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NOVICK por Juan Martín Posadas

publicado a la‎(s)‎ 9 mar. 2017 6:25 por Semanario Voces

                                              

                                                                                                                                                                 

+En la pasada contiende electoral por el gobierno departamental de Montevideo apareció u

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figura política nueva que tiene hoy ganado un lugar en el espacio político nacional: Edgardo Novick. Nació bajo el signo de lo inesperado: fue inventado para una cosa y terminó siendo otra. Veamos.

                Para la elección pasada el Partido Nacional y el Partido Colorado se dispusieron a encarar una estrategia especial para la contienda electoral por la Intendencia de Montevideo, atentos a que el Frente Amplio cargaba con la muy pobre gestión de dos Intendentes como Ehrlich y Olivera, y que, sumando fuerzas, era posible dar pelea con éxito en esa elección departamental.  Par que ese proyecto pudiese concretarse y salir a jugar en la cancha había que buscar con ingenio una institucionalidad electoral compatible con la legislación vigente y que evitara que uno de los dos agentes del invento quedase absorbido en el otro. La única manera era crear un nuevo partido, con autoridades propias constituidas en proporciones iguales por blancos y colorados que se resignaran a no figurar como tales y renunciaran a eventual incorporación en cualquier lista de sus partidos de origen. Así se constituyó el Partido de la Concertación.

                Hasta aquí el razonamiento era coherente, el propósito (derrotar al Frente Amplio en Montevideo) compartible y la puesta en práctica relativamente sencilla. Pero se cometió un error, inexcusable error. La legislación electoral vigente permite que cada Partido presente hasta tres candidatos a las elecciones departamentales, a diferencia de las elecciones nacionales en las que cada Partido tiene que presentar un candidato único. La idea original era proponer un blanco y un colorado y el que tuviera más votos de los dos, de ganar, sería el Intendente. Esto ahorraba una discusión interna y la engorrosa negociación sobre quién iría primero en la lista.

                Pero, inexplicablemente, a alguien se le ocurrió –y todos aceptaron- habilitar la tercera candidatura para una especie de ni-ni sui generis que recogiese algunos votos de quienes, no queriendo votar al Frente, no les gustase ni el candidato blanco propuesto ni el colorado.

                Es difícil de explicar cómo se le haya podido ocurrir a dirigentes expertos abrir espacios políticos –siempre poco disponibles y de acceso trabajoso-  a sujetos ajenos e incluso hasta legalizar la figura de candidatos apartidarios. De este pecado de concepción, cometido por blancos y colorados, nacería…Frankestein. El que había sido inventado para juntar el requeche les pintó la cara, marcó más votos que los otros dos juntos y pasó a ser una figura nacional.

                Todo este asunto merece una reflexión más atenta de lo que se le ha dispensado. El pecado de cuna es innegable pero la cosecha electoral y el eco que recogió Novick indican que hubo allí un contacto efectivo con alguna necesidad o alguna esperanza de la ciudadanía. Creo que se pueden identificar dos puntos de contacto.

                La idea original de creación del Partido de la Concertación era –en términos por demás esquemáticos- ganarle al Frente Amplio y desalojarlo del gobierno de Montevideo. No creo que se pueda descartar, por tanto, que esa convocatoria haya sido un factor que incidiese en la respuesta electoral. Creo que otro factor –incluido en la convocatoria por el mencionado error de sus progenitores políticos- fue la caracterización del tercer candidato (Novick) como ajeno al mundo de la política, no contaminado con sus malos hábitos y mala fama. El lugar que dejaron abierto para un candidato que no fuese ni blanco ni colorado fue a parar, de común acuerdo, a un empresario sin partido. Esto, que teóricamente es un error, fue otro de los motivos (más importante que el anterior) del éxito de Novick.

                Se trata de un error a dos puntas. Uno de los pilares del sistema político uruguayo es que tenemos un sistema de partidos; eso es sano. Los actores políticos en esta tierra no han sido ni los hacendados ricos, ni los militares, ni los intelectuales, ni mucho menos hombres providenciales (como los que pululan en el continente) sino partidos organizados, continuidades políticas institucionalizadas. Afectar esto es un error.

