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Mujica, Caumont, el Mercosur y los Chicago Boys Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 19 jul. 2012 10:01 por Semanario Voces
 

En declaraciones realizadas a comienzos de este mes, el Presidente Mujica expresó que “el Mercosur nace en un marco jurídico y conceptual creado en la década del 90 con predominio neoliberal, basta con citar los presidentes que estaban en aquella oportunidad: Menem, Wasmosy, Collor de Mello y Lacalle. En pleno auge de los tiempos de los Chicago Boys. Pasaron muchos años y nos venimos quejando de que no cumplimos los acuerdos y reglamentos de aquella época, pero no nos detenemos a pensar que no los cumplimos porque no se puede. Porque el derecho debe adaptarse a la vida y no la vida al derecho”. Fundamentó que se debe modificar el Mercosur, “porque nació en pleno neoliberalismo y porque no representa todos los cambios que tuvimos en 20 años”.

Antes de entrar en el tema del que me quiero ocupar, que es la referencia a los Chicago Boys y al neoliberalismo, voy a referirme al aspecto conceptualmente central de las palabras del Presidente. Básicamente su argumento consiste en que el acuerdo del Mercosur se ha vuelto obsoleto, que no se ha adaptado a la realidad, que ha quedado fuera de contexto y que por lo tanto no es cumplible y debe ser actualizado. Se equivoca el Presidente. El problema que existe con el Mercosur es que no se lo ha cumplido. El Mercosur inicialmente anduvo muy bien, mientras fue bajando el arancel externo común (AEC) y mientras fueron cayendo de las listas de excepciones al arancel cero entre los socios, numerosos bienes que cada país se reservó inicialmente (y Uruguay, vergonzantemente, fue el que más cantidad incluyó en su lista).

Pero a esos pasos iniciales del Mercosur, debieron seguir otros, propios de su naturaleza, y que nunca se dieron: nuevas reducciones en el AEC hasta llevarlo a un nivel aceptable en términos de bienestar económico (como el que llegó a tener el Chile de la Concertación) y la eliminación total a las barreras comerciales entre los socios. Es más, a cierta altura de los acontecimientos (ya desde 1995) se dieron enormes pasos en el sentido opuesto al que debieron realizarse, con progresivos cierres de las economías, lo que llegó al extremo recientemente con el desconocimiento liso y llano por parte de Argentina del acuerdo (introducción de trabas a nuestras exportaciones y a las de los restantes miembros del acuerdo) y con el aumento del AEC en los países mayores del bloque.

Así que el Mercosur no quedó obsoleto como instrumento, como señala el Presidente, sino que fue pésimamente administrado por sus instrumentistas desde poco tiempo después de nacer. Hasta el punto en que estamos hoy, en que su diseño más que obsoleto es absurdo y ha perdido toda sustancia en materia comercial. Este Mercosur ciertamente no nos sirve y no nos servirá, porque para que nos sirviera deberían pasar cosas distintas a las que piensa el Presidente y a las que hacen sus colegas: debería retomarse su esencia inicial y volverlo una fuente de creación genuina de comercio y no de desvío de comercio e intercambio de privilegios e ineficiencias.

Pero vayamos ahora al tema del que me quiero ocupar aquí y ahora, a la equivocada referencia de Mujica a los Chicago Boys y al neoliberalismo. Y quiero aludir en este punto a la carta publicada el jueves 5 de julio, el día siguiente al que se conocieron las referidas declaraciones de Mujica, por el economista Jorge Caumont en Búsqueda. Una carta valiente, justa y justificada, por parte de un economista que se define como liberal, sin prefijo, y que estudió y se graduó en la Universidad de Chicago.

Quiero aclarar algo antes, por las dudas: yo no soy un “Chicago Boy”, nunca estudié en esa prestigiosa Universidad (cuyo Departamento de Economía, como recuerda Caumont en su carta, es el “que tiene el mayor número de académicos con el Nóbel de Economía”) y sólo lo hice en la pública de nuestro país, en tiempos en los que no había alternativas. Fui alumno, en esta Universidad, de Caumont y de otros destacados profesores que estudiaron en diversas universidades del mundo y también de otros docentes cuyos méritos estaban en otros lados.

Pero sin ser un Chicago Boy, comparto la mayor parte de lo que Caumont refiere en su carta abierta al Presidente, cuando describe las políticas que caracterizan a los liberales. Ciertamente no lo comparto todo, a tapas cerradas, y en algunos aspectos discrepo, pero coincido con la mayoría de sus dichos y, sin dudas, con su filosofía. No comparto, en particular, la caricatura que muchas veces se hace de las políticas liberales y a la que algunos liberales contribuyen con su frivolidad.

En el caso del Mercosur, es correcto lo que expresa Caumont: los economistas liberales se opusieron al Mercosur desde un principio por considerarlo un instrumento ineficiente, más propio de una economía cerrada (aunque a escala regional, no nacional, como la política de sustitución de importaciones de mitad del siglo XX) que un verdadero instrumento de apertura, que es lo óptimo para una economía pequeña. Y con el paso del tiempo, lamentablemente no se equivocaron, porque como expresé al inicio de esta nota, el Mercosur nunca avanzó como debería haberlo hecho para que nos sirviera.

Dice Caumont que la posición de los Chicago Boys consiste en que “un país pequeño debe tener como socio comercial no a una región por más cerca que se encuentre sino al mundo. El mundo es el área óptima de comercio y no un área (…) en donde proliferan los mercados negros cambiarios, los intervencionismos estatales y la corrupción (…). Los gobiernos socialistas de Chile han reparado en los beneficios de una apertura comercial profunda aún perteneciendo al Mercosur, desde que las barreras arancelarias se abatieron por instancia de los Chicago Boys (…)”.

Cuando se concretó el Mercosur yo era Subsecretario del MEF y el proyecto no me gustaba y en su momento esto fue público y notorio. Quien me convenció de que era preferible entrar a pesar de todo, fue el entonces presidente de la CIU, Pedro Baridón, quien me hizo ver que el acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil se daría de todos modos y entonces nos remplazarían recíprocamente en las ventajas de los acuerdos bilaterales que entonces tenía Uruguay con ellos, el Cauce y el Pec, respectivamente.

Si no entrábamos, perderíamos lo que ya teníamos. Si entrábamos, se extendería aquel estatus a todo el universo arancelario. El proyecto implicaba una progresiva reducción del AEC y de las barreras internas al bloque, que con el tiempo lo volvería más eficiente. Pero esto no se dio y llegamos al fiasco que tenemos hoy, sin salida a la vista con los actuales liderazgos en el bloque.

En definitiva, al hablar sobre el Mercosur a comienzos de este mes, el Presidente acudió a referencias (al neoliberalismo y a los Chicago Boys) que notoriamente generan rechazo en gran parte de la población y en particular en su electorado. Lo hizo, obviamente, para procurar llevar agua para su molino. Pero lo hizo equivocadamente, porque es evidente que ni los liberales en general ni los Chicago Boys en particular fueron partidarios del Mercosur ni participaron de su diseño. Es más, lo criticaron con firmeza desde su inicio. Sólo el Presidente sabe si procedió de ese modo por ignorancia o de manera intencional. Pero que le erró, le erró. E hizo muy bien Caumont, “por una alusión”, en poner las cosas en sus justos términos.

 

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