Artículos‎ > ‎

Para el carnaval del 2013 Por Pedro Mosca

publicado a la‎(s)‎ 29 nov. 2012 13:58 por Semanario Voces
 

 

Temas sobran. El último, interesante, el de la rebaja de las aspiraciones salariales de los transportistas de la bebida. Claro, en vísperas del verano, y con experiencias previas en el asunto, los patrones cedieron rápidamente a unas demandas que peso más o menos no los afectan casi nada dados los precios desmedidos de la birra en las “puntas” varias del verano oriental.

Lo que pegó fuerte fue la declaración “antiobrera” del gobierno de izquierda, que le dio pasto a los radicales de siempre para alimentar el resentimiento “antiburgués”, ya legendario. En la navegación política el gobierno aprecia tener timoneles que nos lleven por la tormenta de la recesión mundial sin pegarnos contra el iceberg de la inflación, y por ahí saltó imprudentemente el asunto de los aumentos inconvenientes versus los triunfos de la clase obrera. Así no se va al paraíso, claro.

Lo que no parece llamarle la atención a nadie son las declaraciones entusiastas de Oscar de los Santos haciendo propaganda de las facilidades para la inversión inmobiliaria en Maldonado. Más altura, más puertos, más construcción. En textuales palabras, típicas del lenguaje marquetinero neoliberal, que el intendente pronunció sin entreverarse en lo más mínimo: “desarrollo”, “construcción”, “inversión”. Nada de lo que afirma le preocupa mucho al movimiento obrero. Para el SUNCA, cuanto más de todo eso haya, mejor. Trabajaremos hasta que aguante, y después se ve, como siempre.

Nadie le dio mucha pelota al nuevo puente del arquitecto uruguayo ese que parece que es un genio, aunque sea un genio de la distracción. Como haciéndose el boludo, el puente se va pareciendo cada vez más a un puente y menos a esa payada ecológica del puente flotante –que nadie supo por qué era ecológico-. Total, más tema para las murgas, y el paisaje uruguayo sigue haciéndose pelota, la costa cada vez más destruida, y el futuro más incierto para la verdadera sustentabilidad. La verdadera, no ese adjetivo que le ponen los políticos a todo para estar a tono.

Pero ya hemos hablado mucho del disparate de la laguna Garzón y todo eso.

Lo interesante es que el entusiasmo por la construcción no viene acompañado de un “parate” como en el caso de los sueldos de los “birra-transporters”. Aún a la vista del colapso americano y de la catástrofe española, nadie hace el más mínimo esfuerzo por controlar la evidente burbujita inmobiliaria que estamos gozando, como en los mejores tiempos de la tablita y el neoliberalismo de Lacalle en los años 90. Todos saben –incluido el SUNCA- que esto se acaba en cualquier momento. Se acabó en todos lados, incluso en Panamá. Son buenos tiempos para plantearse una orientación sustentable de la presión de los capitales sobrantes que pululan construyendo metros cuadrados sin ton ni son. Aparte de algunos capitales que son tan pocos que pueden calificarse de monopólicos, la construcción se alimenta de las sobras de la economía. De las sobras de las exportaciones de arroz, de soja y de madera. Generan inflación, obviamente, del costo del metro cuadrado y de toda la economía. Así como la construcción pudo ser llamada al “locomotora” de la economía por su capacidad de generar amplias cadenas de producción y consumo, podría ser llamada también la “caldera” de la inflación, por su capacidad de recalentarse fácilmente y hacer reventar toda la tubería de la economía.

Es obvio que a los gobernantes no les importa, independientemente del color político (y acá no voy a hablar de izquierda y derecha). No lo hace el intendente de Maldonado, pero tampoco la intendenta de Montevideo, autorizando metros y metros por encima de las normas, saturando las zonas valiosas con una densidad que amenaza con colapsar la ciudad, sin que se perciba el más mínimo esfuerzo de sus técnicos por resolver las cuestiones centrales: transporte público, organización del tráfico, recuperación habitacional del centro, etc. De todas estas cosas ya hemos conversado aquí. Hay que ver cómo se invierte en las periferias y se abandona el centro, demasiado complicado para una intendencia sin ideas.

Pero hoy el tema es la inflación.

Estamos frente al drama de que crecer nos hace pobres. Esto fue imprevisto. Parecía que ganar más era bueno, y que nos haría felices. La realidad parece decir que el tema pasa por equilibrios de otra clase. Que hay que saber guardar, organizar, conservar lo bueno y transformar lo malo. No destruir lo bueno para garantizar la ganancia de algunos que nos chantajean con la amenaza de irse a invertir a otro lado.

Seguro que las murgas van a cantarle a los transportistas del beberaje, pero me gustaría que alguien le cantase a los que nos hipotecan cada día con proyectos que nos llevan igual a la inflación, por otros caminos.

 

Comments