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Otro impulso, otro freno Por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 14 may. 2011 14:26 por Semanario Voces



Capitalismo en serio pienso que es la frase clave para comprender el pensamiento político de Mujica y, en consecuencia, su acción o inacción. Es notorio que nunca terminó de aclarar el significado de esta idea, pero tenemos algunas pistas. En reiteradas ocasiones Mujica ha declarado que el socialismo no es para hoy -tampoco aclaró nunca qué era el socialismo- pero el no ser para hoy hace no sea imprescindible conocer su significado preciso. En una línea similar Marenales, uno de los radicales del MLN, también apoyaba la idea del socialismo como algo para el futuro. Con estos pocos elementos debemos manejarnos.

 

Yo soy un convencido -deduzco que Mujica piensa lo mismo- que el capitalismo tiene todavía larga vida, al menos medio siglo por delante. De modo que estoy de acuerdo con su idea del socialismo para el futuro. ¿Qué es entonces su capitalismo en serio? Según yo lo veo, hay dos extremos para el capitalismo: el capitalismo salvaje y el estado de bienestar, para ponerles algún nombre. En la versión salvaje, todo el poder está en las empresas, lo único que importa es el crecimiento económico y los negocios privados. Es la ideología de la derecha. En la versión de bienestar, todo el poder está en los trabajadores, lo único que importa es la distribución de la riqueza y la igualdad social. Es la ideología de la izquierda. Por cierto que una sociedad capitalista no puede funcionar en ninguno de estos dos extremos. En la versión de derecha, se llega al estallido social; en la versión de izquierda, se llega a la crisis económica. Para resolver este problema, la sociedad capitalista ha creado un mecanismo dialéctico: izquierda y derecha deben alternar para encontrar el equilibrio. Creo que esto es lo que piensa Mujica cuando habla de capitalismo en serio. Por eso habla con los empresarios y apoya simultáneamente a los reclamos sindicales. Por eso habla con la oposición y busca acuerdos.

 

De todo esto resulta la peculiar dialéctica del capitalismo. Igual que todas las sociedades de clases, hay una contradicción insalvable entre los empresarios y los trabajadores, pero unos dependen de los otros. Si desaparecen unos, también desaparecen los otros. Por esta razón la permanencia de la sociedad capitalista se logra alternando la izquierda y la derecha en el poder. La idea de la izquierda radical, que hay que destruir al enemigo de clase, es suicida: al desaparecer los empresarios, también desaparecen los trabajadores. Una cosa es luchar, otra es aniquilar; se lucha para lograr el equilibrio. También esto vale para los empresarios.

 

Veamos ahora al Frente Amplio. Fue fundado en tiempos de la guerra fría, cuando el socialismo real parecía que dominaría al mundo. Yo diría que todos los grupos que los integraban creían que el socialismo estaba al alcance de la mano. La revolución cubana y el triunfo de Allende en Chile lo sugerían claramente. Pero la historia material tenía reservada una sorpresa. En menos de 20 años esta ilusión se desvaneció.

 

En un artículo anterior sobre la perestroika en Cuba intentaba mostrar que el socialismo real, al no destruir a los asalariados, tampoco destruyó a los propietarios de los medios de producción y solamente construyeron una variante de la sociedad capitalista que, finalmente, debió aceptar a la realidad económica. Esto es lo que yo llamo la perestroika.

 

Hasta 1950 -fecha convencional- Uruguay era competitivo en la producción de carne y tenía una oportunidad con la lana. Las cifras muestran que Uruguay producía carne con las mismas horas de trabajo que los Estados Unidos. Pero a partir de esta fecha las cosas cambiaron. En el mundo de posguerra ocurrió la llamada revolución verde (de la cual en Uruguay jamás oí hablar) que consistía en tres elementos básicos: los fertilizantes sintéticos; los insecticidas y las nuevas variedades híbridas de animales y vegetales. Estados Unidos, que siempre fue una potencia agrícola, con esto multiplicó su producción y encontró un camino nuevo para la producción de carne: el feedlot, la alimentación del ganado mediante cereales. Esto mejoró enormemente la productividad. Los precios internacionales de la carne y de los cereales comenzaron a descender. Todos los países productores de alimentos que no hicieron la revolución verde comenzaron a perder los mercados y a entrar en crisis. Uruguay y Argentina son dos excelentes ejemplos.

