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Nos abortaron por Federico Imparatta

publicado a la‎(s)‎ 27 jun. 2013 12:20 por Semanario Voces
 

El domingo votó Tabaré, votó Bordaberry, votó Larrañaga y votó el Cuquito. También votaron los que no tienen chance, los que están para la foto -los Amorín Batlle y los Pablo Mieres del mundo- y los dirigentes de segunda -no por calidad (aunque un poquito si), si no por ser notorios segundos en sus movimientos respectivos- que resultan ser los que llevaron adelante la propuesta.

 

Los medios mostraron el desierto electoral del domingo. Mesas vacías, funcionarias aburridas y el ocasional señor mayor de tez clara y buen pasar económico que ponía su voto en la urna rompía la monotonía de tan laudada y anticipada fiesta de la democracia.

 

Como se ha repetido hasta el cansancio, no voto “ni el loro”. Pero votaron los líderes de todos los partidos. Los líderes que van a encabezar listas. Los que van a pasar gran parte de lo que queda del año y casi todo el año que viene tratando de convencernos a todos -sin importar el partido o el sector- de que ellos nos representan mejor que otro.

 

¿Pero nos representan en serio? ¿Puede representar hoy, luego de una adhesión del 9% a un recurso que pretendía limitar los derechos de las mujeres -y por ende de todos- alguien que lo haya apoyado?

 

40 días antes de la consulta, CIFRA publicó que el 46% de la población se oponía a la despenalización del aborto. 40 días después, casi el 9% de la población habilitada para votar (un 37% menos) se expresaba de forma tal. Al parecer, la encuesta, tampoco pudo escuchar lo que quería decir la gente.

 

¿A quién escuchan los dirigentes? Capaz que a las encuestas, capaz que no. A sus militantes seguro que no.

 

Tanto el Partido Nacional como el Colorado han tenido grandes crecimientos en su militancia joven. En ambas elecciones de jóvenes se movilizaron alrededor de 50 mil adherentes, un poco más de 100 mil jóvenes que el domingo eligieron -en su gran mayoría- no ir a votar.

 

La oposición se embandera con un discurso de “nueva política” y de que hay que “mirar más allá de las ideologías” que parece incluir una discrepancia total con los que más tienen que ver con tan publicitada renovación política.

 

En la izquierda pasa algo similar, si no peor. El único candidato que se maneja para las elecciones que vienen, el que ya fue Presidente y el que ya vetó una ley similar a la que se quería derogar con el proceso iniciado el 23, fue “coherente” porque cuando dice una cosa, la hace.

 

El problema que muchos de los que justifican su postura están dispuestos a obviar en su defensa de la coherencia y por ende calidad moral del futuro candidato a la Presidencia  es que tampoco los está escuchando a ellos.

 

El futuro candidato a la Presidencia por una fuerza política que se embandera con la pluralidad de los derechos y con la igualdad como fortalecedora de la democracia es muy coherente en no estar de acuerdo con eso. En no estar de acuerdo con ellos, con los que lo van a votar.

 

El debate lo tienen que dar todos los partidos a su interna. Se tiene que dar, porque elegir a los que nos representan nos fortalece a todos y nos permite discutir con autoridad -o por lo menos honestidad- moral las ideas con las que no estamos de acuerdo.

 

Lo que pasó el domingo es un claro mensaje de la clase política a la población: los representamos pero no los escuchamos. Sabemos mejor que ustedes lo que necesitan. Confiamos en que nos van a seguir sin importar lo que digamos y mucho menos lo que hagamos.

 

Por suerte no les hicimos caso.

 

 

 

 

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