien, podemos discutir pero esa cosa que teníamos de ver pasar a otro comunista, -no sé cómo se llamaba o qué opinaba-, pero uno sentía que era un poco como decía la canción: “camarada me dicen, y yo saludo”.

Todo ese conjunto de vivencias marcan la diferencia, porque si en la gran discusión política por la cual pasamos, en la que se plantea poner todo en discusión menos el nombre, como se nos planteó como partido (y además, en lo que me es personal, el nombre es lo que menos me importaba), realmente eso pone en juego toda las otras cosas. Pone en juego los afectos, pone en juego la vida misma de la persona, en la entrega, hasta dónde está dispuesta a llegar por esto.

Es importante señalar que la crisis del Partido Comunista del Uruguay, era necesario que se diera, pero no en la forma en que se dio. Nosotros somos una curiosidad histórica. Porque de todos los partidos del mundo, excepto con menor número el Partido Comunista de Grecia, fuimos el único partido que se quedó sin dirección, que quedó descabezado porque nosotros éramos unos impresentables que agarramos la bandera y dijimos: “¿Qué hacemos con esto?”. Había tantas concepciones por las cuales la gente se quedaba, como había miles de razones por las cuales la gente se iba.

Acá hay un problema metodológico de fondo. No se renueva nada a cachetazos. Acá el tema de la política, el tema que plantea Fito al final del libro, que está vinculado al tema de los liderazgos -que me he planteado muchas veces, pero desde otro ángulo-, es decir, si el rumbo de una organización política máxime una como el Partido Comunista, depende del liderazgo, estamos fritos. Esta es mi opinión personal.

El papel de la personalidad en la historia y todo eso que hubiera sido distinto si Arismendi no se hubiera muerto… sí claro, sin duda. No sé cómo hubiera sido, porque muchas veces conversamos y yo he dicho que no quiero que los muertos digan cosas que no tienen la posibilidad de defenderse, no quiero hacerles decir cosas.
Que hubiera sido diferente, sí pero aquella dirección con aquel peso, se olvidó de que lo que teníamos que hacer era discutir, analizar y como decía un compañero: “Antes de romper todo en pedazos, tenemos que saber qué hacemos con los pedazos”. 

Sin embargo, si ustedes miran los partidos comunistas de América latina, (miremos Venezuela, miremos Brasil, miremos Argentina, miremos Chile…)  fueron anteriores al derrumbe, derrota o como quieran llamarle, donde hubo razones exógenas y endógenas, pero fueron anteriores. Por lo tanto, la respuesta fácil, que nos hubiera facilitado la vida enormemente en estos 20 años, quiero decir que acá lo que pasa es que algunos compañeros sostenían que acá un día se levantaron unos malos y se encaramaron en la dirección del Partido y resolvieron que vamos a disolverlo.

¿En todo el mundo, un día se encaramaron y se levantaron? Eso se da de patadas con nuestra concepción teórica y por lo tanto, el análisis de profundidad de porqué y cómo nos lo debemos, por muchas razones. También tiene que ver con que cada cosa que tocábamos, sangraba.

No voy a justificar pero digo, era sobre las heridas sangrantes tener que tratar de analizar, estudiar, profundizar y elaborar para el futuro. Teníamos… nosotros decíamos: “un solo partido”. Estuvo bien planteado, había que plantearlo, había que trabajar para eso… no sé si era posible.

Si lo más traumático que nos pasó como seres humanos, como uruguayos, como frenteamplistas, como comunistas, como familia, como personas, que fue la dictadura y que la vivimos todos, de manera distinta… estaba bien plantear que había que conjugar todo eso en lo que se dio en llamar la reconversión. No sé si se hubiera hecho de otra manera, hubiera resultado. El hecho concreto es que no resultó porque hasta el día de hoy, con un nuevo elemento de reconversión que es todos lo que se afiliaron después del 92, que son la enorme mayoría. No vienen de antes y no tienen memoria,  la mayoría no la tienen.

