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Shock fuerte, respuestas débiles Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 2 oct. 2015 12:28 por Semanario Voces

Han transcurrido sólo siete meses desde aquel primero de marzo que parece tan lejano por toda el agua que ha pasado por debajo del puente. Y todavía faltan otros 53.

LO MÁS DESTACADO. ¿Qué es lo que encuentro más destacado desde el punto de vista del análisis de todo lo que ha sucedido? Por un lado, en el frente político, destaco la pulseada dentro del gobierno entre los sectores socialdemócratas y los populistas. Si bien a nivel electoral esos sectores se aproximan a mitades dentro del FA, la ecuación está claramente desbalanceada a favor de los populistas en sus órganos de conducción. De este modo, como en el caso del TISA, se le impuso al gobierno una línea de acción opuesta a la que se había promovido desde el Poder Ejecutivo. La gran duda que emerge de esa situación consiste en si los populistas han encontrado la llave para imponer políticas y medidas de diverso orden al presidente. El tiempo lo dirá.

Por otro lado, en el frente económico, se destaca que el agravamiento del contexto externo ha permeado a la economía local llevándola a una situación que ya es algo más que una mera desaceleración. ¿Ha sido esto sorpresivo? Para nada, más allá de que lo de Brasil ha superado lo malo que se esperaba para esta altura del año. Pero, al contrario, otros factores de riesgo se han comportado mejor de lo previsto: las tasas de interés no han comenzado su tantas veces postergada subida, el precio del petróleo se ha mantenido bajo y por debajo de lo esperado por Ancap y, lo más importante, Argentina llegará a las elecciones sin detonar. El deterioro del contexto externo y su impacto sobre nuestra economía no fue sorpresivo para los economistas que desde hace tiempo advirtieron al gobierno sobre lo que se vendría. Pero sí parece haberlo sido para éste, que siempre hizo oídos sordos a dichas advertencias y ahora ha cambiado dramáticamente de discurso, poniendo el énfasis reiteradamente en conceptos tales como prudencia y austeridad.

RESPUESTAS DE POLÍTICAS. Si bien había razones al inicio del segundo gobierno del FA para introducir variantes en las políticas económicas (la llamada “deuda social” originada en los años de recesión y crisis entre 1999 y 2002 había sido saldada), fue recién un año y medio más tarde cuando el ambiente externo comenzó a cambiar y debieron, indudablemente, haberse introducido cambios. En el tercer trimestre de 2011 se nos empieza a dar vuelta la región, con Brasil que comienza a depreciar su moneda desde el piso de BR$ 1,55 por dólar, y con Argentina que inaugura el mercado “blue” tras la reelección de CFK en octubre y, en el verano siguiente también inicia el “cepo” cambiario con impacto en nuestras exportaciones de bienes. Más tarde, en el segundo trimestre de 2013, es el mundo el que empieza a cambiar para mal, con el dólar que se empieza a fortalecer aún sin que subieran las tasas de interés y, en el segundo trimestre de 2014, son los precios de los alimentos que empiezan el camino descendente. En este proceso, la frutilla de la torta, hasta ahora, ha sido el reciente deterioro de Brasil, no sólo en materia cambiaria sino también en materia de actividad económica, con un PIB cuyas variaciones proyectadas para 2015 y 2016 son corregidas hacia abajo semana tras semana.

Ante semejante conjunto de cambios que se enfrentan, que configuran lo que los economistas llamamos un shock externo negativo, cabría esperar una respuesta contundente desde las políticas económicas. Sin embargo, los cambios introducidos desde dichas políticas han sido mínimos frente a la magnitud del shock recibido. Y, recordemos, todavía no empezaron a subir las tasas de interés y todavía no se inició el ajuste que de un modo u otro se dará en Argentina con el nuevo gobierno que, por lo menos, implicará una depreciación significativa de su moneda.

Lo que todos debemos entender ante esta situación es que así como cuando recibimos un shock positivo (como el de los diez años transcurridos desde 2003) el país se vuelve “más rico”, ahora ocurre lo contrario y se vuelve “más pobre” y ambas situaciones tienen su correspondencia en aspectos tales como el mercado de trabajo, las finanzas públicas, los precios relativos, etcétera.

¿Cuáles han sido las respuestas desde las políticas económicas ante semejante shock negativo en proceso? Una, en el frente fiscal, un presupuesto quinquenal “austero” en términos de aquello a lo que estábamos acostumbrados en el mundo que ya no existe pero indudablemente expansivo en el mundo que hemos comenzado a vivir. Por lo tanto, insuficientemente austero. Y los distraídos o voluntaristas que reclaman políticas anti cíclicas en este momento, deben saber que para que ello fuera posible, antes debieron haber políticas anti cíclicas en la cresta de la ola que vivimos. Al ser pro cíclicos entonces, estamos condenados a serlo de nuevo ahora, como siempre ha ocurrido en nuestro país. Dos, en el frente salarial, de nuevo, se promueven ahora pautas que suenan “duras” en términos de los años vividos, pero que quedaron cortas para el nuevo contexto, en la medida en que proponen dejar rígido a la baja el salario real y, al fin y al cabo, mantienen la indexación al IPC. En este caso los voluntaristas deben tener claro que las leyes del mercado no se derogan y que son muy tercas, y que, en circunstancias como las actuales, si el ajuste no viene por el precio (salario) vendrá con más fuerza por la cantidad (empleo). Tres, en el frente monetario cambiario, más de lo mismo de los últimos años: usar al dólar para que la inflación no pase del 10% anual, al costo que sea, en esta vez con una extraordinaria pérdida de reservas. Por lo tanto, la necesaria corrección de precios relativos se va haciendo, pero con el freno de mano puesto.

En definitiva, muy pocos e insuficientes cambios en las políticas para enfrentar enormes cambios en el contexto. ¿Será porque se asume que el shock externo es transitorio? ¿Será por razones de economía política? La magnitud del shock negativo da para esperar ajustes mayores a los que están implícitos en las políticas. Sabemos que de un modo u otro esos ajustes se harán más allá de la voluntad del gobierno. Sería preferible que fuera éste quien estuviera a cargo de su diseño y no que nos lo impusiera la realidad. Todavía estamos a tiempo.

¿CÓMO SIGUE ESTO? Creo que, en el frente político, lo del TISA es la sinopsis de lo que se viene y entonces veremos un progresivo “giro a la izquierda” del gobierno, lo que condicionará las políticas. Por dar un ejemplo de lo que espero, me animo a decir que lo que hoy propone Olesker en materia de impuestos será lo que el año próximo habrá de proponer el equipo económico. En este caso serán más impuestos “para la tribuna” pero con poco resultado en la recaudación, la que se irá deteriorando de la mano de un agravamiento de la actividad económica. Creo que esta película, como tantas veces, termina con la inflación cambiando de bando, desde el de los objetivos al de los instrumentos, siendo funcional al ajuste que es necesario, tanto en materia fiscal como de precios relativos, dado que una mayor inflación ayuda en el primer caso y facilita las cosas en el segundo. La clave, entonces, será si el día después se pretende o no mantener la indexación salarial. Pero ese ya es otro tema, para el cual tendremos tiempo de ocuparnos más adelante.

 


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