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Regasificadora: Una solución de Ñanga Pichanga Por Carlos Maggi

publicado a la‎(s)‎ 18 jul. 2011 13:16 por Semanario Voces
 

 

 

La crisis energética del Uruguay se hace cada vez más insoluble.

Afiliado al pesimismo, el gobierno sueña con proyectos que no se  confirman.  No hay un solo estudio de factibilidad. Seguimos pues, hablando, como en una charla de café, sobre las usinas a gasoil, la  energía renovable, las usinas de carbón, una regasificadora y allá lejos, la “temible” energía nuclear que se nombra no, para conocerla, sino para crear espanto.

En el fondo, todo el barullo que se hace en torno a la producción de electricidad, es una farsa. El Uruguay de la Ute y el Uruguay de la Dirección de Energía coinciden en una misma solución: solo atinan a buscar el modo de comprar electricidad “hecha”; y también en eso se agitan sin hacer lo que se debe hacer: estudiar,  investigar, consultar para aliviar la ignorancia y el desconcierto.

La linea de alta tensión  Médici-San Carlos, en la cual se llevan enterrados  cientos de millones de dólares, no se termina; y cuando se termine (si se termina), se comprobará que Brasil no puede exportar electricidad a precio aceptable; por algo llegó a cobrarnos 400 dólares el megavatio,  un negocio escandaloso.

Por otro lado se trata de comprar en Paraguay, parte de la energía que le sobra, pero esa solución necesita que Argentina que tiene la llave de paso, mientras raciona la energía de sus industrias, decida ser generosa con nosotros y deje pasar a beneficio de Uruguay, un elemento vital para su propio desarrollo.

Por mucho que mendiguemos, no están dadas las condiciones para que nuestro país pueda comprar electricidad. La formidable expansión económica de nuestros dos vecinos, lo impide.      

El caso de la regasificadora es un ejemplo de cómo se engaña a nuestra gente mostrando “proyectos” (sin proyecto) como quien muestra cuentas de colores; relumbrones carentes de estudios suficientes, que por eso mismo, son desmentidos, una y otra vez, por la cruda realidad.

Nuestro socio imprescindible para compartir una regasificadora es la Argentina. Pero esa asociación que nunca superó algunos borradores nimios, se ve cada vez más lejana.

Hay en Bahía Blanca una regasificadota instalada hace muy poco. Y desde hace dos semanas, funciona una segunda regasificadora instalada en el río Paraná, en Escobar. Por si fuera poco, acaba de publicarse una noticia bomba: Argentina concertó con Qatar, una compra de gas por la hermosa cifra de cuarenta mil millones de dólares. Cinco millones de toneladas  (sic) de gas licuado (GNI) por año, durante 20 años. El convenio se firmó en enero del 2011, entre Qatargas y Enarsa.

Esta última es justamente la empresa que en algún momento trató  con Uruguay para anclar un barco regasificador en Montevideo, y  compartir la consiguiente importación.

Argentina – mientras Uruguay aparentemente esperaba sin hacer nada -  recogió ofertas de Repsol, Marubeni, Mitsubishi, Morgan Stanley, Excelerate y E. Cros World.     

El barquito regasificador de los árabes (un clase Q), es tan grande que no puede entrar al río de la Plata.

La tercera regasificadora se instalará en el sur, en la provincia de río Negro, en San Matías donde se construirá un puerto de aguas profundas de medida, que costará unos 300 millones de dólares.

La nueva regasificadora cubrirá el 16% de la demanda argentina, una cifra enorme. (Fuente: diario Clarín, 30/6/11).

 

     

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