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Nuestro respeto Por Pedro Bordaberry

publicado a la‎(s)‎ 7 mar. 2013 9:11 por Semanario Voces
 

 

 Mi primer contacto con Venezuela fue a través de Rómulo Gallegos y su novela Doña Bárbara.
Gallegos, que fue Presidente por nueve meses, describe y amplía (como buen novelista) la realidad del país. Lo hace a partir del enfrentamiento entre la barbarie, representada por Doña Bárbara, y la civilización y el progreso, representados por Santos Luzardo, su rival.

Los personajes de la novela fueron cuidadosamente seleccionados como el caso del malvado Mister Danger, el supersticioso Juan Primito, el desgraciado Juan Barquero y tantos más.

Doña Bárbara con sus acciones, robos y malas prácticas, convierte a la pacifica Altamira en un lugar conflictivo. Santos Luzardo se opone a ello.

El enfrentamiento entre la barbarie y la civilización  termina cuando Marisela, la hija de Doña Bárbara, hereda sus tierras "y todo vuelve a ser Altamira".

El segundo contacto que tuve con Venezuela fue en la escuela.
La maestra de música nos hacía cantar aquellos versos que empezaban con Yo nací en la ribera del Arauca Vibrador, soy hermano de la espuma, de las garzas, de las flores y del sol; amo, canto, lloro, sueño, con claveles de pasión y le canto a Venezuela con alma de trovador.

Hugo Chaves fue un caudillo. Difícil de entender desde la perspectiva de quienes creemos que esa figura responde a un arquetipo político de otros tiempos y otras realidades.

Hugo Chaves representó para algunos a Doña Bárbara y para otros a Santos Luzardo.

Hugo Chaves nació en esas riberas venezolanas, llenas de espuma, de flores y de sol del Caribe. Amó, cantó, lloró por radio, televisión y twitter.

Para nuestra formación racionalista, liberal y republicana, fue difícil comprender a ese caudillo. Como es difícil entender que un mismo gobernante permanezca más de cinco años al frente de un país. Pero es otra realidad, otro tiempo de otra nación.

Nuestro respeto para quien dejó este mundo convencido que peleaba por sus ideales.

Nuestro deseo es que descanse en paz.

Y que todo vuelva a ser Altamira sin Bárbaras y sin Santos.

 

 

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