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PLATA QUEMADA Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 20 jul. 2012 7:54 por Semanario Voces
 

 

Venezuela se convirtió en 2011 en el principal cliente de armamento militar ruso. Actualmente se está concretando una nueva partida de equipamiento que consiste en dos batallones de tanques T-72B1V por un valor de U$D 4.000 millones, para lo que contraerá una deuda a siete años, con un interés anual del 7.4%, mientras, Venezuela entrega su petróleo a países de Petrocaribe al 1%, y a un plazo de 25 años. Con anterioridad había incorporado a su arsenal, 28 aviones caza SU-30MK2, 53 helicópteros MI-35 Y MI-17, 10 aviones de ataque Mi-35M2, 2 Mi-172/VIP presidencial, 3 Mi-26T2 de carga pesada, 9 submarinos, 92 tanques T-72 B1, 240 vehículos blindados BMP-3M Y BTR-80A, morteros autopropulsados, lanzamisiles múltiples GRAD de 122mm., sistemas de artillería antiaérea, 5000 fusiles de precisión Dragunov, 1000 lanzacohetes portátiles antitanque RPG-7V2 y 100 mil fusiles de asalto Kalashnikov, de los que también compró la licencia y las plantas para su fabricación en Venezuela, en Maracay, como también la planta para fabricar su munición. Se supone que en 2012 ya estaría fabricando el modelo de fusil AK-103. Se calcula que en los últimos seis años, Venezuela lleva gastados U$D 15.000 millones en material militar procedente de Rusia, Bielorrusia, China y España. En la rueda de prensa que los presidentes Putin, de Rusia y Chávez mantuvieron en 2010, en el marco de la concesión de un préstamo por U$D 4.000 millones para compras militares, una periodista de la BBC le preguntó a Chávez cuánto llevaba gastado en material militar en Rusia, y Chávez respondió que no sabía cuánto, pero dijo que todo estaba justificado porque se trataba de la defensa de la patria. “Anda, pregúntale tú a Obama… ¿Cuántos aviones tiene Obama?”

Ni poniendo todas las reservas de petróleo sobre la mesa Venezuela estaría en condiciones de competir con el principal fabricante de armas del mundo, y, seguramente, tampoco podría competir en el plano militar, en caso de un posible enfrentamiento. Todo esfuerzo económico por construir una defensa militar suficiente, en la hipótesis de un enfrentamiento armado con Estados Unidos, es plata quemada. Defender el territorio frente a una invasión es otra cosa, como lo demuestran todos los días en Irak y Afganistán milicianos de una fuerza en la sombra. Pero la mayor parte del armamento que Venezuela está adquiriendo parece destinado a otro fin. Salvo los fusiles de asalto Kalashnikov y los destinados a francotiradores se parece a la adquisición de un ejército con una hipótesis de guerra distinto al declarado, o a amedrentar a la población civil, en la tradición de los ejércitos latinoamericanos.

El boletín digital de la Voz de Rusia, al dar cuenta de las negociaciones entre su gobierno y el venezolano en el marco de un acuerdo de adquisición de armamento y explotación por parte rusa de yacimientos petrolíferos en el cinturón del Orinoco, enciende una luz de alarma en torno a dos temas: la dificultad tecnológica rusa para procesar el crudo pesado de Junín 6, que se llevaría una inversión de veinte mil millones de dólares en los próximos cuarenta años, y la salud de Hugo Chávez, que aconseja ser cautos porque quien venga después puede que no reconozca los compromisos asumidos por el actual gobierno, y, quizás, tampoco sea fácil cobrar las enormes deudas contraídas por Venezuela para la compra de armamento.

Al comienzo de su campaña preelectoral, Chávez lanzó, en su estilo soberbio y desafiante, una advertencia a quienes quieran frenar su revolución bolivariana, y para darle más peso a su arenga, se valió de los cambios que, en su óptica, ha habido en el mundo. Para Chávez, Rusia estará del lado de Venezuela ante una agresión imperialista, lo mismo que China, o Dilma, o Cristina… y así, en una alineación a vuelo de pájaro, Chávez dio a entender que estaba convencido que todo el mundo se alzaría en armas en defensa de una Venezuela inexorablemente invadida… Lo único que se percibe en el horizonte venezolano es que la oposición se encamina a la casi imposible hazaña de disputarle a Chávez las elecciones del próximo 7 de noviembre.

Mientras, un día sí y otro también, Chávez pone como el eje de su existencia el combate al imperialismo. Por primera vez, el poseedor de las mayores reservas de crudo del mundo ha comprado a Estados Unidos más de lo que le ha vendido. Ni Gila podría imaginarlo mejor: Cada día Venezuela le vende 1.200.000 barriles de crudo a su archienemigo, pero, a su vez, cada día que pasa compra a Estados Unidos 40.000 barriles de nafta, aditivos, diesel y gas licuado de petróleo por un importe superior al de las ventas. Mientras Venezuela gasta casi todo lo exporta en equipamiento militar y en un precario mantenimiento del país, Estados Unidos ha desarrollado la tecnología que le permite recuperar el petróleo no tradicional. Venezuela ni siquiera puede refinar crudo para sus necesidades domésticas. En 2011, Venezuela extrajo 2.72 millones de barriles diarios de petróleo, mientras en 1998, cuando Chávez fue electo por primera vez, extraía 3.48 millones de barriles por día, un 20% más que en el presente.

Chávez ha tomado PDVSA como propia y desde ahí maneja todo el presupuesto del Estado y las políticas que cree importantes para Venezuela, incluyendo la política exterior. Hay que recordar el episodio de la valija llena de dólares con la que Antonini Wilson llegó a Buenos Aires a bordo de un avión de PDVSA. Una PDVSA que significa el 95% de las exportaciones del país pero que no es capaz de hacer las inversiones imprescindibles para aumentar su producción. Es cierto que Chávez cumple con la Constitución, como Pacheco, que también tenía problemas para convivir con la prensa opositora. Mientras, se incumplen los anunciados  planes de viviendas aumenta el abandono de la policía en beneficio de las Fuerzas Armadas y crece la inseguridad en las calles.

Eso sí, quien siga atentamente la política venezolana se dará cuenta que Chávez ha perdido la calma a medida que la oposición política muestra un creciente protagonismo. En sus mítines habla, abiertamente, de que las Fuerzas Armadas son chavistas y revolucionarias, mientras mantiene las formas de una democracia que debe convivir con un proyecto de socialismo que ha fracasado en toda Latinoamérica, salvo en el culto a la personalidad y al reparto de la miseria. En todo caso, el golpe de Estado tan anunciado sólo sería evitable si Chávez vuelve a ganar, aunque su arenga a las Fuerzas Armadas resulta una prueba de debilidad. Ordenar a los militares que no vean por televisión el discurso de Capriles mostró serias dudas sobre su conducción de la fuerza.

¿Y si todo esto tiene que ver con su estado de salud, que maneja como un secreto de Estado? ¿Puede un estadista arrastrar a su país a un clima de mayor enfrentamiento social para que después reviente, confiado en que su leyenda será suficiente para llevar a Venezuela a ese modelo de socialismo? Si la salud de Chávez está más comprometida de lo que él dice, y si eso repercute en la calidad ya de por sí frágil de la democracia de Venezuela, ¿la vamos a expulsar del Mercosur, como al Paraguay, o miraremos para el costado, como hace Itamaratí cuando le conviene? Lindo problema se compró Uruguay.

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