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Sobre el impuesto a la tierra Por Juan Grompone

publicado a la‎(s)‎ 13 feb. 2012 6:21 por Semanario Voces
 

Para Marx, todo medio de producción monopolizable genera una renta (El Capital, III, vi, 37). Los ejemplos clásicos son la propiedad de la tierra, de las minas, de los caminos, cursos de agua y otros. El precio de este medio monopolizable es el capital que produce la misma renta, a la tasa media de interés del dinero. Hasta aquí, los clásicos.

 

En Uruguay se ha propuesto un impuesto a la tierra muy peculiar. Sus motivos son dos: evitar la concentración de la tierra en un mismo propietario y distribuir (algo) el gran aumento del precio de la tierra debido, principalmente, a la renta de la soja.

 

En una producción agrícola cualquiera existen dos extremos malos: el minifundio y el monopolio. El minifundio tiene muy baja productividad. El monopolio total, la concentración de la propiedad de la tierra bajo un único propietario (cosa que ocurrió bajo el feudalismo o el socialismo real) la historia demostró que no era bueno. Debemos concluir que existe un tamaño óptimo, entre los dos extremos, para una producción eficiente. Ronald H. Coase obtuvo el premio Nobel de economía de 1991 por analizar este tema.

 

Hoy hay en Uruguay muchas producciones agrícolas diferentes. A título de ejemplo existe la ganadería, la lechería, la agricultura de cereales, la vid, los olivos, los frutales, las huertas de verduras y la explotación forestal. Es inmediato que cada una tiene un tamaño económicamente óptimo.

 

Sobre lo expuesto, se pueden realizar algunas consideraciones sobre el nuevo impuesto a la tierra.

 

0) Si se desea repartir el beneficio del aumento del precio de la tierra, el impuesto debería estar dirigido a la renta que un predio produce, que es ésta la que fija el precio y no a su superficie. Éste es el esquema impositivo de todas las sociedades socialdemócratas: gravar la renta, que deriva directamente de la plusvalía.

 

1) El impuesto toma tamaños de predios para aplicar un impuesto fijo, único, por hectárea y progresivo. Esto no logra el efecto deseado porque la renta depende del tipo de producción. Es diferente cultivar arándanos que eucaliptos, sus tamaños óptimos son claramente diferentes y también lo son sus rentas.

 

2) Los tamaños de los predios se afectan por el índice CONEAT, un parámetro definido en 1968 cuando la mayoría de los usos actuales de la tierra no existían. En lo esencial se tomaba la producción ganadera como base. Un índice menor que 100 describía un campo de cría extensiva de vacunos y lanares, tal vez con algunas mejoras. Un índice mayor describía a un campo agrícola-ganadero y aumentaba a medida que era mejor para uso agrícola. ¿Fomentamos la ganadería extensiva? ¿Qué pasa con la explotación forestal, que ocupa grandes extensiones, poco aptas para la ganadería o la agricultura de cereales? ¿Qué con los olivos, que emplean campos pedregosos?

 

3) ¿Cuál es el problema de la concentración de la tierra? Si está por debajo del límite óptimo económico para la producción, al desalentarla estamos fomentando una explotación ineficiente para el país. Si está por encima, parecería que los capitalistas son estúpidos y ésta me parece una hipótesis improbable.

 

4) Si lo que se quiere es favorecer al pequeño productor, parece mejor un subsidio directo y conocido que uno encubierto. Además, un pequeño productor de ganado necesita una superficie mucho mayor que un gran productor de arándanos o de vid. No se puede tratar a todos por igual.

 

5) Si lo que se quiere es limitar la propiedad de los extranjeros, entonces el impuesto está mal orientado. Si lo que se quiere evitar es la concentración de los medios de producción -que un mismo capitalista o grupo tenga varias propiedades de tamaño óptimo en diferentes puntos del país- no veo que este impuesto lo evite.

 

En resumen, no entiendo este impuesto, no me parece que tenga un objetivo claro, lo veo más como una acción voluntarista que suelen tomar los gobiernos de izquierda para saludar a una roja bandera que hoy señala hacia otra dirección.

 

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