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MITRIONE Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 10 ago. 2012 6:41 por Semanario Voces
 

 

Su historia es bien conocida en Uruguay. Hasta para los que sólo retienen los titulares, Mitrione vino a este país para instruir a la Policía en el arte de torturar. El 31 de julio de 1970, el MLN-T lo secuestró, y desde ese día Daniel Anthony Mitrione salió de la vida discreta en que suelen moverse los personajes dedicados a ese tipo de tareas. Pero a pesar de su experiencia, Mitrione cometió un error de valoración que, a la postre, lo acabaría matando. En esta semana se cumplen 42 años de su secuestro y posterior ejecución a manos de la guerrilla tupamara.

Lamentablemente, por el mundo circulan demasiados personajes como Mitrione, fingiendo ser lo que no son, amparados por una más que dudosa legalidad formal, siempre a la sombra de gobiernos que cubren su incapacidad con prácticas inconstitucionales. El gobierno de Pacheco Areco estaba amparado por la legalidad, había sucedido a un presidente electo por la ciudadanía, pero es como la letra chica de los contratos. Quien votó a Gestido también votó a su vicepresidente: Jorge Pacheco Areco, un personaje muy secundario en la vida política del Uruguay. Abogado inconcluso, profesor de literatura sin convicción, periodista renunciado, boxeador vocacional, hizo lo que le salió de adentro: gobernar con mano dura, ocupar la casona de Suárez y Reyes, a la que le construyó un muro de protección y almenas, y desde allí gobernó con pocas palabras y actitudes recias. Mitrione llegó a Uruguay en 1969, con la finalidad de instruir a la policía de un gobierno autoritario. Pero antes que él ya el gobierno cubano había colocado a uno de sus hombres en la Policía de Montevideo: Manuel Hevia Cosculluela. El gobierno cubano le informó al MLN lo que sabía de Mitrione, y lo sabía muy bien porque Hevia Cosculluela se había transformado en la mano derecha del agente de la CIA en Montevideo, y más que eso, en un amigo a quien confió buena parte de sus experiencias. Un hombre con la baqueta de Mitrione había confiado en un cubano, eso fue un trabajo bien hecho. Hevia Cosculluela lo va a contar con lujo de detalles en su libro: “Pasaporte 11333: Ocho años con la CIA”.

Cuando Mitrione fue secuestrado por los Tupamaros, Hevia Cosculluela ya había regresado a Cuba, pero en su lugar había quedado otro agente de la Seguridad de Cuba, según relata en su libro autobiográfico: “En el propio Uruguay contactaría a otro agente de la Seguridad cubana, quien también había sido reclutado por la CIA para hacer espionaje en ese país”. ¿Quién quedó en el lugar de Hevia Cosculluela? ¿También, como Hevia, tuvo que ganarse la confianza de la CIA haciendo el trabajo sucio del repugnante trabajo que tenía Mitrione en Montevideo? Durante las clases se le dio muerte a varios marginales que Hevia y otro ayudante recogían de la calle. El cubano da detalles de esos interrogatorios, pero sólo comenta por arriba los que llevaron a cabo con presos reales, que según Hevia fueron más duros que los que practicaron a los que acabaron muertos. ¿Qué hacían aquí un yanqui y un cubano, torturando gente hasta la muerte? ¿Qué tenía que ver Uruguay con la seguridad interna de Cuba para que sus agentes se comportaran como si estuviesen en su propia casa? Lo de la CIA no es novedad, pero que Cuba intervenga de esa manera en los asuntos internos de un país independiente merecería una explicación más seria.

En realidad, no hay otro país latinoamericano que haya violado la legalidad internacional como Cuba. Con la parte de la historia reconocida como oficial alcanza para abarcar la dimensión de semejante injerencia, porque el gobierno cubano se ha encargado de promocionar sus incursiones por el mundo haciendo gala de una supuesta campaña a favor de los pueblos oprimidos. Ha utilizado documentos falsificados de casi todos los países, ha intervenido militarmente con tropas en África, Asia y América Latina, ha infiltrado con sus agentes a gobiernos e instituciones públicas y privadas, ha participado en asesinatos como la muerte de esas personas que mataron en los cursos de tortura que Mitrione organizaba, ha abusado de la confianza de gobiernos como el de Salvador Allende, entre tantas incursiones a lo largo y ancho del mundo.

Entre las tantas andanzas que revela Jorge Masetti, hijo del fundador de Prensa Latina, agente de la Seguridad, está la sociedad entre el gobierno de Cuba y el M-19 de Colombia. Cuba ponía los billetes de un dólar y los colombianos la falsificación, luego se repartían los billetes falsos en cantidades iguales. Éstos tenían la tecnología para estampar nuevamente sobre el papel original billetes de cien dólares. Masetti los llevaba a través de Panamá y entraba en Colombia por una red clandestina en la costa caribeña.

La injerencia de Cuba en Bolivia es historia muy conocida, aun violando la opinión contraria del Partido Comunista de Bolivia el gobierno de Cuba le instaló una guerrilla en su territorio, con tropas y altos dirigentes del Partido Comunista y del gobierno de Cuba. La célebre Tamara Bunke (Tania en la guerrilla del Che) fue enviada a Bolivia con la misión de infiltrarse en el gobierno hasta que llegase el momento de actuar. A su vez, dependía operacionalmente, de otro agente cubano estacionado en Brasil. ¿No es, precisamente, el tipo de prácticas que el gobierno cubano denuncia del imperialismo un día sí y otro también? ¿Por qué sea práctica corriente en un país con vocación colonialista también tiene que serlo para un país que se siente agredido?

Pero si hubo un acto indigno de todo punto de vista fue la guerra del Ogaden, entre Etiopía y Somalia, en los años 1977 y 1978. En medio de la guerra fría, y de la influencia soviética en la zona, se desató una guerra entre los dos países, cuyas tropas habían sido entrenadas por soviéticos y cubanos. Las fuerzas Etíopes fueron dirigidas por el general cubano Arnaldo Ochoa y como segundo, el general soviético Vasily Ivanovich. La tragedia fue de tal magnitud que buena parte de la Fuerza Aérea Somalí se negó a pelear contra sus ex compañeros etíopes en las escuelas militares soviética y cubana. Una guerra absolutamente tercermundista, en la que intervinieron 18000 cubanos, con un altísimo costo en vidas humanas. Una guerra que cubanos y soviéticos podían haber solucionado por vía pacífica debido a la influencia que los dos tenían tanto sobre Etiopía como sobre Somalia.

Al cumplirse cuarenta y dos años de la muerte del asesor de la Policía de Montevideo, el agente de la CIA Dan Mitrione, es bueno recordar los entretelones de su actividad en Uruguay. De no haber sido por la Seguridad del Estado de Cuba quizás no hubiera tomado estado público el trabajo de Mitrione en nuestro país. Del mismo modo, al conocer lo que hacía en Montevideo nos enteramos, también, lo que hacía Manuel Hevia Cosculluela, y por su relato lo que hacía el gobierno de Cuba en nuestro país. Cero ética. Si la misión del norteamericano aquí era repugnante, la de Hevia Cosculluela  no lo era menos.

Desprovisto del discurso con que se suele justificar este tipo de actividades sólo queda el asco, y la frustrante revelación que las buenas causas tienen enemigos visibles e identificados, pero, también, tienen otros enemigos que apelando a la solidaridad de gente sensible y generosa buscan llevar agua a su molino con el único fin de perpetuarse en el poder.

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