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Obama por cuatro años más Por Ernesto Kreimerman

publicado a la‎(s)‎ 8 nov. 2012 8:40 por Semanario Voces
 

 

Los estadounidenses tienen mucho en juego. Lo saben muy bien y por eso las estructuras partidarias se esforzaron al máximo y no se ahorraron calificativos al referirse al “otro”. Todos debates, los de los candidatos pero también el de los vices e incluso el rol y las conductas de las esposas fueron puestos a consideración del “gran público”. Quizás desde estas latitudes, no se aprecie la importancia de la decisión que está en juego ni la dimensión del choque.

 

El mundo observa con atención lo que ahora se está dirimiendo, pero un tanto ajenos a la intensidad del debate. Paradojalmente, para la región esta elección tiene mucho menos trascendencia pues Estados Unidos sigue sin incluir en su agenda principal los problemas del mundo latinoamericano.

Lo que está en juego es algo más que la reelección de Barack Obama. Ha sido una de las campañas más duras en el sentido de la profundidad de las contradicciones en juego; ambas fuerzas decididamente endurecieron el tono, lanzando los republicanos la advertencia de que en caso de perder habrían de obstaculizar dramáticamente la gestión Obama. La dimensión de la confrontación está dada por la propia campaña de Mitt Romney, anunciando que no sólo desarrollarán nuevas políticas radicalmente diferentes a las puestas en práctica por Barack, sino que se dedicará a desmantelarlas. Tal el caso de la salud pública. También la propuesta de política económica es sustancialmente diferente. Ni que hablar el uso de las herramientas de política económica; en especial, estrategia presupuestal, equilibrios tributario. Y el posicionamiento en el escenario internacional, por supuesto, es también radicalmente diferente.

Finalmente, hay que marcarlo, Obama ganó con cierta comodidad electoral. Aún faltando conocer el resultado de 29 votos electores, Obama ya contaba con 303, es decir, 33 más de los necesarios, En contrapartida, Romney sumaba sólo 206. Hay que tomar nota de esta realidad para, con más tiempo, analizar el manejo y la conducta de los medios de comunicación de los Estados Unidos, su apoyo a la ultraderecha y su enemistad con Obama.

Las diferencias

Una de las banderas de campaña de Obama es, sin duda alguna, el camino ya emprendido en el sistema de salud y las aspiraciones de nuevos y mayores cambios. Por allí va una parte sustantiva de la matriz diferencial del presidente Barack, que le da sentido democratizador. Hubo a lo largo de la campaña, la voluntad firme de poner de manifiesto esta reforma, invocándola como una decisión firme y decidida de fortalecer los derechos de los ciudadanos frente a las conductas de las aseguradoras, siempre restrictivas y abusivas.

¿Por qué es tan importante para Obama esta reforma? Porque es defender decisiones audaces que marcan una distancia ideológica casi radical. Los cambios ya ejecutados por Barack han favorecido a los sectores de menores ingresos: "5,4 millones de personas de la tercera edad que tienen Medicare se han ahorrado más de cuatro mil millones de dólares en medicamentos, lo que significa un promedio de 700 dólares por persona". Otro de los orgullos de la reforma es que en la actualidad otros 18 de millones de estadounidenses tienen nuevos beneficios, como por ejemplo, análisis para la detección precoz del cáncer. Como surge del propio relato del accionar del presidente Obama, lo realizado en ésta área es claramente un sello ideológico claro, y fundamentalmente, remarca su preferencia por los pobres.

El republicano Romney ha sido tan claro como confrontativo: él derogaría la ley “Obamacare”, así referida porque la aprobación de la ley no sumó ni un solo voto republicano. Había anunciado que, simple y radicalmente, la derogará, y volverá atrás en el tiempo, reformará regresivamente los programas públicos Medicare y Medicaid, ofrecerá incentivos tributarios para la compra de seguros médicos.

