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O como arriesgar la sustentabilidad del crecimiento Por Eduardo Blasina

publicado a la‎(s)‎ 11 may. 2013 10:02 por Semanario Voces
 

Cuando cenar en Uruguay es más caro que hacerlo en Berlín, es señal de que algo no está funcionando bien. Uruguay tiene precios de país rico.

No comparemos con la Argentina que cae al abismo de inestabilidad que morbosamente visita cada diez años. La Argentina está anormalmente barata. Pero esa comparación solo sirve para conocer el camino que no hay que recorrer..

Mirémoslo globalmente. La competitividad que mide el Banco Central ha caído consecutivamente en los últimos ocho meses.

Del 2010 a la fecha nos hemos encarecido 20% contra el promedio de nuestros socios. Y el desfasajes es mayor que el promedio con Brasil. Las otras veces que fuimos tan caros, y tan poco competitivos ante los vecinos, la economía estalló en devaluación. No pasará eso ahora. La incidencia del problema es menos estridente, pero está ahí.

Bien lo supo mi amigo el mexicano. Arquitecto él, enamorado de una uruguaya y cansado de la violencia de su país. Se instaló aquí, concretó varios proyectos, construyó media docena de coquetas casas. Pero al año y medio resoplaba “lo que son los costos!” “Es imposible!” Y allá se volvió a su tierra de chiles y frijoles.

Si bien los costos son de Primer Mundo, en el panorama salarial la situación es diversa. Los salarios son parte de los costos que han subido y debería defenderse un país de costos salariales altos.  Pero son muy dependientes de la capacidad de lobby del gremio en cuestión. Es posible que un obrero de la construcción gane más que un arquitecto que trabaje en el Estado.

No hay ninguna conspiración detrás del “efecto góndola”.

Algunos alimentos son caros porque se han vuelto muy valiosos. Ciertamente la carne uruguaya se ha valorizado y los quesos tienen un alto precio internacional, por razones circunstanciales. Pero el consumo interno se mantiene muy firme. El consumo por habitante de proteínas de Uruguay es sumamente alto y sigue creciendo.

No es fácil encontrar un país donde la leche valga menos que el agua y mucho menos que la coca cola. Aquí cuando hay bonanza se dispara la venta de refrescos de marca y de motos.

¿Qué hacen los buenos países productores de alimentos? ¿Qué hacen Australia y Nueva Zelanda? Para empezar tener una inflación cuatro veces menor a la uruguaya.

Con una inflación de 2% no hay efecto góndola. Con una inflación de más del 8%, cada ida a hacer un buen surtido semanal en un hogar, sale algunos pesos más que la anterior.

La estabilidad ayuda a generar condiciones de productividad del trabajo que permiten pagar salarios de primer mundo.

Hay otras causas locales. Tenemos el IVA de 22%, compite para ser el O mais grande do mundo.  Eso remarca todos los precios a una tasa que otros no tienen.

Y tenemos el combustible más caro del mundo, porque adoramos a los sagrados monopolios estatales.  Y tenemos un transporte que por años ha renunciado al ferrocarril.

¿Cuánto cuesta cultivar una hectárea de arroz en Brasil y cuánto en Uruguay? ¿Cuánto cuesta transportarlo 100 km a uno y otro lado de la frontera?

 

Parece estar marcado en nuestros genes el recorrido de encarecernos hasta que la economía se frene y un problema externo nos tumbe. La valorización de nuestra moneda es excesiva. Nuestra inflación es excesiva. Nuestro monopolio de combustibles es un exceso.

¿Qué pasa con estos costos si una epidemia de gripe aviar entre los chinos tirara el precio de la soja de US$ 500 a US$ 300? ¿Cuánto impactaría una salida de países de la zona Euro? ¿Y si Argentina estalla en una hiper devaluación, que pasa con las pequeñas industrias manufactureras locales, el turismo, la construcción?

Si se preservara el equilibrio de las cuentas del Estado, se bajara la tasa de interés local en pesos y el dólar se fuera tan solo a $ 21, no creo que ninguna crisis externa nos tumbara. Pero así como estamos, estamos asumiendo más riesgos de los deseables.

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