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Republicanos contra liberales Por Federico Frontán

publicado a la‎(s)‎ 21 sept. 2012 13:54 por Semanario Voces
 

La alarmante derechización del frente amplio produce un movimiento extraño: miles de retirantes emigran hacia el espacio político de la indecisión y al estado subjetivo de náusea política. Los vientos arrasadores de ánimos soplan también en todo el paisaje político.

El intelectual uruguayo más importante del siglo XX, el teólogo de la liberación Juan Luis Segundo teorizó sobre la “función desinstaladora de la religión y la cultura”. La cultura es un arma de dominación tan efectiva como la religión, si no media un criterio para  discernir, la aceptación del discurso de la jerarquía hace que el hombre caiga hacia el cielo (trampa o celada bien conocida por las izquierdas)  

Desinstalarse del sistema reinante implica criticar el poder de subordinación que tienen los discursos conservadores, que para el caso podemos referir usando una marca registrada: “el producto culto interno”, que no es otra cosa que la tradición culturosa templada en los partidos tradicionales, donde se construye el imaginario burgués con todas sus características (patriarcal, adultocéntrico, discriminador, imperial, idolátrico, capitalista).

El frente amplio no fue mas lejos que la tradición conservadora de diletantes cultifilisteos, no avanzó  en el trabajo de criticar el aparato político-cultural que heredó, sino que lo afirmó (el caso del Codicen es un ejemplo). El frente se fue a la Universidad de la República, reclutó a profesores, catedráticos, ex decanos para ocupar cargos políticos. El resultado es que cada día tienen menos apoyo en la gente.    

Un analista prestigioso dijo que a la izquierda no se le cae ni una sola idea. Yo diría más, diría que al frente amplio y a la universidad no se les cae una sola idea buena, “desinstaladora”. De las otras tienen cualquier cantidad. Es hora de preguntarse si hoy, el frente es la izquierda. Cada vez está mas claro que no. El frente amplio académico produce pura reflexión o filosofía política de saldo.

Republicanos contra liberales

El senador Jorge Saravia volvió al Partido Nacional reivindicando el republicanismo mediante su Concertación Republicana Nacional. Ese acto es políticamente intrépido y debe ser analizado con cuidado desde una mirada de izquierda. ¿Por qué? El republicanismo es una concepción fuertemente antiliberal, y el liberalismo es casi hegemónico en el Partido Nacional. La propuesta de Saravia (si es un republicano consecuente) es una provocación filosófica.

Cuando se habla de liberalismo como ideología dominante en el Partido Nacional, se hace referencia al liberalismo “realmente existente”, a la versión conservadora que se impuso en la década de los noventa y se relaciona a la gestión de Lacalle. Es importante la distinción analítica entre el liberalismo conservador y otras formas de liberalismo como el liberalismo igualitario (que propone a la justicia distributiva como virtud principal de las instituciones públicas, y a los pobres o menos aventajados como criterio). Esta última forma de liberalismo casi no ha tenido arraigo ni desarrollo en los partidos políticos.

Es propio del republicanismo su defensa de ciertos valores cívicos, indispensables para el logro de su concepción de libertad. En la lista encontramos por ejemplo, la igualdad, la honestidad, la frugalidad, la integridad, la simplicidad, la solidaridad y, el compromiso con la suerte de los demás. Frente a estos valores, se contraponen una lista de vicios sociales: ambición, la avaricia, egoísmo, la ostentación y el lujo, el cinismo, etc.

Para el republicanismo es aceptable que el estado se comprometa activamente con ciertos modelos de excelencia humana, propiciando el cultivo de ciertas virtudes y desalentando otras. El estado puede intervenir en el mercado.

Para el liberalismo, los individuos preexisten a cualquier organización social, y son más importantes que los grupos a los que pertenecen. La libertad pretendida por un liberal, es contra cualquier sacrificio que se intente imponer en nombre de los demás.

Para el republicanismo, en cambio, la libertad es posible en la medida que el individuo es miembro de una comunidad y los derechos individuales encuentran sus límites en las políticas del bien común. Otro rasgo claramente antiliberal es el intento republicano de disolver cualquier distinción drástica entre el ámbito de lo público y lo privado.

Existe una “utopia” republicana del siglo XVII de Harrington, donde se adoptan normas estrictas para limitar la adquisición de tierras, y así las desigualdades profundas en la riqueza.  

Saravia tuvo el gesto violento de romper con el marco del frente amplio académico, de salirse de escena y aparecer en otro escenario. Ahora reivindica a un barbudo que fue de armas tomar (que no fue Fidel), y a una tradición antiliberal que fue sepultada por los sectores más reaccionarios del Partido Nacional.

Dejando de lado el enojo de algunos frenteamplistas con el Senador Saravia, su llegada al Partido Nacional es un evento que hay que ver con ojos desprejuiciados. Saravia tuvo que ver con la ley de despenalización del aborto, está en lucha contra Aratiri, su postura sobre el asunto de la tierra está mas cerca de la postura de Wilson y Sendic (el revolucionario) que cualquier legislador frenteamplista, acusa la responsabilidad del Codicen en la crisis de la educación,  el republicanismo.

Con quien se as

 

ocia en su grupo, su relación con los sectores ultraconservadores de su partido, son asuntos del senador y sus votantes. Lo que interesa es la respuesta activa contra mal gobierno del frente amplio académico, que nada tiene de izquierda. El malestar, la indignación y el inconformismo sirven como inspiración para moverse. Saravia tomó su camino. Veremos a donde van los otros indignados que, por lo pronto, comenzaron por quitarle el apoyo al gobierno.    

   

 

 

 

 

 

 

 
 
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