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Repartija siempre hubo Por Ricardo Peirano

publicado a la‎(s)‎ 1 mar. 2013 11:25 por Semanario Voces
 

La sustitución del ministro de Salud Pública Jorge Venegas  por Susana Muñiz, a propuesta del PCU para mantener su cuota política en el gabinete y aceptada por el presidente Mujica, vuelve a traer al tapete el tema del reparto de cargos ministeriales y de entes autónomos como hábito político para mantener contentos a todos los sectores de la coalición de gobierno.

El tema viene de atrás en la historia política uruguaya y no es práctica iniciada por este gobierno. Ya la administración anterior del presidente Vázquez había recurrido a la misma costumbre aunque el presidente nombraba a los ministros. Y además se reservó para sí algunos ministerios claves.

Lo mismo ha ocurrido en gobiernos de partidos tradicionales que, al estar divididos en sectores y necesitados de apoyo parlamentario del otro partido, debieron dar a sus sectores y a los sectores del otro partido, cargos que ayudaran a mantener la unidad de acción. Claro que no siempre se mantenía dicha unidad y a veces, como acción de protesta, se “retiraban” los ministros del sector presentes en el gabinete. Otros sectores o partidos preferían no ocupar cargos ministeriales –para no quedar “comprometidos” con la gestión del Presidente-sino dar apoyos puntuales para la aprobación de leyes. Incluso Juan María Bordaberry nombró como Ministro de Salud Pública al socialista Pablo Purriel (pero ahí no había cuota política sino el propósito de “socializar la medicina”).

Por tanto, a nadie debe extrañar el reparto por cuota política y menos en el Frente Amplio, donde es preciso satisfacer a varios sectores que componen y dan sustento a la coalición. Esta práctica ayuda a mantener la escueta mayoría parlamentaria pero no evita la existencia de corrientes muy distintas, ni la presencia de dos o más equipos o líneas económicas.

Lo notable del caso es que todos los partidos cuando están en la oposición afirman que de llegar al gobierno elegirán a los mejores hombres para el cargo, militen en el partido que militen, pero apenas ganan la elección dejan de lado ese criterio y ofrecen cargos a los sectores políticos de su partido o de otros partidos. La idoneidad no suele tomarse mucho en cuenta a la hora de elegir. Tampoco la confianza política, ya que al delegar en un sector del partido la designación del ministro, el presidente no se asegura más que respaldo parlamentario.

El régimen político uruguayo es un híbrido entre el presidencialismo y el parlamentarismo y por ello el apoyo parlamentario es importante para el presidente y para ello reparte cargos. No es quizá la mejor forma de elegir un gabinete pero es la que tenemos.

Eso sí, el presidente suele reservarse 3 o 4 ministerios claves para designarlos por confianza personal o por idoneidad. Entre ellos suelen estar los ministros de Economía, de Interior y de Relaciones Exteriores. A veces debe transar, como es el caso de Economía que está ocupado por un miembro del Frente Líber Seregni, pero hubo en su momento pleno acuerdo en la designación de Lorenzo. Aunque Mujica se tomó la revancha de nombrar a alguien de su riñón en OPP, y generar una dualidad de criterios que no ha sido provechosa para la economía.

Lo que importa, al fin y al cabo, no es tanto la cuota política sino la unidad política de la gestión de gobierno. Y no es novedad para nadie que esa unidad ha estado ausente en esta administración y que incluso el presidente no ha podido implementar las reformas en la educación y en el sector público, que anunció al inicio de su gestión. Eso es lo que debe preocupar.

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