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TABARE SISMOS Por Bolivar Viana

publicado a la‎(s)‎ 22 oct. 2011 15:48 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

Estoy tan conmocionado y, sobre todo, tan sorprendido por las últimas “escolaridades” del ex mandatario, que ya no sé para dónde agarrar (y ganas me vienen de agarrar para “el diván”). ¿Quién, en su sano juicio, hubiera esperado de tan preclaro estadista -líder indiscutido e insustituible de la izquierda uruguaya- semejantes borroneos, más propios de un jardín de infantes que de una escuela? Al menos en las escuelas se aprende el ABC, incluso sin necesidad del plan Ceibal.

 

Hecha la pregunta, me contesto: no lo hubiera esperado quien no le fue viendo las patas a la sota por estar obnubilado con la popularidad de dicho ex mandatario, popularidad que parece asegurar -si la biología no se interpone- una larga permanencia de dicha izquierda en el poder (o en el gobierno, para aquellos que siguen haciendo la distinción con el poder, como si el poder de vetar, por ejemplo, no fuera una manifestación de poder). No dudo de la necesidad de la popularidad, pero cuando la cosa se va quedando en mera popularidad, hay que empezar a abrir los ojos.

Otro ex mandatario habló un día de la Providencia (que le jugó en contra, volcando los votos a favor de su contrincante). Sin embargo, por ahora, la única figura “providencial” del panorama político parece ser la de nuestro “político” sui géneris, que “sabe como hacerlo y puede volver a hacerlo”. Reformulación ideológica mediante, en la cual supongo que aquella vieja tontería del “antiimperialismo” no habrá de figurar, porque ahora la “hipótesis” es otra.

A dónde iremos a parar -la izquierda en particular y el país en general- es otra pregunta que me hago, ante la eventualidad de que nos demos el lujo de no contar con una figura de la talla del ex mandatario. ¿Será el acabose? Por ahora lo que está claro, al menos para los que no estamos obnubilados, es que el hombre se va a hacer rogar. Rogadores no han de faltar, como bien sabemos. Nunca supe si Seregni contó con esos privilegios cuando renunció. Y uno, que tiene su corazoncito inclinado hacia la izquierda (sin necesidad siquiera de tenerlo en los extremos del espectro ideológico), no puede menos que sentir un poco de vergüenza. Al menos, si se toma estas cosas con la debida seriedad. Lo otro que queda, para no manijearse demasiado, es tomarlo como tema insoslayable para el regocijo carnavalesco, que viene a ser algo así como el “diván” donde los uruguayos exorcizamos nuestras broncas y pataleos. Lo grotesco está asegurado de antemano, basta ponerle color.

Algunos cráneos tratan de explicarse este desliz como una jugada del ex mandatario con vistas al 2014. Hipótesis -ya que él nos introdujo en el reino de lo hipotético- no faltan. Hipótesis o hipotenusas, tanto da. Los que le quieren encontrar la quinta pata al gato, parten de la base de que el gato tiene cinco patas (o lo que es lo mismo, que el ex mandatario no da puntada sin hilo). Supongamos que es así, por más maquiavélico o estrambótico que resulte y hagamos un poco de política-ficción. Aquí ya se trata de recurrir al hipoclorito, para ver si sacamos algo en limpio.

El hombre se viene perfilando para ser el próximo candidato (si es único, mejor que mejor). Interrumpe entonces su profundo y prolongado silencio, retornando al escenario público. Y entonces no se le ocurre mejor idea que revelar un secreto que cualquiera que tenga algo que ver con la trayectoria de la izquierda en este continente, tiene que saber que va a causar una reacción adversa, por decirlo del modo suave y civilizado al que nos tiene acostumbrado dicho protagonista. Claro, no ha sido todo lo adversa que debería haber sido, porque no nos olvidemos que esta metida de pata es la metida de pata del “hombre providencial”. Y ya sabemos que la “providencia” también juega. A veces, corriendo espesos velos para que no veamos lo que rompe los ojos. Entonces, ante dichas reacciones, el hombre, a su vez, reacciona como lo tenía pensado (ya que él no da puntada sin hilo). Agarra la pelota bajo el brazo (como Obdulio) y se va para su casa (ahí no como Obdulio, que se bancó en la cancha con todo el Estadio en contra). Y entonces, se dedica a la dulce espera. Que no ha de ser muy larga, por que si no, ¿a dónde iremos a parar? ¿Quién vendrá a salvarnos de nosotros mismos, y de nuestras “estupideces”?

Visto así, no deja de tener su lógica. Debe de contar con que sabe con los bueyes que ara.

¿Será que tenemos los ojos celestes, como aquél Tabaré que venía en la tapa del cuaderno donde hacíamos nuestras “escolaridades”? ¿No habrá hecho el Poeta de la Patria, con ese indio también sui géneris, un símbolo de la uruguayez más profundo de lo que él mismo se imaginaba? Como los símbolos son algo mucho más serio de lo que generalmente se piensa, por aquí podría rastrearse parte del problema de identidad que parece estar padeciendo la izquierda uruguaya, y no sólo con respecto a sus liderazgos.

Dicho sea de paso: en las festividades del Bicentenario -a las cuales todavía no he podido encontrarle el hilo conductor que relacionara nuestro tiempo con el de nuestros orígenes- ¿no hubiera sido mejor que en lugar de esa enorme mujer (que parecía la novia de Terminator) se hubiera hecho la figura de Tabaré, el indio de los ojos celestes? Por ahí, capaz que la participación de la Fura se hubiera justificado un poquito más. ¿O era para no dejar a la “Madre Patria” afuera de los festejos?

En fin… “cosas veredes, Sancho” que te dejarán patitieso.

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