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PEPE Y CRISTINA Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 11 abr. 2013 6:38 por Semanario Voces
 

¿Cuánto inciden en la historia los actos y los rasgos de personalidad de los líderes, de los hombres y mujeres que cumplen papeles protagónicos en la misma historia?

La pregunta es casi tan vieja como el mundo. Y –como la manida adivinanza sobre el huevo y la gallina- no tiene respuesta satisfactoria

¿Habrían sido las guerras púnicas lo que fueron para Roma sin la personalidad de Aníbal, el cartaginés? ¿Cuánto habría demorado Europa en descubrir a América sin la obsesiva perseverancia de Cristóbal Colón? ¿Habría habido una Alemania nazi sin la magnética megalomanía de Adolf Hitler? ¿Habría resistido Inglaterra la Segunda Guerra Mundial sin el duro liderazgo de Winston Churchill?

La respuesta a estas preguntas es casi imposible y probablemente inútil. ¿De qué sirve hacer historia contrafáctica? ¿Qué sentido tiene imaginar lo que habría pasado si la realidad no hubiera sido lo que fue? En la historia existieron Aníbal, Colón, Hitler y Churchill, entre muchos otros personajes,  y los hechos que ocurrieron contaron con ellos, para bien o para mal.

El asunto se vuelve ocioso cuando pasa el tiempo y la vida cotidiana se vuelve historia, irrepetible e inmodificable. Pero, ¿qué ocurre cuando la vida está transcurriendo y las actitudes individuales de ciertas figuras parecen estar determinando el futuro?

LOS PROTAGONISTAS

El Pepe y Cristina. Cristina y el Pepe. Los dos son hoy protagonistas de un nuevo capítulo de la ya interminable telenovela rioplatense. Esa que hasta hace poco tenía como pareja estelar a Tabaré Vázquez y a Néstor Kirchner.

Los uruguayos sabemos bastante bien quién es el Pepe, por lo menos conocemos al personaje público que encarna con constancia (la mismidad de cada persona es cosa misteriosa e impenetrable, a menudo también para la propia persona). Sabemos que es una extraña mezcla de herrerista y anarquista, canario bruto y canario pícaro según se cuadre, con propensión a la filosofía existencial y a los exabruptos, poco afecto a los profesionales universitarios, habilísimo comunicador, viejo malhumorado cuando le conviene (y a veces también cuando no le conviene), ex guerrillero que descree de la fuerza y no quiere pelearse en serio con nadie, caudillo astuto de orientaciones cambiantes y a veces desconcertantes.

¿A dónde va el Pepe con su gobierno? Es difícil decirlo. Tal vez se conforme con salir bien parado. Con que su mandato termine sin caos y sin mucho alboroto. Quizá crea realmente que las inversiones extranjeras y algunas obras de infraestructura (¿el puerto de aguas profundas?) lo van a justificar ante la historia.

¿Por qué dijo lo que dijo sobre Cristina Fernández?

Las visiones maquiavélicas y conspirativas pueden pensar que lo hizo a sabiendas. Que quiso enviar un mensaje de hartazgo hacia Argentina y una señal de acercamiento a Brasil. Lo cierto es que, después de algunos éxitos iniciales, las cosas con Argentina no le iban bien. Y es obvio –lo ha dicho él mismo- que, cuando las cosas no van bien con Argentina, al Uruguay tradicionalmente le queda “recostarse en Brasil” (almohada dura y espinosa, si las hay).

Pero es mucho más probable que no hubiera una jugada oculta detrás de las palabras del Pepe. Quizá simplemente se confió y, creyendo no tener micrófonos, comentó algo en confianza.

En el fondo no importa demasiado cómo o por qué ocurrió. El mensaje fue enviado y recibido. Y las consecuencias, no necesariamente sólo las malas, vendrán.

CRISTINA

¿Qué decir de Cristina? Bueno, que es linda y que tiene algunos añitos, claro. Además parece ser bastante terca y orgullosa (tal vez con motivos). Y, sobre todo, no olvidemos que es peronista.

¿Qué significa ser peronista?

Buena pregunta. Y difícil para los uruguayos.

Si uno lo piensa a lo largo del tiempo, descartando lo anecdótico, el cerno del peronismo es la conquista y la administración del poder. Pero no del poder en cualquier forma. El poder para los peronistas es inseparable del apoyo popular. No es a través de intrigas cortesanas –aunque las use- que se legitima el poder peronista. Ni tampoco a través de mecanismos institucionales –aunque no los desdeñe. Es a través del apoyo popular, potencialmente manifestado en la calle, además de en las urnas.

Eso determina muchas cosas. El peronismo históricamente ha ganado el apoyo popular a través de políticas que transfieren recursos al pueblo. De hecho, su origen es haber llevado al pueblo al disfrute de recursos que antes acaparaba la oligarquía. Que parte de esos recursos se pierda en los bolsillos de los líderes peronistas es un hecho conocido y diría que aceptado. Lo esencial es que otra parte no menor vaya al pueblo y sea administrada por la compleja estructura de los “punteros” peronistas. Pueblo, dinero y poder es la fórmula para ser jefe peronista

La diferencia entre el peronismo de izquierda y el de derecha no está tanto en cuánto reparten ni en cuántos vueltos se quedan, sino en de dónde obtienen el dinero. Menem lo obtuvo vendiendo empresas públicas y recursos naturales del país. Los Kirchner lo obtienen cobrándole detracciones “al campo”, a los enriquecidísimos productores de soja. Después, con esa plata, Menem y los Kirchner hacen lo mismo: ganar apoyo popular y poder, por eso son peronistas.

¿QUÉ HACER CON ARGENTINA?

La lógica peronista, que en buena medida es la lógica de los argentinos, no es demasiado sensible a razones ni a argumentos. El poder se demuestra ejerciéndolo y para eso no son necesarios buenos modales ni delicadezas.

¿Cómo puede haber leído Cristina las palabras del Pepe?

Con ojos peronistas leyó: este tipo está harto. Y con mente peronista pensó: ¿puede hacer algo contra mí, o puedo arrasarlo?

Ignoramos qué se respondió. Sin duda, no le tiene miedo al Uruguay ni al Pepe. Pero los juegos internacionales son complejos y Argentina puede tener interés en que Uruguay no se recueste demasiado en Brasil, o en cualquier otro país o estructura internacional.

Además Cristina acaba de tragarse un sapo enorme: el de tener que ir a visitar al Papa Bergoglio, a quién había hecho hacer antesala y se había negado a recibir poco antes de que fuera Papa. Tal vez a ello se deba que la propia Cristina haya moderado la respuesta dada por la cancillería ante el exabrupto del Pepe. 

En definitiva, es impredecible qué ocurrirá en las relaciones con Argentina., pero algo podemos tener por cierto. Lo dicho por el Pepe no será el factor que lo defina. Hay factores más decisivos que los caprichos y desboques de los hombres y mujeres que circunstancialmente nos gobiernan. Los buenos políticos/as lo saben y cuentan con ello.

 

 

 

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