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MUJICA VA A HACER CAMBIOS QUE NO SERÁN PELOTUDOS… Por Washington Abdala

publicado a la‎(s)‎ 10 abr. 2011 13:46 por Semanario Voces



Los politólogos uruguayos  (buena parte de ellos) parecieran tenerla bastante fácil con la política nacional: todo es tan previsible que causa estupor y apatía. La visita del Presidente al Conrad se llenó de comentarios obvios que todos ya sabemos que dirían los que se suponen que les pagan por decir algo más de lo que piensa el común de la gente.

 

 

Siempre lo mismo. Confieso que me pudren bastante los que no se animan a ser originales con ellos mismos, los que cuidan a los clientes por temor a ofenderlos. Y creo que esa es la diferencia con otras partes del mundo donde los analistas se juegan más por lo que creen o creen advertir. Acá todo es medio chuminga. Solo en el café se animan en voz baja a putear o decirte lo que sienten. No se si son garquetas o cínicos.

El gobierno tiene los problemas normales del poder: tensiones sobre el cambio o no de rumbo en algún aspecto tributario,  peleas escondidas por las sucesiones de manera underground  y algún que otro debate filosófico que busca actualizar la agenda de los decisores en algo más moderno. Mujica viene cumpliendo sus objetivos: no tiene niveles de rechazo relevantes, no hay la menor sospecha de corrupción hacia sí mismo y está procurando ser una voz  de sentido común en los grandes temas nacionales. Le falta decisión en algunos de ellos, sí, pero va empujando “los asuntos” que le interesan en su velocidad. Es verdad, en materia de relaciones laborales hay una cadencia jugada hacia el espacio de los trabajadores, pero ese péndulo sólo puede tener ese desnivel en un período de prosperidad como el presente, de lo contrario nadie acometería una empresa de auto-suicidio. La economía va bien entonces, pero la marginalidad no se la combate. Este es un problema enorme que el gobierno empieza a no entender y que corre el riesgo de sólo terminar utilizándolo en el plano prebendario y clientelístico. Ya lo sabemos todos, es hasta choto repetirlo: educación y seguridad, allí el gobierno está en Babia. En Seguridad no se anima a reprimir y  a salir de lo discursivo, en educación están en pelotas. (Mis propios amigos del gobierno me confiesan que no entienden la lentitud en estos asuntos y temen que estos “ejes” puedan ser los que los lapiden en un eventual cambio de clima, que por cierto, no advierten en el horizonte cercano.)

Sí, las relaciones con Vazquez para el Presidente  Mujica son un pequeño problema pero mucho menos de lo que algunos politólogos insinúan: Mujica es un jugador extremo, no está para claudicar en lo que no cree y no es sencillo que el camino de Tabaré sea expedito de antemano. Por eso  Vázquez ha salido al medio del campo para marcar presencia y para “facturar” en sus acciones personales y nunca colectivas (lo colectivo de Vázquez pasa por detrás de él). Vázquez es el típico caudillo del estilo de los partidos históricos, tiene los mismos reflejos, juega de afuera para cobrar adentro, tiene cierto mesianismo que todos conocemos y es desde él mismo que se imagina la nueva victoria del Frente Amplio. Es más, Vázquez  tiene las dos agendas: a) si al gobierno le va bien: él  fue el que le abrió el camino y ahora viene lo realmente bueno, lo radical, lo superador y lo profundo. Mujica fue la bisagra que hizo el aguante. b) Si el gobierno tiene problemas: bueno,  él no los tendrá, como ya no los tuvo en el pasado y ahora tampoco los va a tener con su magnífico liderazgo, por eso es hora de volver a la izquierda racional y dejar la izquierda improvisada al costado. En las dos bibliotecas tiene algún libro para el usuario que venga a pedir algo. Por eso sale a ayudar y ayudarse con sus apoyos al gobierno para dejar claro que él “se juega” aunque en realidad está moviendo sus fichas en el plano personal de manera obvia. (Esto  casi nadie lo dice. ¿Le tendrán miedo? ¿Lo querrán de cliente?)  

De la oposición me consultan también algunos amigos para  que les cuente también mi opinión. No la veo bien, más bien la veo parada en el limbo. Twitteando entre ellos.  Siempre mordiéndose los muñones. Uno dice blanco. El otro negro. Y el tercero se calla. Son un verdadero desencanto –imagino- para aquellos que quieren contralor,  algo de crítica seria y elaboración de propuestas que sean superadoras de los déficit del gobierno. Es mucho mejor oposición la que surge del marco informativo de los medios de comunicación que la que vehiculizan algunos legisladores o dirigentes de la oposición. Si, lo sé, Mujica es un monstruo comunicacional al que se le tiene miedo que con un sopapo te hunda los dientes, y eso hace que todos se cuiden y midan los saltitos que dan para no salpicarse. Pero no creo que sea así que se hace oposición política sin asumir riesgos. Además, hay algo que está en la capacidad del receptor ciudadano que advierte  la pésima relación entre Lacalle, Larrañaga y Bordaberry,  lo que no permite imaginar casi nada con sabor a “entendimiento mínimo” como para enfrentar al gobierno en cualquier tema. La inseguridad es la prueba del nueve. Cada sector  opositor con su librito, juntando adhesiones y peleando como si la gente entendiera que hay movidas semi electorales por detrás de cada empuje que se hace cuando lo que hay es una demanda grosa que no saben capitalizar con la seriedad que requeriría la hora. Sea de la naturaleza que sea. En eso, el gobierno, con todos sus desbarajustes, con sus papelones varios (Saravia dixit) igual sabe apretar y mostrarse unido en las horas difíciles.

Hay algo que sí puede ser  malo para el gobierno en estos tiempos y es el excesivo triunfalismo del Frente Amplio y el aumento de los ciudadanos independientes en un país que no regala nada y que en cualquier momento puede cambiar de ánimo si el petróleo y la inflación arman un zafarrancho en un ratito. Pero el que es mano es el gobierno, la oposición está solo esperando rebotes o moneditas que se caigan para ver si sacan la grande. No es serio el asunto. Esa es la verdad. Y el gobierno  tiene que refrescar algunas figuras, por alguna razón muchos protagonistas lucen cansados, agotados, inerciales y son de una guardia vieja con aroma a naftalina. Algo me dice que Mujica en algún momento va a mover piezas y refrescar parte de su gobierno pensando en el futuro de esa izquierda con la que se siente comprometido a dejarla en el poder de manera sólida. Para ello tiene que hacer avanzar a algunos peones y transformarlos en torres de alguna forma. Va llegando la hora de quebrar con la gerontocracia que el mismo también representa con sus años pero no con su cabeza. Y para eso los cambios son necesarios.

 

 

 


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