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SALIMOS, ¡TRÉ! Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 20 dic. 2013 14:32 por Semanario Voces

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Obama subió muy decidido la escalera que lo llevaba al palco de las autoridades como una pantera a su atalaya, con ese aire deportivo que se lo ve subir y bajar la escalerilla del Air Force One. Pero esta no era la escalerilla de siempre,  al final de la misma, primero en la fila de personalidades que habían acudido a los funerales de Mandela, Raúl Castro, lo único que creció a la sombra de su hermano Fidel. Obama se inclinó al extender su mano y los dos mantuvieron un breve y animado diálogo, del que algún lector de labios nos podría contar su contenido. ¿Fue casualidad que Castro estuviese allí? ¿Obama desconocía que tendría que toparse de frente con el dos de la Revolución Cubana? Cuando Obama estira la mano y pone su simpatía al servicio de ese saludo, bien sabe que el potente lobby cubano en su país le va a cobrar cualquier debilidad. Nada de esto puede haber sucedido por azar. El Departamento de Estado, mucho antes de que su presidente iniciara el viaje a Sudáfrica, debió haber discutido con los organizadores del funeral dónde estaría cada uno, y, en particular, Raúl Castro que viajaba en la misma fecha que Obama. Cuesta creer que los gobiernos de Estados Unidos y Cuba no supieran que ese mismo día el apretón de manos ocuparía los titulares de la prensa en todo el planeta.

¿Por qué el mundo reacciona con sorpresa y expectativa ante un gesto común en cualquier acontecimiento de este tipo? Entre otras cosas porque esos dos países estuvieron al borde de un enfrentamiento atómico, al menos así se lo hicieron creer al resto de la humanidad. Tal vez si el botón rojo hubiese estado al alcance del Che en lugar de estar bajo las siete llaves de los soviéticos, que habían decidido llevar adelante una política de coexistencia pacífica con los países capitalistas, Estados Unidos en primer lugar, la amenaza hubiese sido real y no una arriesgada puesta en escena, en el marco de la Guerra Fría. Los soviéticos, que no dejaron los cohetes en manos de los cubanos, habían instalado en la isla un tipo de misil que no podía estacionarse con combustible, y el llenado tardaba 24 horas, proceso muy fácil de detectar con tiempo para iniciar un ataque sobre Cuba.

La mano que se dieron Obama y Castro puede ser una señal de humo para que los radicales, de uno y otro lado, se vayan preparando, o puede ser simplemente humo, nada más que una casualidad en un entorno propicio para las declaraciones a favor de la conciliación, verdadero legado de Mandela, por encima de su sacrificio de lucha, como el que entregaron tantos líderes africanos de su generación. Habrá que esperar, con la esperanza de que el pueblo cubano pueda sumarse, cuanto antes, a la normalidad y al reencuentro.

 

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El pasado domingo quiso el azar que se enfrentaran en una segunda vuelta dos hijas de militares, cuyos padres estuvieron en bandos antagónicos, uno murió a consecuencia del trato que le aplicaron sus antiguos compañeros de armas, el otro fiel compinche de Pinochet. Las aguas no podían haberse presentado más divididas en Chile. Sin embargo, Tanto Bachelet como Mattei no usaron sus respectivas vivencias y se concentraron en temas de gestión presidencial, pensando en el futuro. Las declaraciones de Bachelet, una vez consolidada una mayoría que superó el 60% fueron las de reafirmar que gobernará para todos los chilenos, y que tratará de ganarse la confianza de quienes hoy no creyeron en su propuesta. Bachelet destaca que el tiempo para las transformaciones es ahora, que Chile tiene una buena situación económica y una ciudadanía convencida de los beneficios de la democracia.

Fue explícita en destacar el rol de los jóvenes, que buscan tener su propia voz en los problemas de Chile, tanto en el plano de la educación como en el de una reforma constitucional. Justicia social y reafirmación de las instituciones de la democracia son dos aspectos claves que propone integrar a los próximos años, bajo su presidencia.

A veces parecemos mucho más atentos al olor de la pólvora o al discurso de los mesías que al ensanchamiento de las grandes alamedas, como quería Allende, al infinito tránsito hacia más democracia porque sólo en ella florecen las ideas y las prácticas asociativas que contribuyen al advenimiento, progresivo, meditado, de nuevas formas y reglas de convivencia humanas.

 

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El presidente de nuestro país ya nos tiene acostumbrado a un tipo de reacciones y propuestas que no sólo son difíciles de compartir sino que, además, rompen los oídos. Su respuesta al funcionario de la ONU que le recordó a Uruguay, no sólo a Mujica, que teníamos compromisos respecto al uso de las drogas, que no podíamos romper así nomás, provocó una respuesta por parte de Mujica que no tiene en cuenta su investidura ni el buen nombre del Uruguay, a menos que su propósito sea arrastrar al país a una especie de cambalache donde todo valga, y donde desde la Constitución hasta las formas se revuelquen en el mismo lodo, todos manoseaos, como decía Discépolo.

Pero, en medio de ese desorden, Mujica exterioriza sus planes para cuando se haya “sacado ese sayo, que le pesa”, se supone que es por la presidencia que él buscó ganar denodadamente. Sus planes son para después del 1º de marzo de 2015, cuando tenga 80 años. Entonces, dice Mujica: “Tengo la idea de agarrar 30 o 40 gurises pobres y llevarlos a vivir conmigo”.

Para cualquier padre adoptante esta liviandad es un insulto. No 30 o 40 sino uno, un solo hijo adoptivo es la cosa más importante del mundo para un matrimonio responsable. Las mujeres no paren de a 30 o 40, paren de a uno, y excepcionalmente alguno más, y cada uno es un compromiso de todos los días y todas las horas. ¿A los 80 años Mujica va a tomar esa decisión? ¿Y tienen que ser pobres, o basta con que sean gurises desamparados? ¿Las madres pobres se los van a entregar más fácil?

Hoy Mujica es presidente de este país, tiene cosas muy concretas para hacer que podrían ayudar a quienes sienten la necesidad de formar una familia y no pueden por razones biológicas. En primer lugar, puede tomar decisiones con respecto al verdadero calvario oficial de la adopción. Hágalo, señor presidente, ¿por qué están amontonados en el INAU esos niños que nadie quiere adoptar? Como presidente tiene la oportunidad de actuar como actuaría un buen padre de familia, no desaproveche esta oportunidad.

A los 80 años yo no le aconsejaría adoptar, si es que como padre adoptante puedo darle ese consejo. Si los problemas de este país le cayeron sobre sus hombros como un pesado sayo, no tiene idea lo que es ser padre de uno, y descontando que ese niño le va a dar lo más hermoso que un padre puede esperar de la vida. Cada momento es único y, a veces, hay que optar. Pasado el momento a llorar al cuartito, como usted bien dice. Usted optó, nadie le impuso la presidencia.

Pero le quedan cosas por hacer antes de terminar esta changa. Nuestros hijos adoptivos ni siquiera fuman así que ya puede imaginar lo que pensamos de la legalización de la marihuana. De haber adoptado a tiempo usted tendría el mismo dilema que nosotros en este momento. Saque las cuentas de cuántos kilos de marihuana tendrían que plantar en su chacra esos 30 o 40 gurises, le van a dejar poco campo para las flores.


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