Artículos‎ > ‎

Paradojas de la lucha contra la impunidad Por Oscar Sarlo

publicado a la‎(s)‎ 6 may. 2011 9:13 por Semanario Voces



Es sabido que los uruguayos tenemos una manera paradojal de designar nuestros objetos más familiares. Aprendimos que nuestra geografía tiene una "Punta Gorda", un "Arroyo Seco” y un "Cerro Chato", a los que pronto se agregará una “mina a cielo abierto”. También nos pareció ocurrente tener un "Penal de Libertad" en plena dictadura, y un estadio "Charrúa" en pleno parque “Rivera”, para que exterminados y exterminador quedaran reconciliados para siempre. Y desde luego, las prácticas sindicales crearon el uruguayísimo paro “general-parcial”.

Mientras esta curiosa costumbre se aplica sólo a cosas o hechos, no hay problema. El problema aparece cuando es la legislación –universalmente destinada a orientar nuestro comportamiento de una manera clara- que utiliza expresiones paradojales. Tales vicios no son nuevos: ya el Decreto-Ley sobre Defensa Pasiva de 1942 creaba el “voluntariado compulsivo”, y más recientemente numerosas leyes consagran “derechos irrenunciables” (para trabajadores, menores, autores, etc.), que en realidad son obligaciones! y los “feriados laborables”…Si no fuera porque son posteriores, podríamos pensar que el origen de todo este embrollo está en nuestra propia Facultad de Derecho, que forma a los abogados en cursos “Libre-controlados”.

Ahora, el proyecto de Ley Interpretativa fortalecerá nuestra idiosincracia paradojal con nuevos aportes.

 

a)      Será la primera ley que –explícitamente- se dicte en cumplimiento de una sentencia judicial. Desde Kelsen en adelante, estaba bastante claro que las sentencias judiciales se fundaban en las leyes y no al revés. También sabíamos que los fallos de inconstitucionalidad tenían efecto sólo en el caso sobre el que recae, sin afectar a la ley. El parlamento, si lo juzgaba políticamente conveniente, podía dictar una ley derogando o modificando la declarada inconstitucional, pero nunca “en cumplimiento” del fallo, por la sencilla razón que esos fallos –en nuestro País- ¡no condenan al Parlamento ni le obligan!                                                                                                                                                                              

b)      Será la primera vez que un Parlamento interprete un texto inexistente, por presentar una “ilegitimidad manifiesta” cuyos artículos “carecen de valor jurídico alguno”. Hasta ahora teníamos entendido que la interpretación era una función destinada a explicar, desarrollar, aclarar textos que se consideran válidos, y por eso mismo se interpretan. Es imposible interpretar una disposición que se juzga inexistente, ilegítima o carente de valor. Es algo así como la cuadratura del círculo…                                                                                                                

c)      Resultará también paradojal que lo que el Parlamento no se anima a hacer con sus atribuciones (derogar o anular la LC) espera lograrlo invadiendo la competencia intransferible que tienen los jueces para interpretar las disposiciones legislativas. Ahora la LC seguirá estando pero estarán obligados a interpretarla como quiere la actual mayoría parlamentaria. ¡Napoleón se hubiera maravillado por el ingenio de los uruguayos!

d)      Por si esto fuera poco, la fundamentación es paradojal: se argumenta que no se quiere derogar ni anular, porque hay que respetar la mayorías plebiscitarias… que de todas maneras “no siempre tienen razón”…pero por las dudas se fuerza el voto de la minoría mediante la declaración coactiva de “asunto político”... Con lo cual, al final uno ya no sabe si las mayorías valen algo o no; y si la política que practicamos tiene que ver con la capacidad para convencer mediante razones públicamente debatidas, o tiene que ver con meras decisiones, carentes de fundamentación. Porque digámoslo claramente: una decisión (ajustadísima) obtenida sobre la base de razones contradictorias o no compartidas por todos, poco tiene que ver con una política concebida democráticamente. 

 

Cabe preguntarse si se trata de: ¿errores de “técnica” o de abusos de “técnica”?  Yo creo que es fruto, antes que nada, de la incapacidad que tenemos los uruguayos para llamar las cosas por su nombre, y asumir las responsabilidades consiguientes. Soñamos con resultados mágicos, y la posibilidad de realizarlos mediante “inofensivos” juegos semánticos. Así como hace 25 años, quienes hoy se rasgan las vestiduras desde la oposición, aprobaron una amnistía sin animarse a nombrarla,  hoy se busca aprobar una anulación de esa amnistía sin llamarla por su nombre, porque sino tampoco estarían los votos. En suma: seguimos empantanados en el mismo barrial institucional. Y la cuestión es siempre la misma ¿cuándo nos tomaremos en serio las instituciones? ¿Cuándo aceptaremos que la política en una democracia es el arte de convencer mediante argumentaciones públicas?

Algunos seguimos creyendo que cambiar la política en nuestro país, no puede significar hacer lo mismo que antes con sentido contrario, sino hacer las cosas de otra manera, hacerlas bien.

 

 

 

 


Comments