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No podemos ni debemos Dejar que la canción se haga ceniza Por Marina Arismendi

publicado a la‎(s)‎ 27 may. 2011 15:11 por Semanario Voces   [ actualizado el 27 may. 2011 15:18 ]



En estos días, entre el Bicentenario y las diversas e insólitas interpretaciones que escucháramos en torno a la ley de Impunidad, queda clara la absoluta necesidad de reafirmar los hechos de nuestra historia desde nuestro nacimiento hasta el presente.

No fue por un error histórico que, en el primer gobierno de la izquierda ,se resolviera tomar el período artiguista como nacimiento de  nuestra vida como país. Por la misma razón que muchos pensamos que el 25 de agosto no tenemos “independencia” que festejar, ya que Artigas soñaba con la integración de nuestros pueblos, nuestras raíces, las de nuestras mejores tradiciones y valores arraigan en un pueblo que fue capaz de abandonar todos sus bienes materiales para mantener sus principios pese a una “redota” que podría verse circunstancial.

En los sesenta,cuando comenzábamos a sentar las bases de las primeras experiencias unitarias,con la Unidad Popular y el F.I.deL., teníamos una consigna  paradigmática: “Con el Frente Izquierda, Artigas volverá”.

El 26 de marzo de 1971, el Presidente del Frente Amplio convocaría con absoluta convicción : “Padre Artigas, guíanos”.

El Frente es la expresión política de las mejores páginas de nuestra historia, del ideario artiguista, de la concepción vareliana de la educación para la democracia, de las luchas de los anarquistas, de los primeros sindicatos, del valor de la unidad nacida en la calle, en las luchas, en la alegría de las conquistas para los y las trabajadoras, del dolor junto a Líber, Hugo, Susana,y tantos otros.

Cuando la dictadura fascista arrasó con las instituciones, intentó erradicar a sangre y fuego a las organizaciones sociales, sindicales, al recién nacido Frente Amplio, prohibiendo palabras, canciones, poemas y poetas, canciones, colores,

Su objetivo- el de las clases dominantes y los EEUU- con sus diferentes brazos ejecutores según los países, era aplicar su estrategia sin resistencia posible. Vinieron por nuestras cabezas, por nuestros pensamientos, por las ideas de un cambio social a favor de los desposeídos, de los “negros, indios, negros, zambos, criollos pobres de nuestra época”. Y no pudieron. Tampoco pudieron aquellos, que,  de buena fe, abogaron por otra forma de expresión política. Y fueron años muy duros para nosotros, el pueblo. Y muy heroicos. Y muy debatidos. ¿O acaso no fue una discusión ideológica profunda si votábamos en blanco o lo hacíamos por los más democráticos en los llamados Partidos Tradicionales? No podíamos reunir el Plenario, no podíamos reunir a los dirigentes de todos los sectores del FA. Y seguramente la mayoría votó en blanco y algunos, por no saber o no compartir, hicieron otra cosa.

Y a la salida de la dictadura tuvimos muchos momentos difíciles, el desgajamiento de algunos, la incorporación de otros. ¡La renuncia del Gral. Seregni!, sus antecedentes y sus repercusiones. Las discusiones duras, muy duras, en torno al plebiscito de las Empresas Públicas, con o sin PLUNA, el Marco Regulatorio de UTE, que perdimos…La Reforma Constitucional, que entre otras cosas contenía la “segunda vuelta”, las mayorías especiales para levantar vetos en la Asamblea General…que perdimos por un puñado de votos…frenteamplistas, sin duda.

Y podríamos seguir. Siempre hubo voces catastrofistas que auguraban el fin, el apocalipsis. Y siempre estuvimos quienes, aun con mucho susto, con gran preocupación, con dolor, creímos y creemos en la capacidad del Frente de cuidar la unidad, de mirarse a sí mismo y aprender una y otra vez que la causa del pueblo es la nuestra, que nos debemos a ella y que seremos capaces de discutir acerca de todo sabiendo que lo hacemos entre compañeros y compañeras. Cuando nos persiguieron, cuando desaparecieron, asesinaron, torturaron a miles, por cierto que no distinguieron entre diferencias ideológicas. Ellos sabían que todos y todas estábamos del mismo lado. De los que, al decir de Benedetti, no queremos ni podemos, dejar que la canción se haga ceniza.


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