                Por la otra punta también es un error (infantil) creer que gobernar un  país es lo mismo o parecido que manear una empresa. Pero el hecho es que –y los resultados del escrutinio lo mostraron- hay un número importante de uruguayos que ha llegado a la conclusión que es mejor un candidato sin  partido y, además, que no sea político sino empresario. El discurso antifrentista (sobretodo anti-Mujica) y el éxito empresarial convertido en virtud política son elementos que explican el éxito electoral de Novick en la elección departamental de Montevideo.

                En atención a eso (a lo bien que le fue) Novick ha moldeado una estructura para seguir adelante. Es una estructura reconocida por la Corte Electoral y está operativa. Pero es una estructura que se dice a sí misma Partido pero se presenta explícitamente sin tinte político, sin ideología. Novick –que es prácticamente la totalidad del Partido de la Gente- proclama directamente su desconfianza personal en las ideologías y convierte esa desconfianza en una característica sobresaliente de su Partido: el Uruguay necesita gestión y no tanta disquisición ideológica y politiquería: nosotros traemos gestión.

                Pero, además, también en atención a lo dicho arriba, Novick crea un Partido que no es Partido. Como no tiene definición ideológica o política es para todos, es para toda la gente. Los Partidos Políticos, como su nombre lo indica, son una parte y para una parte: agrupan a una parte de la nación, que ella sí es de todos y para todos. En una democracia hay una pluralidad de partidos (el pluripartidismo que Fidel Castro llamaba la pluriporquería) que representan distintos modos de entender la historia, la economía, el gobierno y varios asuntos más sobre los cuales las sociedades abrigan diversos enfoques y opiniones. Los regímenes totalitarios sólo permiten un Partido, el Partido Oficial, que por lo mismo es único y obligatoriamente el de todos. Fuera de un esquema totalitario un Partido de todos o Partido de la Gente es una entelequia, una afirmación sin sentido. Por otro lado, la gente como tal no existe: las sociedades están compuestas por personas, grupos, sectores con diferentes visiones, distintos proyectos personales o sociales, comprometidos unos en un sentido y otros en otro. El entrechocar dialéctico, libre pero ordenado de esa heterogeneidad, da como resultado el rumbo de esa sociedad, siempre oscilando, siempre corrigiéndose (o deformándose), siempre avanzando en la historia (o retrocediendo).

                Novick y el Partido de la Gente ya son una realidad en el escenario político nacional. Los efectos inmediatos de esa irrupción no serán – a mi juicio- los esperados. Como camino para derrotar al Frente Amplio es un fracaso: no le ha quitado ni un voto (única manera de derrotar a quien ya tiene el 50%)  sino que divide a la oposición y se nutre de blancos y colorados, perjudicando más a quien tendría más chances de derrotar al Frente, (en un ballotage) que es el Partido Nacional.

                Según la mayoría de los analistas el sistema político uruguayo se caracteriza por su estabilidad. Eso quiere decir que los cambios en los comportamientos electorales son parsimoniosos: bajan unos pocos votos acá, suben un poco allá. Eso anticipa que, si bien Novick pasó de cero a doscientos mil en la elección departamental, no va a suceder lo mismo ni nada parecido cuando comparezca con su Partido de la Gente a la próxima elección nacional. Es posible aventurar que el frente pierda tres o cuatro diputados –pocos- y consecuentemente la actual oposición aumentará sus bancas en tres o cuatro, es decir, pocos. Novick pasará de cero a pellizcar algo de esos tres o cuatro.

                Esto, de darse, traerá consecuencias futuras más importantes que lo numérico. En un panorama de relativa paridad, tal como el que viene presentándose en las últimas elecciones, los poquitos legisladores que pellizque Novick  van a ser el fiel de la balanza y, por consiguientes, los más “cotizados” (de ambos lados). En la medida en que el Partido de la Gente se reusa a tener un perfil político y sólo valora la gestión y lo técnico, cualquier pronóstico respecto a qué lado se inclinarán sus legisladores tendrá la misma consistencia que los pronósticos de INUMET.

                Queda por verse cuánta perturbación se producirá en el ámbito del tradicional sistema de partidos de la política uruguaya y cuánta acogida tendrá el sentimiento de rechazo a los liderazgos convencionales. Los partidos que integran el sistema tendrán que ponerse a analizar en qué medida han sido responsables del menguado afecto, respeto y confianza que ahora se deposita en los partidos del sistema político uruguayo.


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