 

El resultado de la revolución verde comenzó a sentirse en la década del 50. Ocurrió primero el cambio de partido de gobierno, luego movimientos revolucionarios y finalmente una reacción violenta de derecha. En definitiva, lejos de creer en la teoría de los dos demonios, yo creo que en la historia hay un único demonio que es la producción material. La crisis económica, los tupamaros y la dictadura no son sino la consecuencia directa del feedlot, por esquemático que esto parezca. Un factor decisivo para la creación del Frente fue la crisis económica que sufrió el Uruguay. La propuesta era simple y directa: la culpa de la crisis la tenía el capitalismo y los gobiernos de derecha. En cierta medida era cierto que la derecha tenía la culpa de la crisis por no haber modernizado la producción del país, pero la respuesta no era el socialismo como quedó demostrado con el colapso de la URSS y las reformas de China, para citar solamente dos hechos emblemáticos.

 

 El Frente Amplio a partir de 1990 -luego del colapso soviético- inició un doble proceso de acumulación de fuerzas y de moderación en su propuesta socialista. Este proceso se alimenta uno al otro: más acumulación de seguidores exigía diluir la propuesta socialista y menos propuesta socialista permitía obtener más seguidores, nuevamente otra relación dialéctica. Así el Frente llegó al poder. Hoy el Frente Amplio tiene, como consecuencia de su acción, dos corrientes de opinión: los viejos frentistas continúan aferrados a la idea de socialismo y los nuevos frentistas, que escaparon de los partidos tradicionales debido a la crisis económica, tienen la ilusión de una salida casi mágica.

 

Regresemos al capitalismo en serio. Creo que resulta claro que la producción agropecuaria debía evolucionar. La llegada de capitalistas en serio desarrolló el cultivo del arroz hace unas décadas, luego la forestación y recientemente, el cultivo de la soja. El ingreso de China como primera potencia manufacturera determinó que los países pequeños -Uruguay es muy pequeño- no tienen escala para la producción fabril. Por eso se cerraron las fábricas durante los noventas -y no por una política neo-liberal- y esto provocó una enorme desocupación y marginación en Uruguay. Sin duda los empresarios industriales son responsables de no haber advertido que muchas industrias -textiles, vestimenta, electrodomésticos y otras- estaban condenadas y se debían orientar los capitales y los esfuerzos hacia otras áreas. Al mismo tiempo aparecieron otros capitalistas en serio que se ocuparon del turismo, la logística, las industrias culturales, la consultoría, el software o la biotecnología. No es casual, entonces, que Mujica hable a los empresarios desde la sede emblema del sector mayor de exportación del país: el hotel Conrad y el turismo. No usa la Rural del Prado y esto es significativo.

 

Veamos entonces en qué situación se encuentra hoy Mujica. Por un lado comprende que en los próximos años Uruguay debe fomentar la producción capitalista en serio pero debe, al mismo tiempo, contemplar a las exigencias de los trabajadores. Debe mantener la ilusión de un socialismo pero a sabiendas que está muy lejos y sin dar muchas esperanzas. Sabe que la alternancia de izquierda y la derecha es el único camino de estabilidad a largo plazo, por eso tiende puentes hacia la oposición. Desconfía de la burocracia que todo lo paraliza, pero los compañeros que son confiables y leales, no son aptos para administrar, porque la buena administración es algo que no se improvisa. Sabe que los marginados son el resultado de la inacción de los gobiernos de derecha y los empresarios en broma que dependían de los favores del gobierno, pero también sabe que no debe aceptar a los delitos de estos marginados. En resumen, se maneja dentro de una larga lista de contradicciones que lo hacen oscilar de un extremo al otro. No quiero repetir la (desprestigiada) frase -cuyo origen nunca fue aclarado del todo- de como te digo una cosa te digo la otra, pero es un enunciado dialéctico que permite moverse entre las contradicciones.

 

La inacción de Mujica es el resultado de una pléyade de contradicciones que todavía no ha podido resolver y posiblemente no pueda hacerlo durante su gobierno. Desde antes de que fuese presidente me imaginaba esta situación y, un poco en broma y un poco en serio, decía que el gobierno de Mujica tendría tres posibles finales: no haría nada, inmovilizado por las contradicciones; o renunciaría, por la frustración de no poder hacer nada; o intentaría el capitalismo en serio y moriría en el intento.

 

 


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