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Sr. Presidente, ¿cualquier ayudita sirve? Por Angélica Vitale *

publicado a la‎(s)‎ 2 dic. 2011 7:49 por Semanario Voces
 

 

El viernes pasado, como cada 25 de noviembre, se conmemoró el día mundial de lucha contra la violencia hacia las mujeres. Un día antes, el Presidente de la República decidió que su gran contribución contra la violencia doméstica era repartir volantes en la vía pública que decían: "Hombre, aprendé a perder".

 

Al otro día, el mismo 25, escuche y ví la escena del Presidente repartiendo los volantes en 8 de octubre, rodeado de chiquilines que lo acercaban a un liceo, generando una vez más una escena de proximidad y empatía de esas de las que las y los uruguayos nos solemos sentir muy orgullosos: ¿en qué país un Presidente puede estar en una de las arterias principales de la capital, rodeado de muchachos que le gritan a los funcionarios del liceo: “abrí la puerta que el Pepe quiere entrar, abrí la puerta que el Pepe quiere entrar, quiere entrar, el Pepe quiere entraaar”? El Presidente en la calle, rodeado por la gente, hablando un lenguaje que entendemos todos y como si fuera poco, cumpliendo la tarea militante de repartir volantes contra la violencia hacia las mujeres. Hasta ahí, ¡fantástico! El problema es que el Presidente, una vez más, confundió las formas con el contenido y le volvió a errar al bizcochazo. Esta vez en los contenidos, pero también en las formas.

 

El volante que repartía el Presidente de la República –repito- decía: “Hombre aprendé a perder” y me detengo primero en el contenido sólo porque me parece el yerro más inquietante. El volante del Presidente, que supongo que no ingenió él mismo, porque si no el problema es aún mayor, habla de “perder”. Sr Presidente, debo admitir que Ud. acertó en una parte del texto del volante, le habló a los hombres, por lo menos, no “culpó” a las mujeres por el problema, -algunos conservadores recalcitrantes todavía lo hacen- pero lamentablemente, en la misma frase cometió un error mayúsculo de concepción: ¿dónde está el juego o la guerra –si se prefiere- para que hablemos de ganadores o perdedores? ¿Qué es lo que dice Ud. deberían aprender los hombres cuando no les pegan a las mujeres? ¿O se refiere a que en ésta nos dejen ganar a nosotras porque tienen ganadas todas las otras batallas? La violencia hacia las mujeres no se trata de ninguna de las dos cosas, ni de un juego con apuesta ni de una guerra. Se trata de una ideología que supone que unos pueden dominar a otras, poseerlas y por tanto maltratarlas cuando y hasta donde se les plazca. No es como Ud. dijo una consecuencia de enamoramientos mal resueltos, ni de asumir que, como nos ponemos viejos y gordos, la mujer que tenemos al lado tiene todo el derecho a dejarnos. La violencia hacia las mujeres es ideología y práctica machistas llevada a su expresión física, económica, psicológica y social y no hay “excusas circunstanciales” que empañen ese trasfondo.   

 

 

Sr. Presidente, nos hemos quemado las pestañas para transmitir la idea que en esto ganamos todos y todas o perdemos todos y todas. Y además, eso nunca es una regla de suma cero. Se trata de convivir bajo otros parámetros de respeto a los derechos de todas las personas.

 

Pero volviendo a la escena en la vía pública y siguiendo con los contenidos, quedé aún más sorprendida cuando una periodista le preguntó que, dado que demostraba una preocupación tan contundente de su parte, por qué no se destinaban más recursos desde el Estado para combatir esta problemática. Buena pregunta pero a Ud. no le gustó y contestó que “la cuestión está en cambiar las cabezas de la gente”. Una vez más estamos de acuerdo, aunque lastimosamente, sólo en parte. Sr. Presidente la cuestión está en las políticas públicas para la equidad de género, la cuestión está en medidas concretas contra la  violencia machista, la cuestión está en crear y fortalecer una institucionalidad de género que permita que las políticas incorporen esta mirada, la cuestión está en designar recursos, la cuestión está en crear campañas de sensibilización de la opinión pública, la cuestión está en generar y sostener programas para la educación formal y no formal que incorporen la perspectiva de la no violencia, la cuestión está en tener servicios de calidad para la atención a mujeres que atraviesan esa situación y que se articulen con otras acciones que permitan a las mujeres romper con los lazos de dependencia económicos y emocionales. Como Ud. ve Sr. Presidente la cuestión está en todos lados y sólo si la cuestión está en todos lados se podrá cambiar la cabeza de la gente. 

 

Aunque en apariencia con poco éxito, también se han hecho históricos esfuerzos para transmitir la idea de que las políticas a largo plazo no se riñen con las soluciones concretas, que crear áreas de políticas de género en el Estado no se riñe con la contención inmediata que se le da a una mujer que llega en situación de emergencia a un consultorio barrial.

 

 

          Ahora bien, a pesar de mi opinión, Ud. o quien haya pergeñado el texto del volante podrá decir que esa era la mejor contribución que se podía hacer para que se pensara y hablara sobre el tema. Bueno, debo decirle que otra vez coincidimos sólo en parte: las contribuciones son necesarias y bienvenidas de todos lados pero –lamento este nuevo pero- siempre y cuando contribuyan a acumular en contenidos y en formas. No es verdad que a las feministas no nos venga nada bien, nos vienen bien muchas cosas, algunas de las hechas y otras que siguen pendientes, pero tampoco es verdad, como en muchos otros temas, que “cualquier ayudita sirve”. Y ya se sabe… no siempre alcanza con las buenas intenciones.

 

Ud. seguro sabe que en este país hay muchas personas, mujeres organizadas en la sociedad civil, mujeres con responsabilidad en el Estado, académicas, parlamentarias de su propia fuerza política, pero también hombres que han incorporado esta causa como parte del trabajo por una sociedad más justa, que saben mucho sobre este tema, que han aprendido a fuerza de pensar, de estudiar, de escuchar, de contrastar experiencias, de patear, de arremangarse, de gastar saliva, de enojarse y de abrazar. Esa y otra tanta gente ha hecho esfuerzos –nunca suficientes- para problematizar y poner en la agenda pública el tema de las desigualdades de género. Ud. podría recurrir sin problemas a ellas/os. Sin embargo,  no se sabe por qué extraña razón las investiduras hacen creer que se puede saber de todo, y que todo empieza “cuando cada uno de nosotros llega”.

 

 

          Sr. Presidente, también hemos aprendido -y aunque sigo con los contenidos me adentro en las formas de su acto militante- que la acumulación es fundamental pero que sólo es posible si nos organizamos y pasamos el testigo unas a otras y unas a otros. Su incursión en este 25 de noviembre, casi como una aparición mesiánica, y por más simbolismo que tenga su figura, no deja de ser una incursión en solitario, sus formas en este caso tampoco acumulan. Es más de lo mismo, tutelaje y compasión.

 

  Reveces como éstos, no hacen más que multiplicar mis respetos hacia todas las mujeres que emprendieron el costoso camino de pelear por su dignidad. También multiplica mi respeto hacia todas aquellas personas que han contribuido y contribuyen a llamar a las cosas por su nombre.

 

                                                                    *Frenteamplista - Feminista - Socióloga

 

e todo se sabe! a instruirse señor presidente!!! que de esto hay muchas personas que saben mucho!!! Mis respetos y salud a todas las mujeres que emprendieron el costoso camino de pelear por su dignidad y mis respetos y salud a todas las personas que han pensado, pateado, gastado saliva y dado abrazos para poner las cosas en sus justos términos

 

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