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OTRA VEZ NZ Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 23 nov. 2012 3:47 por Semanario Voces
 

 

En su última intervención a través de M24, el presidente Mujica habló de su estado de salud, sin ocultar detalles y sin hacer pamento, como se dice en nuestro país. La salud de un mandatario es una cosa pública no un secreto de Estado, lo que evita especulaciones de todo tipo. Pero la comunicación de Mujica también estuvo dedicada a un problema que pasa desapercibido para la mayoría de la población, que piensa en el campo como en una cuestión bucólica.

 

 Mujica alabó, sin embargo, el tremendo empuje que está mostrando el sector, y lo que podría ser para el país un aumento en la productividad, expresado en más unidades ganaderas. A ver. Para calcular el rendimiento de un campo dedicado a la ganadería, ya sea vacuna u ovina, se toma en cuenta el requerimiento alimenticio de una vaca Hereford que críe un ternero por año. De ahí se establece que eso es lo que puede alimentar una hás de campo. 1 Hás.=1UG. Su equivalencia en ovejas de cría es 0,25. Esto quiere decir que en una hectárea entran 4 ovejas de cría. Para saber si el campo presenta un aumento en la productividad, los números tendrían que variar así: 1,25 de vacas de cría querrá decir que en la misma hectárea se podrá alimentar 1 vaca y 1/4, y un aumento en las unidades ganaderas en ovejas de cría, podría ser que en lugar de cuatro pasemos a alimentar a 5 ovejas, por tanto, expresado en unidades ganaderas, las nuevas ovejas tendrían un valor 0,20. En Australia y Nueva Zelanda el cálculo se establece a partir de los requerimientos alimenticios de una oveja de 55 que pueda criar un cordero. Mientras en Uruguay tenemos un valor de 0,25, con 4 ovejas por hás, en Australia y Nueva Zelanda la equivalencia en UG es 0,16, con un mínimo de 6 ó 7 ovejas de cría en la misma superficie que Uruguay.

Esta diferencia es una gran diferencia en resultados finales, y, sin embargo, buena parte se explica por la variable del manejo. Con una labor pedagógica por parte del Estado se podría ayudar sensiblemente a que los pequeños productores aumenten sus resultados. Se ha intentado criar ranas toro, yacarés, ñandúes, nutrias, y esos emprendimientos han tenido, invariablemente, un mismo fin: el fracaso. En NZ la extensión promedio de los predios agropecuarios es de 232 hás., por tanto tiene un perfil netamente familiar, y, a pesar de eso, NZ es, por lejos, el principal exportador mundial de productos lácteos y el primer exportador de corderos. Representa el 35% del comercio mundial de lácteos, y el 65% de la comercialización mundial de corderos. Son cifras muy importantes para un país que tiene, aproximadamente, la misma cantidad de hectáreas aptas que Uruguay. Pero mientras NZ muestra una estructura social y productiva muy sólida, Uruguay ha diversificado su producción agropecuaria en desmedro de la familiar, que fue la tónica del campo uruguayo hasta la década del 50. Entre las modalidades que abandonó a su suerte está la producción ovina, uno de los sostenes de la economía familiar en el campo. Mientras la majada de NZ cuenta hoy con 31 millones de ovinos, la cantidad de ovinos en Uruguay descendió de 28 millones, treinta años atrás, a menos de 8 en la actualidad. Ha sido un descenso brusco, a cambio de nada o casi nada para el productor familiar uruguayo, que se ha visto desalentado por concentración de la tierra en menos manos y el estímulo a grandes proyectos, como el de la forestación, y el que, de hecho, acaba siendo un estímulo por las condiciones de explotación más favorable en el contexto regional, de la soja.

Si bien el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) desarrolla trabajos importantes para la ovinocultura, la extensión se pierde en un fárrago que no llega en forma de política prioritaria para dar un nuevo impulso a un sector que tiene cerca de dos siglos de experiencia. El Estado en NZ no favorece con subsidios a la producción agropecuaria, que se rige por la oferta y la demanda, interviniendo, eso sí, en el control del medioambiente, la bioseguridad y la inocuidad de los alimentos en la industria primaria. Para reencauzar lo que Uruguay perdió en materia de producción ovina bastaría con desplegar los recursos científicos con que ya cuenta, con la capacidad instalada de sus institutos de investigación, y con la definición de una política de desarrollo sectorial. Con sólo optimizar el manejo de un campo se puede atenuar la brecha que hoy existe en el promedio de parición, que luego repercutirá en la recuperación de la majada. Mientras el porcentaje de nacimientos en NZ en el último año fue de 119% respecto a la cantidad de vientres, en Uruguay no llega al 80%. Este es un típico problema de manejo, en el que el asesoramiento podría ser decisivo. Elegir el momento correcto para encarnerar, preparar las hembras y manejar correctamente los carneros es decisivo para elevar la tasa de natalidad; de la misma manera que las buenas prácticas sanitarias y alimentarias durante le preñez contribuirán a que nazcan corderos más fuertes y sanos, por tanto la tasa de supervivencia también será más alta.

Nueva Zelanda mantiene una fuerte presencia en varios mercados, consumidores de corderos, encabezados por el Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, Bélgica y China. Nosotros tenemos, para empezar, el mercado de Brasil, que es demandante de corderos de calidad. ¿Cuál es el secreto de la producción de carne ovina? Mantener en el campo los corderos no más de 5-6 meses. En Uruguay se los retiene durante un año con el fin de esquilarlos, y sacar un plus de lana mediocre, que lo único que consigue es entorpecer las tareas que llevan a un producto más definido, más predecible y más rentable.

En primer lugar se debería redefinir el propósito de las razas ovinas. En los países donde el ovino es considerado la principal actividad, postergando la ganadería bovina como accesoria, está muy claro lo que son razas cárnicas de las que se especializan en producción de lana. En Uruguay eso no está claro. Tenemos las venas cargadas de grasa ovina cuando hay razas que producen carne magra de mucho mejor sabor, e, incluso, las tenemos en Uruguay, no hay que pensar en trastocar todo para introducir nuevas genéticas. En segundo lugar, en la misma hectárea que mantenemos comiendo a cuatro ovejas que producen lana y carne de incierto valor podemos producir lanas finas, si la opción del productor se orienta en esa dirección. La boca de la oveja corta la misma cantidad de pasto para una buena o una mala lana. La especialización de la producción ovina es una de las cuestiones decisivas para que Uruguay pase de los 7 millones y pico de ovinos que tiene en la actualidad a los 28 millones que tenía 30 años atrás.

El gobierno uruguayo ha hablado de este tema, incluso ha impulsado iniciativas en la órbita del MGAP, pero de lo que se trata es de desatar la capacidad del Estado para encauzar una actividad que podría dar resultados a muy corto plazo. El ciclo económico de la oveja es corto, en un año se cierra y el cordero ya está vendido. Cuando se trata de promover políticas que favorezcan a los sectores más débiles de la cadena productiva agropecuaria, pocas pueden tener tantas posibilidades de aciertos como esta, que forma parte de nuestros oficios, por tanto de nuestra cultura.

 

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