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MUJERES Y HOMBRES Por Isabel Viana

publicado a la‎(s)‎ 9 mar. 2012 2:56 por Semanario Voces
 

 

La raza humana vivió por milenios en una estructura social caracterizada por reparto de las tareas necesarias a la supervivencia de la especie con la base de capitalizar aptitudes naturales. Las mujeres se hacían cargo de la reproducción de la vida (embarazo, parto, cuidado y educación de infantes, acopio y preparación de alimentos). Los hombres cazaban y asumían tareas de defensa frente a posibles agresores externos al grupo. En esa sociedad hubo tareas compartidas como la recolección (madera para el fuego, frutos, semillas) Los niños y jóvenes se incorporaban rápidamente a las tareas del grupo. Los (escasos) viejos de ambos sexos eran fuentes de sabiduría, consultados y respetados. No había dominación ni segregación entre los sexos. Hay grupos humanos que aún viven en ese estadio civilizatorio (vi aldeas funcionando así en Tanzania y en la Amazonia) 

La evolución de la humanidad en los últimos milenios y la ocupación de espacios intrínsecamente diferentes en el planeta, marcaron diversidad de situaciones dentro del modelo. Cleopatra, Aspasia, Juana de Arco, Catalina de Rusia, Victoria e Isabel I de Inglaterra, George Sand, Florence Nigthingale, Tsu Hsi, Marie Curie, Eva Duarte, Golda Meir, Margaret Thatcher, Angela Merkel,  y tantas otras han marcado roles femeninos en el mundo de lo colectivo.

Esas presencias, osadas y excepcionales todas ellas, no disimulan la consolidación de una sociedad patriarcal, en la que se presupuso el ejercicio del poder (político, económico, social) por los hombres. La mujer ni siquiera tuvo derecho a conservar su propio nombre de familia en los países angloparlantes y en los del mundo latino pasó a ser reconocida como“de” su marido. La condición de la mujer varía con las diferentes vertientes culturales del mundo contemporáneo. Sin embargo, la tendencia general es de una reciente y creciente admisión de su condición ciudadana, obtenida a través de difíciles enfrentamientos en ámbitos públicos y privados.

La supremacía absoluta de la masculinidad en materia del ejercicio del poder sobrevive actualmente bajo la forma de fuertes pautas de conducta, instituciones y valoraciones que suceden en lo social y en lo familiar. Esos resabios culturales, consideran incapaz a la mujer e instrumentan su tutoría masculina en la mayoría de los campos de socialización. En muchos casos puede asimilarse su situación a la esclavitud de hecho.

 

En los ámbitos de la cultura occidental, la mujer ha logrado hoy su reconocimiento como persona en pie de igualdad política. Se han dado muchos cambios en el ámbito doméstico. La reducción de la familia extendida a la familia nuclear, la institucionalización de infantes y ancianos, la asunción por parte del estado de tareas antes inherentes al ámbito doméstico (educación, salud) y la existencia de empresas proveedoras de servicios(alimentos semi o totalmente preparados, lavaderos, etc.), han reducido las horas a dedicar al trabajo del hogar.

En Uruguay, hay más mujeres que hombres, tendencia que se ha incrementado en el tiempo. Las mujeres tienen mejor formación: en los últimos 50 años ha crecido en forma sostenida el número de las que estudian, tanto en nivel  secundario como universitario.

Las mujeres producen… pero mayormente fuera de la economía formal y reconocida. El número de mujeres catalogadas como “activas” es casi un 25% menor que el de hombres que reportan actividad económica. La proporción es mayor aún para las jóvenes. Conseguir trabajo de responsabilidad es difícil para mujeres en edad reproductiva. La remuneración de las mujeres es, a igual trabajo, un 10% inferior que la de los hombres.

Hoy la posición y roles ciudadanos de las mujeres se establece en relación a lo que producen. “Valen” poco como trabajadoras: en las organizaciones públicas y privadas se asume que su aporte será irregular porque comparten su tiempo con tareas domésticas insoslayables, que, por otra parte carecen de “valor” socialmente reconocido por ser tareas voluntarias y gratuitas.

 

“… la recomendación internacional es considerar ocupado a quien trabajó al menos una hora en la semana anterior. … el trabajo voluntario no remunerado no se considera… actividad económica  (INE – Amarante, 2009)

 

Las mujeres suelen llevar a cabo, voluntariamente, todas las tareas generadas en la vida de la familia. Ese es el producto esencial y no medido con que contribuyen a nuestra sociedad. Su aporte resulta imprescindible para asegurar la subsistencia de los grupos familiares, pero no es una “actividad económica” ni se remunera.

