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SINDICALISMO Y POLÍTICA (II). Por Wladimir Turiansky

publicado a la‎(s)‎ 4 may. 2011 9:48 por Semanario Voces



En vísperas del1º de Mayo, y en las proximidades de un nuevo Congreso del PIT-CNT, me parece imprescindible reflexionar en voz alta, y una vez más, acerca de la relación entre el sindicalismo y la política, o mas bien el rol que el movimiento sindical, y en forma más general la clase trabajadora juega, o debería jugar, en este proceso de transformación social y política que la izquierda en el gobierno intenta desarrollar.

 

Para ello debemos apoyarnos en lo que el FA, hace ya algunos años, se planteó como objetivo estratégico para la etapa, reiterado en múltiples documentos a lo largo del tiempo. Es lo que definió como “la construcción del bloque social y político, expresión de las grandes mayorías nacionales, capaz de sostener, consolidar y profundizar el programa de cambios a desarrollar  desde el gobierno y desde la acción política y social”.

Desgraciadamente, la distancia entre los documentos y la práctica política suele ser enorme. Este es el caso, pues 5 años después del acceso al gobierno del FA con la presidencia de Tabaré, y estando transitando el 2º año del segundo gobierno frenteamplista, con el Pepe Mujica, no sólo no hemos avanzado en la dirección del objetivo estratégico enunciado, sino que hemos retrocedido, nos hemos alejado.

¿Qué ocurre? ¿Cómo es posible que con la tradicional cultura política del movimiento sindical uruguayo, habiendo jugado el papel que jugó en la construcción de la unidad política de nuestro pueblo, ocurra hoy tal retroceso? ¿Dónde están las responsabilidades? Pero por sobre todo ¿qué debemos hacer? Es sobre estas preocupaciones que debemos reflexionar y corregir nuestras insuficiencias. Va en ello la suerte de nuestro proyecto progresista.

Me parece útil transcribir algunos párrafos del artículo que, con el mismo título de éste, fuera publicado en Voces hace precisamente 5 años, en abril de 2006, y luego agregar algunos comentarios.                                 

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         “...Es que el proceso de cambios no se agota con el programa de Gobierno que se puso a consideración de la ciudadanía en la campaña electoral, y para cuyo cumplimiento el  pueblo se pronunció el 31/10/04. Es un proceso de más largo aliento. Implica comenzar a revertir, paso a paso, las consecuencias en la economía y en la sociedad de muchas décadas de dominio neoliberal, con sus secuelas de miseria, exclusión social, corrupción e impunidad, y comenzar a sentar las bases de un Uruguay productivo, solidario, democrático y de justicia social Y hacerlo en el marco del más estricto respeto por la legalidad democrática y el pleno ejercicio de las libertades civiles y políticas.

El éxito de ese proceso sólo será posible, hay que saberlo, si se construye el necesario consenso social, la comprensión clara de la dimensión de la tarea y de los tiempos que habrá de demandar”.

Y continuaba:

              ...”En 1965, cuando centenares de organizaciones sociales, sindicatos, asociaciones de pequeños productores, gremiales estudiantiles y universitarias, movimientos cooperativos, expresiones culturales, se reunieron en el Congreso del Pueblo para elaborar entre todos un programa nacional de soluciones a la crisis, lo hicieron prescindiendo de las organizaciones políticas porque, o bien expresaban en algunos casos los intereses de las clases dominantes, eran los responsables de la crisis, o bien las que asumían los intereses populares estaban fraccionadas y a menudo enfrentadas entre sí. En una Declaración especial, el Congreso afirmó lo siguiente:

“El Congreso del Pueblo ha aprobado un programa de soluciones con la misma independencia que sus organizaciones integrantes guardan celosamente respecto a los partidos políticos y al Estado y llama a todas las organizaciones de cualquier carácter a trabajar seriamente por ese programa”.

 

Estaba claro que el movimiento popular, expresado socialmente, miraba con cierto recelo aún el papel que pudieran jugar los partidos políticos, y si bien llamaba a todos a trabajar “seriamente” por el programa, cuidaba “celosamente” su independencia.”

 

           ....“Pero no estamos en 1965. Estamos en el 2006, hemos entrado ya en el siglo XXI, y aquella fuerza política inexistente entonces, hoy existe. Se llama FA y es gobierno. Es más, esta fuerza política es precisamente la síntesis superior de aquella confluencia social que se dio cita en el Congreso del Pueblo. No es “pura coincidencia” que las bases programáticas del FA recogieran en lo esencial el programa de soluciones a la crisis de aquel Congreso”.

        ...“Pregunto entonces:”cuidar celosamente la independencia”, ¿tiene hoy el mismo sentido que en 1965? ¿Es que no cabe pensar en que aquel esfuerzo del movimiento obrero por la construcción de una alianza social inclusiva de las grandes mayorías nacionales, de aquellas clases y capas sociales coincidentes en la búsqueda de los caminos del progreso social, de la liberación nacional, tenga hoy ese doble carácter social y político, en tanto esa necesaria fuerza política existe?”