El segundo tema crítico para los estadounidenses es el económico. Aunque parezca que el orden está invertido, la realidad es que hay más ciudadanos preocupados por la salud que por la economía, porque es el derecho más postergado para la clase media baja. Y ello se debe a que el número de población beneficiada por la reforma Obama de salud brinda el acceso al sistema de salud a millones de personas, y los mejora sustancialmente para otros tantos ciudadanos. Es, para decirlo de otro modo, tarea realizada que hace una diferencia y que los beneficiarios saben que está en riesgo.

La crisis de los Estados Unidos es profunda y requiere de decisiones difíciles. A la mañana siguiente de la victoria, Obama debe reestructurar su agenda política. El viejo abismo fiscal que le legó Bush aún se pasea entre los estadounidenses. Superar esa situación limitante implica tomar medidas que tendrán impacto afectando intereses. Todos saben en Estados Unidos que éste es el punto. Es la gran decisión, lo que hace la diferencia a su favor. Pero serán decisiones que deberá adoptar en un territorio político hostil, con una Cámara de Representantes en manos de los republicanos, que le declararon la guerra desde el primer momento en el que aspiró a la Casa Blanca y que no le darán tregua durante los próximos cuatro años.

De inmediato habrá un duro desafío: quedan unos 10 días de trabajo legislativo para llegar a un acuerdo e impedir los recortes de gasto y la suba de impuestos prevista para el 2013.Esta circunstancia legislativa es llamada por la prensa “el abismo fiscal”, que implica un total de 700.000 millones de dólares entre ambas cuestiones. La resolución de este asunto, y las actitudes políticas que asuman al respecto, nos darán la pauta del clima político de los meses siguientes.

Hay diferencias significativas en muchos aspectos tributarios. Obama plantea la derogación de los  recortes de impuestos aprobados por  Bush para los hogares que ganan más de 250.000 dólares al año. También Obama tendrá difícil el panorama para concretar su anunciada disminución de impuestos para la industria manufacturera. Aún más difícil será que el presidente pueda tomar las medidas que presentó en la campaña: aplicar recursos de estímulo a la industria  y llevar adelante los recortes de impuestos para hacer crecer la economía (a corto plazo). Adicionalmente, reducir el gasto y regresar los impuestos a los más ricos a las tasas previas al recorte de Bush, para reducir el déficit (a largo plazo). Dicho de modo directo, reacomodar los números de la economía estadounidense sólo es posible en el marco de una visión renovadora en medio de un entorno muy difícil. La economía se reencamina, pero lentamente. El empleo se va recomponiendo, pero falta mucho. El endeudamiento tiene un límite antes de afectar la reputación financiera, al tiempo que hace más vulnerable al país, al aumentar la dependencia del exterior y debilitarla en su imagen como nación.

El tercer punto crítico es la política internacional. La reelección de Obama disminuye los riesgos de resolución de conflictos por la vía militar, lo que no quiere decir que no haya acciones directas. La experiencia de Obama, sumado a su visión diferente del rol de los Estados Unidos en el mundo, contribuirá a un mejor desarrollo del conflicto de la comunidad internacional con Irán, con Siria, con China. Descartemos acciones audaces pues Obama no ha creado expectativas de ello. Al contrario, remarcará la prudencia del primer período.

La reelección

“Lo mejor está por llegar” ha anunciado Obama al momento de celebrar la victoria y soñando con el legado que debería dejar su segundo gobierno. Está muy claro que Obama intentará acuerdos bipartidistas en función de conseguir los votos necesarios para resolver las restricciones legislativas que limitarán su mejor y más distendido accionar. Para su mejor destino, el Senado demócrata será el contrapeso a la Cámara de Representantes dominada por los republicanos.  

Fue una batalla electoral intensa y respetuosa, no exenta de golpes duros. Obama ha ganado la elección con una ventaja que los medios no anunciaban. Las minorías insatisfechas reclaman una mejor vida y han vuelto a apostar a Obama. Con más moderación, con fuerte apoyo electoral pero sin la ola inicial de expectativa algo desmesurada, Obama y los demócratas tienen el enorme desafío de canalizar las inquietudes de cambios y renovación. ¡Menuda tarea!

 

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