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NO SOBRAN MUJERES NI FALTAN OVARIOS:NO DEBEMOS DISTORSIONAR EL PRINCIPIO DE IGUALDAD por Graciela Bianchi

publicado a la‎(s)‎ 11 dic. 2015 6:41 por Semanario Voces

Las acciones o discriminaciones positivas son el instrumento más hábil para atacar el principio de igualdad de posibilidades.

Lo que es peor es que quienes defienden estas posiciones se consideran los adalides de los derechos y los gobiernos que insisten en la ampliación de éstos son los mayores responsables del desconocimiento de los Derechos Humanos que son inherentes a toda persona por el sólo hecho de serlo.

El Art. 72 de nuestra Constitución de la República, que la ciudadanía no dejará que se toque, dice claramente: “La enumeración de derechos, deberes y garantías hecha por la Constitución, no excluye los otros que son inherentes a la personalidad humana o se derivan de la forma republicana de gobierno”. Por si no queda claro, nadie puede reclamar ningún derecho porque ya todos están consagrados, explícita o implícitamente, siempre que nuestro contrato sea una Constitución republicana y democrática.

Según el Prof. Hoenir Sarthou -cuyos artículos publicados en este prestigioso Semanario-  esta mujer no solo se los banca sino que los disfruta y los archiva, hay tres concepciones diferentes de la justicia social.

El mundo occidental hoy se basa fundamentalmente en la Ilustración, concretadas en las Revoluciones Norteamericana y Francesa. El principio de igualdad, creado por los teóricos y desarrollado por los responsables de estos procesos históricos, se acota en una igualdad formal, por lo que la Justicia se dificulta en concretar en la medida que no todos tienen las mismas posibilidades. Por eso el Estado debe intervenir, con criterio universalizador y no discriminador. Las acciones o discriminaciones positivas discriminan, aunque parezca un juego de palabras.

La humanidad avanzó más: llegó al “Estado social del Derecho”. En ésta realidad las instituciones deben ser facilitadoras, para que el lugar donde una persona nace, no condicione su futuro. El Uruguay fue el primer Estado social del Derecho de la historia de la humanidad, construido por los grandes líderes políticos de principios del Siglo XX, impulsados por una ciudadanía formada en una excelente educación pública.

Los países centrales lo son porque culturalmente nos han superado, mientras que nosotros permanecemos estancados en la década del 60, olvidando o ignorando lo que supimos conquistar en la primera mitad del Siglo XX. 

Como dice el Prof. Sarthou las palabras claras hoy son: “derechos civiles”, “igualdad racial”, “liberación femenina”, “no discriminación”, “no segregación”, “discriminación positiva” o “acciones afirmativas” . 

Como si todo lo anterior fuera poco, nos pretenden convencer que todo está dentro de la gran bolsa de los Derechos Humanos, haciendo énfasis reduccionista  de las víctimas de los regímenes dictatoriales. De los que por otra parte, somos todos.

El principio de igualdad, los derechos humanos y la justicia, dejaron de ser universalizadores reduciéndolos a reivindicaciones de grupos que se miran a sí mismos imponiéndose a través del fundamentalismo, como los únicos dueños de derechos.

La sociedad norteamericana, muy desigual por cierto,  queda justificada, Europa expía sus culpas por no poder sostener el estado de bienestar y los pseudo gobiernos de izquierda de Latinoamérica les hacen el juego, porque ya no se necesitan reformas de fondo.

Los sirios tienen derecho a tierras, los charrúas también lo tienen, el género determina si me voy a dedicar a la política o no, se reservan cargos de acuerdo a  la opción sexual, al color de la piel, etc.

¿Queda claro que es exactamente al revés? El camino es la profundización de la igualdad y la justicia social.

En Uruguay  el divorcio y por  sola voluntad de la mujer, se consagró a principios del Siglo XX, lo que le ha permitido no solamente desvincularse de su pareja, sino emanciparse civilmente y disponer de sus bienes. En el Código Penal de 1934 el aborto no era delito. Y por si fuera poco, en el año 1946 la Ley  consagró en forma expresa la total emancipación y la patria potestad de la mujer sobre sus hijos. Votamos en el año 1938, tuvimos las primeras legisladoras en América Latina. Si queremos comparar y  solo a título de ejemplo, Brasil tuvo su primera ley de divorcio en 1977 y las mujeres españolas fueron emancipadas civilmente y tuvieron la patria potestad sobre sus hijos recién en el año 1978. Mientras nosotros gozábamos del Estado Social del Derecho, en Europa tenían monarquías absolutas, imperios como el Austro-Húngaro, regímenes  totalitarios como el  fascista, el nazi y el soviético

Lo que nos tenemos que preguntar las mujeres es qué nos pasó a nosotras como colectivo, que nos replegamos. Por qué motivo levantamos hoy banderas que ya tuvimos y nos las dejamos arriar. ¿Por qué nos victimizamos? Lo mismo podemos decir de los afrodescendientes, de descendientes de indígenas, de  quienes tienen opciones sexuales diferentes.

Solo la ignorancia que se instaló en este país en los últimos años y la distorsión de la historia reciente, nos permiten explicar por qué estamos pegándole en la herradura y no en el clavo. Y lo que es peor haciéndoles el juego a los países centrales, para que creamos que estamos avanzando cuando en realidad por lo menos nos estancamos. Como si fuera poco, se ha montado  un gran negocio a nivel nacional e internacional, que se traduce en Seminarios, viajes, ONGs.

Capítulo aparte merece el tema violencia doméstica. Fue un fenómeno que siempre existió, como otros, por eso ya están castigados en el Código Penal, en la figura  del homicidio  agravado por el vínculo. Sobre si se denuncia más o menos, no tengo dudas que lo que era diferente era la realidad: no vivíamos en una sociedad tan violenta y fracturada.

Por lo menos tenemos que ser coherentes, si no estamos de acuerdo con el aumento de las penas como expresión del  principio del derecho penal garantista, ¿por qué sí se pide a gritos la consagración del feminicidio o femicidio? Esta figuras son   nada más ni nada menos que consagrar e derecho penal de autor, propio de los sistemas fascistas: la culpabilidad la determina lo que somos y no lo que hicimos.

Lo que tienen que hacer los gobiernos -incluido el nuestro por supuesto- es establecer las condiciones de gestión a nivel de políticas sociales, de justicia y de educación, para prevenir todos los homicidios  porque los hombres también mueren. Más recursos a la Justicia, más políticas sociales profesionales y no clientelísticas, construcción de refugios sostenidos por un Estado, atención al victimario. En síntesis gobernar más y hablar menos.

En resumen, lo ya dicho: un Estado eficiente y eficaz para que la justicia y la igualdad sean reales para todos.

Sobre este tema volveremos. Es demasiado grave lo que vemos y escuchamos.

Me siento absolutamente identificada con el pensamiento de la escritora uruguaya Mercedes Rosende: “Alguien me pregunta por qué no me gustan los saludos tradicionales del 8 de Marzo. Porque no es ni tanto ni tan poco. Porque las mujeres no somos inferiores, ni tampoco somos super nada. Yo no quiero ser super mamá, ni super ama de casa, ni super esposa, no soy más talentosa para el cuidado de hijos, plantas y animales, no quiero que sobre mi recaiga la tarea de mantener el fuego del hogar. Tampoco soy ni quiero ser más sensible ni mejor para gobernar, no estoy más dotada para administrar ni soy más justa para impartir justicia. No quiero que me pongan en ese brete, please, denme un poco de igualdad y santas pascuas.”    

 


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