Artículos‎ > ‎

Perdiendo el tiempo, por unanimidad Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 3 abr. 2011 14:56 por Semanario Voces


Si nos apartamos por un momento de la coyuntura política, económica y social en la que estamos, y sobre la cual somos aturdidos en tiempo real por diversos medios y con noticias y opiniones sobre diversos temas, de la más variada magnitud e importancia, aunque por lo general tirando a menos que a más, y nos detenemos a analizar “cómo deberían ser las cosas” en lugar de “cómo son”, podemos agregar valor al análisis de aquella coyuntura.

 

 

 

Claro está que esto del conflicto entre el ser y el deber ser, entre lo positivo y lo normativo, depende del cristal a través del cual se mira, por parte del que mire: en este caso, yo.

 

Pretendo salirme por sólo unos párrafos de la coyuntura para imaginar cómo deberían ser las cosas en este momento tan particular que vivimos como país, con un extraordinario crecimiento de nuestra economía, estando como pocas veces en el selecto grupo de países que son mirados con atención desde afuera y en el cual muchos quieren poner sus fichas. Otras veces nos han mirado por malas razones: guerrilla, dictadura, crisis económicas, inflación, devaluaciones.

 

Y más allá del cristal con el que se mire, no debería haber mayores diferencias al expresar que un momento así debería ser aprovechado. Yendo un paso hacia delante, tampoco deberíamos discrepar en cuanto a que ese aprovechamiento debería ser referido a aquellas cosas que, o bien se hacen cuando se está muy bien o bien se hacen cuando se está muy mal, y no hay más remedio. Si damos otro paso hacia delante ya surgirán las diferencias de punto de vista y algunos pensaremos que es la oportunidad óptima para hacer algunas cosas y otros pensarán que lo es para hacer otras.

 

En mi opinión las cosas que habría que hacer, en aspectos estructurales, son básicamente tres y se refieren al funcionamiento del sector público, de la enseñanza pública y del sistema de seguridad interna. Como podrá comprobar el lector, mi agenda no es sustancialmente diferente a la del gobierno. Aclaro que no incluyo la distribución del ingreso (prefiero hablar de políticas sociales) porque pienso que se trata de una función esencial del Estado que debe ser tenida en consideración en forma permanente, en tiempos buenos y malos, naturalmente, con enfoques diferentes según sea el signo de la coyuntura.

 

Las tres reformas estructurales requieren de recursos para ser instrumentadas y en tiempos como los actuales los hay. Pero como esos recursos son finitos por definición y más aún porque el viento de cola no será eterno, deben ser utilizados con gran precisión y evaluación costo-beneficio, todo lo contrario a la imagen de repartir caramelos a la salida del colegio. Aquellas reformas también requieren de cabezas pensando y como las cabezas que piensan en los gobiernos son pocas (no sólo en el actual, en todos) el hecho de tener tranquilos los frentes que muchas veces consumen horas de cabezas pensantes, libera este tipo de recurso para lo estructural, lo permanente.

 

Volvamos a la realidad mediante un aterrizaje forzoso. ¿Cómo venimos en la realidad con relación al “deber ser”? Lamentablemente, la realidad nos muestra una vez más entreverados en temas y conflictos menores y con un nivel apenas declarativo con relación a los temas estructurales referidos. Demasiado ruido en temas menores y pocas nueces en los importantes.

 

Lo más curioso resulta que el gran lío proviene desde dentro del gobierno. Es dentro del gobierno donde se abren frentes insólitos que pretenden distraer los recursos económicos que deberían aplicarse a las reformas y que sin dudas distraen algunos de los mejores recursos humanos del propio gobierno, las cabezas pensantes a las que me referí anteriormente.

 

En el plano económico y social se tira sobre la mesa el tema de la distribución del ingreso pretendiéndose desconocer los éxitos económicos y sociales que se han venido alcanzando. Se habla del tema como si estuviéramos en medio de una gran crisis y al gobierno no le importara la cuestión, cuando crecemos como nunca, bajan pobreza e indigencia y se vuelcan crecientes recursos a los programas sociales, que por otra parte se van progresivamente perfeccionando.

 

También en lo económico se sacuden las expectativas de los agentes con el tema impositivo, cuando la misma fuerza política produjo una reforma en esa área hace sólo cuatro años. Y se alentó la entrada de todos quienes quieran a participar de una especie de juego que podría llamarse “cree o derogue su propio impuesto”, banalizándose un tema de los más complejos y que requiere de conocimiento y estudios.

 

En el plano político integra el gobierno un partido, como el Comunista, que un día sí y otro también, se opone al propio gobierno y cuya representante en el gabinete hace prevalecer sus preconceptos por sobre las líneas del gobierno. Y, lo peor, la ministra sigue en el cargo y su partido en el gobierno, dándose una pésima señal sobre cómo funciona el sistema de incentivos.

 

De la reforma del Estado ya ni se habla, de la enseñanza se habla mucho pero en idiomas distintos y todos coexisten en un régimen que da participación en detrimento de la ejecutividad. Y de la seguridad también se habla mucho y se hace muy poco, dándose lugar a que surjan propuestas radicales que razonablemente concitan el apoyo de la gran mayoría de la opinión pública que teme por su seguridad.

 

La caducidad y el “video” han desplazado de los titulares a la función pública, la seguridad y la enseñanza. Y a la devaluación de los temas de agenda también contribuye la oposición.

 

La Ley de Caducidad fue un mal instrumento para una buena solución. No debería existir, porque choca contra principios internacionales del derecho. Pero existe y como toda ley que existió un día, generó efectos jurídicos. No se puede decir que no existió ni que no generó esos efectos. Una biblioteca sostiene que hay un derecho supranacional referido a los derechos humanos que está por encima de las propias constituciones: si la mayoría de los uruguayos quisiera reestablecer la esclavitud, no podría hacerlo. A eso (y sólo a eso) se refirió Tabaré Vázquez el otro día y la oposición lo sacó de contexto y pretendió hacer caudal de ello.

 

Lo del “video” es de Ripley. Pero también lo es que la oposición llame a interpelación a los ministros por ese tema. Será otra instancia en la cual se devaluará un instrumento que supo hacer historia y cuyo uso últimamente da pena. Nadie saldrá prestigiado de ese evento.

 

¿Y la oposición? Es difícil que marque agenda cuando hay un gobierno con mayoría propia. Hasta ahora la posibilidad de incidir ha sido la excepción y no la regla. Las cosas pueden cambiar si el Presidente decide ir adelante con su agenda aún con bajas en la adhesión de algunos de sus compañeros.

 

De todos modos, los esfuerzos de la oposición están más encaminados que a gobernar, a pensar en el próximo proceso electoral. Uno de los partidos aspira a recuperar la segunda posición y en el otro, los dirigentes están ocupados en ver qué lista encabezarán en el próximo Senado, dejando la impresión de que también dan por perdida la elección.

 

Si será fuerte el viento de cola que da para perder el tiempo de este modo y no se nota.

 


Comments