        ...“Es así que, hacer “confluir en un solo cauce las dos vertientes, social y política, de la unidad”, dar ese “salto cualitativo”, implica para ambos componentes, el social, expresado básicamente en el movimiento sindical, y el político, el Frente Amplio, tener claro lo que este “salto” significa, comprender el carácter de proceso del mismo, y por lo menos en esta etapa, no obstaculizarlo, contribuir a que los cauces tiendan a aproximarse y no a alejarse. Esa alianza política y social, con la cual “las fuerzas del pueblo serán inmensas”, objetivamente ya está presente. Subjetivarla, si se me permite el término, hacerla conciente, es la tarea”.

 

Hasta aquí la trascripción. Quisiera ahora agregar un comentario.

En la construcción del bloque alternativo corresponde a la clase trabajadora uruguaya un rol protagónico. Por su peso en la economía y en la sociedad, por su nivel organizativo y la calidad de tal organización, y por la historia. En efecto, la historia de los trabajadores uruguayos no es sólo de luchas, es de elaboración de ideología, de un pensamiento liberador, de aportes al desarrollo de la conciencia social de nuestro pueblo, de forja de su unidad, de construcción de un programa.

Por eso, pasar de la teoría a la práctica implica como primer paso trabajar por incorporar a la clase trabajadora a la tarea.

Esa es tarea de la fuerza política, de nuestro FA. Lo es de su dirección, y lo es de cada uno de nosotros, los militantes frenteamplistas. Y ni hablar que es tarea, fundamentalmente, de los militantes frenteamplistas que actúan en el medio sindical. ¿Cómo puede ser de otro modo? Al fin de cuentas en el proceso de unidad social y política de nuestro pueblo en los años 50 y 60 del siglo pasado, tanto en la unidad del movimiento sindical con la forja de la CNT, como en la posterior unidad política con la fundación del FA, actuaron fuerzas políticas que diversas y confrontadas entre ellas en muchos aspectos, coincidían en la construcción de la unidad orgánica del movimiento sindical en torno a objetivos y programa común, como paso indispensable para una etapa, cualitativamente superior, de construcción de la unidad política. Fueron sus militantes activos forjadores de esa unidad.

Hoy también. La construcción del bloque social y político, expresión de las grandes mayorías nacionales es una tarea esencialmente política, y compete a la fuerza política abordar la tarea, es su responsabilidad y su razón de ser.

Aquí interviene el carácter que la fuerza política confiere a la labor de sus militantes en el movimiento sindical. El militante sindical que a su vez milita en cualquiera de los sectores políticos que componen el FA, ¿qué hace? ¿tiene una doble personalidad? ¿Deja una de ellas en la puerta del sindicato o del local partidario a los que pertenece? Está claro que no. Es natural que su pensamiento político de alguna manera interactúe con su quehacer sindical, y esto doblemente. Por un lado porque en la mejor defensa del interés de los trabajadores, de su gremio y del conjunto de la clase, objetivamente se apoya en la construcción ideológica del colectivo al que pertenece y que sustenta su actividad social; y por el otro porque en las relaciones que se generan en el ámbito laboral y, ¿por qué no? en su labor sindical, procura difundir las ideas de la organización política a la que pertenece, ayuda a su crecimiento y desarrollo.

Hoy por hoy prácticamente todos, o casi todos los sectores partidarios del Frente cuentan con lo que se suele denominar frente sindical. Históricamente lo han tenido el P. Comunista y el Socialista. Hoy lo ha constituido el MPP y el FLS, al igual que la VA. ¿Se entrometen esos Frentes en la vida de los sindicatos? Eso sólo ocurriría si se pretendiera desde ellos resolver cuestiones que son de la competencia exclusiva de las estructuras sindicales. Pero siendo su razón de ser lo señalado más arriba, su labor contribuye a la elevación de la conciencia política de la clase trabajadora, al mejoramiento y desarrollo de su organización, al mejor desempeño del sindicato.

Ahora bien, todos estos sectores integran el FA. Comparten por tanto el objetivo estratégico que el Frente se ha trazado para la presente etapa. En su especial condición de militantes frenteamplistas cuya actividad se desarrolla en el seno de la clase trabajadora, en el medio sindical, estos compañeros pasan a ser, objetivamente, el eslabón fundamental. ¿Cómo no coordinar entonces su labor?

No estoy planteando la formación de un frente sindical frenteamplista. Sólo pienso en la necesidad de trazar colectivamente una política coherente que contribuya a la construcción del “bloque social y político, expresión de las grandes mayorías nacionales, que sustente el proceso de transformación social y política del país, lo consolide y lo profundice”. Nada más, y nada menos.

 


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