 

Podemos, sin embargo, establecer el “valor” de su trabajo, suponiendo que se paga a terceras personas para que sea realizado. Imagine el lector el número de horas  efectivamente trabajadas en cada domicilio y el precio que debiera pagarse por ellas. Si trabaja esas horas una persona contratada, pasa a ser una persona “activa” y se la valida como “trabajadora”, empleadas domésticas, con derecho a salario y a descanso diario, semanal, anual. Son 7,7% del total de ocupados y, en esa ocupación, el 99.2% son mujeres. 

 

Las “domésticas” son sólo una pequeña fracción de las mujeres que trabajan todos los días del año, sin límites de horario diario, semanal ni anual, haciéndose cargo de las tareas en su núcleo de convivencia. El orden y la higiene del hogar, la atención de los niños y adultos mayores en las horas que están fuera de instituciones siguen siendo competencia de las mujeres, aunque cumplan tareas asalariadas fuera del hogar.

 

En Uruguay la mujer activa en trabajos formales ganó, desde principios del SXX, protección creciente del Estado. Muchas de las normas entonces votadas se incumplen, como la hoy ignorada “ley de la silla”. Desde 1913 las uruguayas pueden divorciarse por decisión unilateral y sin expresión de causa.

 

De la consecución de esos logros fueron protagonistas mujeres que asumieron la responsabilidad del ejercicio de sus derechos y vocaciones en mundos hasta entonces  masculinos, como Paulina Luisi  (primera médica – 1908), sus hermanas Clotilde (primera abogada) y Luisa (educadora, periodista, poetisa) Con ellas estuvieron María Abella (de Ramírez), Francisca Beretervide, o mi abuela, Fanny Carrió (de Polleri) y muchas otras.

Ellas integraron diversos movimientos reivindicando los derechos civiles y ciudadanos de las mujeres, entre ellos, el movimiento sufragista, (1910) y el Consejo Nacional de Mujeres (1916). Lograron que se abrieran oficios (como la linotipia) y profesiones (escribanía y procuraduría) bloqueados para las mujeres, el uso de ascensores y sillas para las empleadas de las tiendas, la construcción en las facultades de servicios higiénicos para uso femenino y la posibilidad de ocupar empleos públicos.

 

La Constitución de 1830 negaba a la mujer la ciudadanía y por tanto el derecho a voto. Tras casi veinte años de lucha sostenida, en 1932 las mujeres obtuvieron ese derecho. Fue el segundo país en la región en reconocer la condición ciudadana a sus mujeres. Recién en 1943 se incorporaron mujeres al Parlamento y sólo en 1968 una mujer ocupó una cartera ministerial, sólo por un mes. Al 2009 se eligieron 4 senadoras y 14 diputadas, 13,8% de los miembros del Legislativo:

 

En vez de los galardones de equidad de ganados hace un siglo, hoy somos el país con el más alto número de muertes por violencia doméstica en la región: en el 2011 ocurrieron  32 asesinatos de mujeres en su hogar. La cifra no incluye a las incontables mujeres golpeadas y sometidas a múltiples formas de violencia cotidiana.

 

La lucha por cambios sigue hoy y debe enfrentar obstáculos impensables: Como ejemplo es suficiente lo sucedido con la imprescindible Ley de Salud  Sexual y Reproductiva, aprobada después de varias legislaturas y vetada unilateralmente en el 2008  por el Dr. Vázquez,  presidente de izquierda. Las estructuras de poder resisten los cambios que modifiquen el status quo de dominación – sometimiento.

 

¿Cuáles son los lugares para seguir conquistando igualdad en el reconocimiento de las diferencias? ¡Todos y cada día! Es un tema de cultura, pasa por la educación de nuestras hijas e hijos, por la educación pública, por el reclamo de igual salario para igual trabajo, porque cada una pueda exigir respeto y solidaridad en el ámbito doméstico, por obtener que la sociedad pene sin vacilar a los golpeadores o asesinos. Los que representan constitucionalmente a la comunidad, tienen la doble responsabilidad de ser sensibles a la situación de más de la mitad de la población y de evaluar su actitud como seres humanos para ser protagonistas éticos de cambios impostergables.

 

POBLACIÓN

2011

2004

Población total del país

3.251.526

3.337.000

Mujeres

1.690.290

1.718.000

Hombres

1.561.236

1.619.000

% de mujeres s/ población total

51.98%

51.48%

% mujeres mayores de 60 años

 

58%

Esperanza de vida – mujeres

 

79,5 años

Esperanza de vida - hombres

 

71,6 años

 

 

Educación

Secundaria completa (13 añ0s) 13,7% de los hombres

 18,2% de las mujeres

 

Universitaria

 

 

 

 

 

 

Empleo

TASA DE ACTIVIDAD

2011

2006

Mujeres

54,8%

 

Hombres

72,6%

 

TASA DE DESMPLEO

 

 

Mujeres jóvenes

 

31,5%

Hombres jóvenes

 

18,9%

 

 

Remuneración – Ocupación principal

 

2010

Mujeres

90,3%

Hombres

100%

 

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