Un compañero del comité central postcrisis decía, “Está bien que ustedes discutan sobre la reconversión y la Unión Soviética, pero como yo nací cuando todo el mundo se iba, en realidad, no me interesa demasiado. A mí me interesa ver qué vamos a hacer como partido”. Una cosa que queda muy fea en el libro en mi boca, que mi amiga Ana testimonia que lo dije (y lo dije, pero queda feo como está): “Los dioses del Olimpo no están más, ahora tenemos que pensar nosotros”, y queda como en desmedro de los anteriores, no, no. Estaba dicho y sigue estando dicho en el sentido de que arriba de nosotros para pensar, elaborar y decirnos lo que tenemos que hacer, no tenemos a nadie. Por lo tanto, o elaboramos o estamos fritos.

Hoy la realidad está sedienta de pensamientos. Está sedienta de elaborar y sistematizar lo que hemos hecho. Cómo fuimos capaces de que esa realidad como es la Central única de trabajadores, esa realidad maravillosa que se llama Frente Amplio, el haber accedido al gobierno en la forma como llegamos, el haber empezado transformaciones profundas, como las que empezamos . ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es lo que nos planteamos para dentro de 10, 15 o 30 años?

De una cosa estoy absolutamente convencida, y creo que el libro da cuenta, sin decirlo de esa forma, a través incluso de nuestros testimonios, da cuenta de que si no hay una participación real, y no simulacro de participación. Debate real y sistemático permanente. Que signifique ir mirando lo que hicimos, qué resultado dio, cómo funciona y hacia dónde se dirige ese proceso en el cual incidimos. Esa historia, esas incertidumbres en las cuales incidimos.¿Hacia dónde vamos caminando?

Muchas veces en estos años de gobierno, y con muchos compañeros y compañeras de distintos sectores del Frente, hemos dicho: “Así se cayó la Unión Soviética”. Si es así que vamos a hacer esto en el gobierno, “así se cayó la Unión Soviética”. Sé que algunos compañeros dijeron en su momento: “Esta no es mi mochila, esta es la mochila de los comunistas”.

Como comunista digo: si realmente no hacemos un análisis en profundidad, no funciona. Si no nos convencemos que la sociedad organizada participe, elabore y se equivoque que, como decía un amigo (que muchas veces digo que tiene razón, porque está de acuerdo conmigo): “Equivocarse puede querer decir que yo no tengo razón”, no me gusta no tener razón, pero la tengo que bancar porque la experiencia propia, es intransferible. Esa experiencia de participación, de gobernar, de elaborar, de discutir, de proponer, de sacar conclusiones… todo eso creo que nos plantea un desafío muy grande en este momento, hoy, a esta altura del momento en que estamos.

Esas organizaciones que nos obligaron a vivir como es la Central, como son los sindicatos… nos obligaron a vivir, a seguir vivos, a seguir ocupando un papel que no teníamos ni el tamaño, ni el peso, ni la capacidad de asumir, pero que nos la reclamaban. Recuerdo al general Seregni, cuando me decía: “Bueno, compañera Marina para el día tal, tantos compañeros en el acto tal”, y yo le respondía que en ese momento no teníamos. Para poner una anécdota menor. La construcción de relevos, por eso para mí el tema del papel de los liderazgos es un tema de hoy. El papel de la personalidad en la historia es un gran tema que no le hemos hincado el diente de verdad. De verdad plantearse (y hoy yo me lo planteo) si de verdad depende de tal persona que tal organización -en este caso, el Partido Comunista-, avance, se desarrolle y todo… entonces, hay algo que está mal, hay algo que está equivocado o por lo menos, se da de patadas con nuestra concepción teórica.

Lo último que quiero decir es que sin la convicción y sin entender que hay una causa por la cual pelear, que es la causa del pueblo, del nuestro y el de todos. Sin esa convicción y sin ese sentido de la vida, es muy difícil que podamos construir una transformación real. Eso es un tesoro que debemos cuidar, que debemos proteger y que no permitamos que, como decía hace unos días una persona amiga, “nos desazonemos”. Porque, en realidad, lo que tendríamos que hacer -y en esto el libro de Fito creo que nos ayuda, nos desafía y nos provoca-. A mí me provoca escribir una cantidad de cosas, me provoca contestarle otras, me provoca decir porqué diablos no hacemos esto o lo otro o capaz que alguien lo hace porque tiene que ver con la convicción, que sigo teniendo, que el sentido que tiene la vida, el sentido para cada uno de nosotros (eso lo aprendí en el Partido), es cambiar el mundo, es cambiar la sociedad, es trabajar para todos y para todas pero con todos y con todas. En eso aprendimos mucho en todo lo que nos pasó. Muchas gracias. 

 

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