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Pelea de viejos Por Pablo da Silveira

publicado a la‎(s)‎ 31 may. 2013 15:52 por Semanario Voces
 

Todo lo ocurrido en torno a las cartas de Amodio Pérez deja bien parada a la prensa y mal parado al MLN. Los medios que recibieron las cartas actuaron con prudencia justificada. Todos tenían la presunción de que las cartas podían ser ciertas, pero nadie tenía total certeza. Y nadie quería hacerle el juego a una eventual camarita de conspiradores. Puede que esos medios hayan jugado conservadoramente, pero tenían razones válidas. No hay razones, en cambio, para que Amodio se queje de que no le publicaran las cartas de inmediato, dado que sus propios procedimientos generaron la incertidumbre.                                                                            El Observador, que no se contaba entre los receptores iniciales de las cartas, jugó con agilidad e imaginación. Tomó riesgos calculados, hizo una apuesta que pudo no haber funcionado y finalmente se quedó con el premio mayor. Felicitaciones. Nos dio a todos una lección de periodismo aguerrido.                                                                                                                                     Todo lo demás huele a viejo y a podrido. Las cartas de Amodio Pérez confirman la imagen que muchos tenemos del MLN-Tupamaros. Lejos de ser un modelo de claridad de objetivos, buena organización y lucidez estratégica, fue desde siempre una banda de aventureros que quiso jugar a la revolución cubana con un grado de irresponsabilidad apenas imaginable. El dolor que causaron (ajeno y finalmente propio) no tiene nada parecido a una justificación.                                  Lo peor es que, por lo visto, no aprendieron gran cosa. La primera dama declaró a Amodio Pérez “un hombre muerto”, una expresión poco apropiada en boca de alguien que estuvo involucrado en actividades que condujeron a homicidios. Zabalza contestó con una mezcla de paranoia y agresividad desaforada. Pura descalificación, puro insulto y puro sofisma, como suponer que los largos años de prisión que alguien haya padecido, por injustificables y terribles que sean, den razón a sus ideas y a sus acciones previas. Nada de rescatable en esas reacciones.                                                                                                                                                            ¿Es Amodio un traidor? Lo que este episodio sugiere es algo más confuso y oscuro.                              Las cartas enviadas desde España confirman que muchos de los tupamaros capturados por el ejército dieron información a sus captores. Poca o mucha, pero la dieron. No hay nada de condenable en eso. La verdad pura y simple es que casi nadie puede resistir a la tortura. Así somos los seres humanos: el dolor físico nos quiebra. Lo demás, en casi todos los casos, es leyenda y olvido selectivo.                                                                                                                                                     Lo otro que queda claro, aunque ya fuera sabido, es que, de algún modo u otro, todos intentaron negociar con los militares. Lo hicieron casi todos los dirigentes del MLN (como lo reconoce Fernández Huidobro en sus libros) y también la gran mayoría de la izquierda y la CNT, cuando intentaron acercarse a los supuestos militares peruanistas en febrero del 73. Todos intentaron negociar porque todos compartían (y compartían con los militares) un igual desprecio por la democracia. Probablemente la diferencia entre Amodio Pérez y casi todos los demás es que Amodio negoció con los militares correctos (los que realmente tenían el control y estaban negociando en serio) mientras que los otros lo intentaron con los militares equivocados (los que finalmente no tuvieron el control, o simplemente fingieron). De paso, vale la pena recordar que Amodio no fue el único que salió de la cárcel al exilio. ¿No fue ese el camino de Rodney Arismendi?                                                                                                                            La discusión sobre los papeles de Amodio es una discusión de viejos. A los que nacimos más tarde (y nos comimos enterita una dictadura que no contribuimos a instalar) no tiene nada que pueda interesarnos. O, en todo caso, sólo nos interesa como confirmación de algo también sabido: la historia oficial tupamara (que empieza diciendo que el MLN nació como respuesta a un gobierno de Pacheco que todavía no existía) es una mezcla de mentiras deliberadas y mitos descontrolados que la hace indigna de casi todo crédito.

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