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¿Tabaré sorprendido? Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 9 abr. 2015 15:53 por Semanario Voces

La portada de Búsqueda antes de Semana Santa sorprendió a todos, cuando informó que Vázquez dijo a los miembros de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) que encontró la situación de la economía y las finanzas públicas “peor de lo que esperaba” y que como consecuencia de ello “iba a haber un presupuesto muy austero y que en ese marco se iban a estudiar los pedidos de los distintos organismos”. El presidente también manifestó su “preocupación de lo que pueda pasar con Brasil”.

Ni Vázquez ni su entorno desmintieron esa información aún cuando el ex presidente Mujica reaccionó rápida y lógicamente ante ella expresando que se trataba del mismo equipo económico. De hecho, de los diferentes argumentos manejados por Vázquez, sólo la devaluación en Brasil es posterior a la campaña electoral (el real se depreció un 21% en el primer trimestre y un 30% desde la primera vuelta de octubre en nuestro país) pero desde entonces no ha habido sorpresas en materia fiscal ni en el caso del nivel de actividad de la economía.

Creo que el presidente trasmitió a los miembros de la SCJ un argumento preventivo (que será utilizado en reiteración real en las discusiones presupuestales dentro del gobierno) pero que al mismo tiempo refleja la realidad, su sorpresa por encontrar una situación peor a la esperada.

Ahora bien, ¿cómo es posible esto? ¿Acaso estaba mal informado por su equipo económico en tiempos de campaña? Creo que Vázquez no estaba mal informado en el sentido de que se le escondiera o retaceara información, pero sí en el sentido de confiar (todos ellos, Vázquez y su equipo) que las cosas no estaban tan mal como en realidad estaban, y encima ahora agravadas por la reciente maxi devaluación brasileña. Ese exceso de confianza está en la raíz de la actual sorpresa presidencial.

De hecho, desde el equipo económico se fustigó una y otra vez a los analistas a lo largo del año pasado cuando advertíamos lo que se venía (y me refiero a quienes que no participamos en modo alguno de la campaña electoral). Por suerte, muchos de esos “agoreros” tenemos publicado lo que entonces expresamos.

En mi caso, más allá de lo analizado en la treintena de columnas publicadas en “Economía & Mercado” y en “Voces” en 2014, el año pasado participé de dos eventos públicos en los que me referí a las finanzas públicas. Primero, el 25 de marzo, en el marco de un almuerzo de ADM, señalé que en los años electorales hay, como regla, un deterioro fiscal del orden de 1% del PIB y que en 2014, que no sería excepción a esa regla, el déficit fiscal tendería al estructural y sería mayor a 3% del PIB. Segundo, el 13 de agosto, en las jornadas del BCU, estimé el déficit estructural de ese año en 4,1% del PIB y cuantifiqué en 1,5% del producto la magnitud del ajuste fiscal necesario para que la deuda pública se mantuviera estable en términos del PIB. En todo caso, este agorero se quedó algo corto…

Quiero detenerme en un pasaje de la referida portada de Búsqueda que quizá alumbra mejor lo sucedido: “Vázquez entiende que el déficit fiscal es mayor de lo que las cifras muestran. También que el crecimiento de la economía es menor porque los números están inflados por el efecto de la puesta en marcha de Montes del Plata, que representa casi dos puntos porcentuales del PIB”.

Es claro que Vázquez no pone en duda las estadísticas oficiales (nadie tendría derecho a dudar de ellas porque en nuestro país son y han sido siempre totalmente confiables) sino que se mete en un par de indicadores para expresar que si se los analiza más en profundidad de lo que se hace habitualmente, ellos muestran una situación peor de la que luce a simple vista.

Coincido con ese punto de vista: si se ve el “núcleo” del PIB, éste no está creciendo al 3,5% como cerró el año pasado sino a menos del 2% (que es el crecimiento relevante, por ejemplo, a los efectos de la recaudación de impuestos y la creación de empleos); y si se ajustan los números fiscales por el ciclo económico, el déficit (el “estructural”, al que aludí anteriormente) está bien arriba del 4% del PIB y no ya en torno al 3,5% del PIB.

