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Reinaldo Gargano Por Ernesto Kreimerman

publicado a la‎(s)‎ 8 feb. 2013 8:33 por Semanario Voces
 
Un breve SMS me alertó de la novedad. Aunque previsible el desenlace, la muerte siempre golpea. Es un golpe bajo. La suya fue una muerte anunciada, sí. No se repuso nunca desde su colapso. En todo momento, desde entonces hasta ahora, tuvo la compañía silenciosa y permanente de quienes confiaron en él en toda hora, en cada momento.

Murió Reinaldo Gargano, militante. Estoy seguro que a él le hubiera gustado que simplemente así se anunciara su deceso. Él no le daba vueltas a las cosas, pero tampoco era grosero. Frontal, sí. Y austero. Más bien espartano.

Murió Reinaldo Gargano, militante socialista. Lo conocí apenas aterrizó en aquel avión que lo traía de España, de regreso al país, cuando junto a José Díaz y el Yuyo Melgarejo hacían su desexilio. Recuerdo perfectamente los diálogos entre aquellos dirigentes socialistas que retornaban al país y su encuentro con los dirigentes socialistas que habían permanecido adentro del país, los viejos y los nuevos. Entre ellos, mi hermano Bernardo (ZL*).

Polo ingresó al Partido Socialista en 1956. Fue Secretario General de la Juventud Socialista durante los años 1958 y 1959. Desde entonces y hasta 1974, integró el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista. Desde entonces, Gargano fue un actor relevante, permanente, perseverante, en la escena política de la izquierda y del país todo.

En 1974, junto a otros muchos, Gargano marchó al exilio. Primero destinos cercanos y finalmente, España. Fue un observador cercano del proceso político español y de los avatares del socialismo del PSOE, y en particular, del PASOC, el Partido Socialista de Cataluña. Allí se refugió y siguió su lucha, sin claudicaciones, con las heridas que la distancia le fue imponiendo y de las que nunca se quejó. En aquellas tierras catalanes, trabó amistad con Joan Manuel Serrat, un hecho tan privado y discreto, del que no hacía ostentación y del que disfrutaba. Integró, por aquellos años de exilio español, el Comité Coordinador del Frente Amplio en el exterior.

Diez años pasaron para que Polo volviera al país. Era el mismo, entero, digno, duro. Pero era otro. Las marcas de la distancia, las enseñanzas de la derrota, las perspectivas de una nueva época, lo impulsaron de nuevo a la vida militante, al sacrificio cotidiano, al ejemplo espartano que con discreción practicaba.

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Murió Reinaldo Gargano, militante sindical. Fue primero dirigente estudiantil, en la histórica FEUU, en aquellos años de avances de la autonomía universitaria, la consagración de la Ley Orgánica, y de la unidad de movilización de los estudiantes y los obreros. En aquellas jornadas históricas, que fueron una aproximación fértil de la unidad trabajosa de las fuerzas de izquierda, se acuñó una definición estratégica y conceptual profunda, que ganaría las calles de allí en más, y sería una obsesión de los años sesenta y setenta: Obreros y estudiantes, unidos y adelante.

Aquellas jornadas, de las que Polo fue un activo promotor y actor, marcaron al país y al movimiento sindical. En el mes de octubre de 1958, que se abrió el día 1 con la Jornada de la Autonomía, y tras meses de movilizaciones y huelgas, los estudiantes universitarios junto a los docentes y las agrupaciones de graduados, lograrían que el parlamento aprobara la Ley Orgánica de la Universidad, consagrándose en ella, “la más amplia autonomía”, tal como lo establece su artículo 5: “La Universidad se desenvolverá, en todos los aspectos de su actividad, con la más amplia autonomía”.

Y la movilización obrera, concomitantemente, alcanzaba uno de los mayores avances en materia de protección del trabajo y del trabajador: el seguro de desempleo. Si bien ya existía algún tipo de beneficio, la ley 12.570 surgida de las movilizaciones obreras proporcionó un programa de seguro de desempleo más robusto, más claro, más beneficioso. El seguro de paro que se creaba con la victoria trabajadora en 1958 otorgaba un beneficio mensual que sería percibido durante cuatro meses por los asalariados del sector privado que perdían su empleo. Aquel beneficio era equivalente a la mitad de un sueldo mensual con un adicional cuando el desocupado tenía personas a su cargo, sujeto a un tope. Sin embargo, hubo dos aspectos que le fueron escamoteados a los trabajadores y que Polo, memorioso, solía recordar y destacar como ejemplo de que las conquistas no eran tales hasta que no se ejecutaban.

En efecto, hubo dos elementos contenidos en la legislación que no fueron contemplados en la práctica, y que eran muy importantes para los trabajadores. El primero, que la ley encomendaba a la institución administradora que atendiera la calificación de los trabajadores para facilitar su reinserción laboral, lo que pone de manifiesto que el objetivo del beneficio no era sólo atender la situación del trabajador desempleado, sino el facilitar y potenciar la recuperación de su condición de activo. Y un segundo elemento: como requisito de elegibilidad se impuso que el trabajador se inscribiese en la bolsa de trabajo, la cual debía ser creada. Cierto es que el Poder Legislativo crearía una ley sobre bolsas de trabajo, pero ésta nunca se implementó.

En aquellas luchas, en aquellas tensiones, en aquellas búsquedas, se fue templando Reinaldo Gargano. No sólo desde la experiencia vital del estudiante universitario involucrado con la suerte institucional de la mayor casa de estudios, también desde la militancia sindical que iniciaría cuando comienza su historia como funcionario judicial. Fue Secretario General y Presidente de la Asociación de Funcionarios Judiciales. Ya estamos en los años sesenta y setenta. Eran las horas de la convergencia sindical y la búsqueda de la fundación de la CNT, la Convención Nacional de Trabajadores, de la cual fue fundador y miembro de su Mesa Representativa.

Murió Reinaldo Gargano,  legislador. El retorno a la democracia lo encontraría en el Senado, al que llegó como suplente, detrás de José Pedro Cardoso, actuando de manera alternada durante los primeros tiempos y desde 1986 hasta completar el período de manera continua. Fue reelecto en 1989, 1994, en 1999 y nuevamente en el 2004, cuando es electo Tabaré Presidente de la República.

Estudioso, puntilloso, Reinaldo fue un legislador intenso y severo. No dio ni se daba tregua. No sólo fue así con su tarea parlamentaria propiamente dicha; fue igual de celoso de su responsabilidad y vocación internacionalista. Así fue designado por el primer gobierno progresista Ministro de Relaciones Exteriores. Si hubiera que marcar una decisión suya trascendente, particular y simbólica, me quedo con sus esfuerzos para restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba.

Murió Reinaldo Apolo Gargano Ostuni, ciudadano. Un hombre reservado, recto. Severo hasta difícil. Cultor de una dignidad republicana única, superlativa y exclusiva. De gesto adusto a veces incluso parco, construía una coraza bajo la cual escondía al hombre sencillo que se reservaba sus circunstancias domésticas para su soledad. Hijo de su tiempo, militante de todas las horas. Un imprescindible, en la discrepancia y en la coincidencia.

Murió el Polo Gargano. Gustaba decir “hay que seguir adelante”. Seguro que sí, que hay que seguir adelante. “Tragar saliva, y seguir”, dijiste más de una vez. Coincidiendo es fácil la unidad; en discrepancia es cuando se muestra la grandeza de los constructores.

 

*ZL: "Zijronó Librajá",  De Bendita memoria.

 

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