Pero este mismo análisis, mostrando una desaceleración económica mayor a la aparente y un déficit fiscal ajustado por el ciclo mayor al observado, también fue realizado reiteradamente a lo largo del año pasado por varios de nosotros y tampoco puede llevar a sorpresa. En todo caso, reitero, queda en evidencia un exceso de confianza en la situación económica y fiscal, por parte de un equipo (mal) acostumbrado a navegar en aguas calmas durante una década.

Creo que Vázquez, sinceramente, creía que las cosas serían más fáciles de lo que serán. De hecho, ya había manifestado un exceso de confianza en la situación cuando aceptó ser pre candidato aquel 7 de agosto de 2013 cuando representantes de varios sectores políticos del FA lo visitaron en su residencia del Prado. Consultado acerca de si tuvo en cuenta, al aceptar, las dificultades que había empezado a enfrentar la economía y que si ganaba las elecciones no iba a tener un panorama tan despejado, Vázquez dijo a Búsqueda entonces: “¿Usted cree que puede haber una situación peor que la que recibimos cuando fui candidato en el 2004? Yo creo que estamos mucho mejor que en aquel momento. Si en aquel momento se pudo salir adelante, en la situación económica y social actual estamos en un nivel que nos permite aspirar a ir a mucho más: mejores condiciones de vida para los uruguayos, mayor dignidad en la calidad de vida, logros importantes a nivel social y un desarrollo humano más profundo”.

Creo que Vázquez puso el foco en el lugar equivocado. A veces no importa tanto el nivel como importa la tendencia y si bien el nivel es hoy mucho mejor al de hace diez años, la tendencia es claramente menos favorable. Comentando lo dicho por Vázquez aquel día, el 2 de septiembre de 2013 escribí lo siguiente en “Economía & Mercado”: “Cuando digo que lo que más importa es la tendencia me refiero a que creo que lo importante es en cada momento desde dónde se sale y hacia dónde se va y en esto son claves las expectativas de las personas sobre su futuro. ¿Cómo ve el futuro quien tiene poco y empieza a repechar y a superar posiciones? ¿Y cómo lo ve quien repechó y adquirió mayores niveles de satisfacción y un buen día empieza a ver que retrocede? ¿Cuál de ambas situaciones es más manejable para un gobierno? ¿Es preferible estar en condiciones de dar a quien tiene poco o no tener más remedio que dejar de dar, o incluso quitar, a quien había mejorado su situación? Quien va de menos a más tiene mejores expectativas que quien va de más a menos, más allá de los niveles respectivos. (…) Hablando en plata, ¿cómo entiende quien venía teniendo todos los años un aumento real de su salario de 4% a 5% cuando eso ya no pueda suceder o incluso, cuando el ajuste real en sus ingresos deba ser negativo? ¿Y quien tenga una reducción aún mayor en términos de su ingreso disponible para gastar porque en vez de usar crecientemente el crédito deba empezar a amortizarlo? ¿Y, a todo nivel, quienes ahora deban pasar a consumir menos bienes durables y servicios turísticos en el exterior que antes, porque se encarecerán relativa y progresivamente tras años de ser lo que más se había abaratado en términos del ingreso?”.

Hoy estamos, efectivamente, muchísimo mejor que en 2005. Pero esto, más que un cómodo activo, es un tremendo desafío para el gobernante.

Más vale tarde que nunca: el gobierno, su presidente y su equipo económico parecen caer en una realidad nada amigable y que se irá complicando en los próximos trimestres. Como otras veces en el pasado, con otros partidos gobernando, podremos comprobar que no haber hecho bien las cosas en el auge, cayendo en excesos, nos las complicará cuando el viento se ponga de frente y las vacas ya no estén tan gordas.

Lo que corresponde, aquí y ahora, es relativizar las promesas preelectorales, dejarlas en suspenso o como máximo, ligar su cumplimiento al crecimiento de la economía, para el cual debería asumirse, en la programación financiera, una tasa no mayor al 10% en el quinquenio. Con las empresas públicas ya se está consiguiendo un punto del PIB de ajuste fiscal. Ahora falta otro tanto que no será fácil de obtener, pero sería suicida agravar las cosas con nuevos rubros presupuestales.

Para ello es clave que las autoridades entiendan que las elecciones pasaron y que es tiempo de gobernar. Y que, en todo caso, si quieren tener el mejor resultado electoral dentro de cinco años, lo mejor es corregir cuanto antes todo lo que tengan que corregir.


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