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TANTO LIO AL SANTO BOTÓN Por José Luis Baumgartner

publicado a la‎(s)‎ 10 may. 2012 6:31 por Semanario Voces
 

 

 

Lucía Topolansky manifestó algunos de sus deseos a la agencia de noticias argentina “Telam”. Pero mejor  habría sid que hubiera callado. Porque el tiempo es vida, ¿viste?

 

Expresó su aspiración: a que “muchos integrantes de las FFAA estén con el FA” porque es “la propuesta que está más cerca de la gente”; a que las FFAA sean “fieles al proyecto de la izquierda”; a que “las FFAA de hoy queden divorciadas del pasado”.

 

“Siempre decimos así, un numerito: preciso por lo menos un tercio de la oficialidad y la mitad de la tropa de mi lado, como una meta. Me gustaría todo. Pero una base sustentable sería eso”.

 

Resaltó las mejoras en retribuciones al personal militar aprobadas por el gobierno: “eso dignifica y nos asegura que toda la gente piense en el FA como una opción y asegura que nunca más se repita la historia de la dictadura”.

Mencionó como una “novedad” que el Jefe del Ejército, Pedro Aguerre, sea hijo de un militar que estuvo preso durante la dictadura y que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa sea hermano de otro militar, también preso entonces por los milicos, y que se haya encargado a “un muchacho joven, profesor de historia” revisar los programas de formación de los militares –referencia a Hernán Planchón, director de Formación del Ministerio de Defensa Nacional.  

 

Asimismo dijo que el golpe de Estado fue dado por el Partido Colorado (tradición en el país) y que “era un secreto a voces que los blancos tenían influencia en la Marina y los colorados en las tropas de tierra”.

 

En Tacuarembó, insistió con el tema, recordando que si bien los militares no participan directamente en política, lo hacen a la hora de decidir una elección nacional: “votan y por lo tanto en su momento tienen que tomar una definición política y elegir”.

 

Empecemos por lo esencial.

La compañera Lucía tiene el derecho de expresar, en círculo cerrado o públicamente lo que pasa por su ánimo –sobre las FFAA, el PIT-CNT, Defensor, dios, o lo que sea-, sin limitación alguna. Como vos. Como yo. Como cualquiera.

Los datos o comentarios justificatorios de sus utópicas pretensiones pertenecen a su propiedad intelectual.

Deseos no son hechos. Lo que no tiene principio de ejecución ni es planteado como  plan de acción, queda en el plano del inocuo fuero de quien abrió la boca. A menos que se invoque el concepto fascista de peligrosidad –que castiga lo potencial en función de  persecuciones totalitarias-, a cada rato invocado implícitamente por doquier. Hay más fachos de los que se cree. Y andan con porras y cadenas –en la cabeza-.

Revuelo gratuito.

 

¿Alguien (fuera de los que te dije) habría dicho algo si Alarcón hubiese revelado sus ganas de que muchos integrantes de las FFAA fueran socios de Nacional, porque es el club que está más cerca de la gente?

¿Alguien (fuera de algún homofóbico) habría protestado si una institución reclamante del respeto a toda opción hubiera expuesto su deseo de que la mayoría de las FFAA fuera homosexual –por lo menos un tercio de la oficialidad y la totalidad de la tropa-¿

 

Lucía, en un momento de ocio, imaginándose Alicia en el País de las Maravillas, largó migas de papel al viento: las palomas (portadoras de mil pestes) creyeron que eran papa y alborotaron, los gorriones, no -siguieron en lo suyo-.    

 

Los milicos se enneciaron. La oposición practicó su consabida histeria. Gente del FA tomó distancia. El Pepe dijo que todo el mundo tiene derecho a opinar de política lo que se le cante. Manadas salvajes de legalistas arremetieron con Constitución y leyes.

 

El Ministerio de Defensa –inspirado por Onán, igual que todos, vio como proyectos lo que eran palabras al santo cuete y esculpió en mármol un comunicado de 5 puntos, que rebatió la mera agitación del aire.

Que “no comparte los conceptos vertidos” por Topolansky: no interesa.

Que “tampoco tiene conocimiento –ni teórico ni práctico- de que se estén revisando los programas de formación militar”: tendrían que estar haciéndolo, ¿o todo da igual?

Que el profesor Planchón “no está realizando lo que allí se dice”: ¿qué hace entonces?

Que Aguerre y Castellá “fueron ascendidos por sus méritos profesionales sin tener en cuenta vínculo familiar alguno”: nadie dijo lo contrario. (Lucía recordó un dato, algo hecho por el FA jamás concebido durante los regímenes de Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle).  Que “en este Ministerio trabajan en total armonía personas provenientes de distintas fuerzas del espectro político”: tema no tratado.

 

Lucía habló como frenteamplista convencida de que lo mejor para todo el mundo está en el FA; pero resulta que es la senadora más votada, en línea inmediata a la sucesión presidencial, y la mujer del Pepe; ha sido Presidenta interina; sus opiniones cuentan a la hora de legislar; en el FA tiene vara alta; es un valor político de primera clase.

Lo que diga, teñido fuertemente de oficialismo, involucra, sí o sí, al FA y al gobierno ante una gilada que no discierne  -porque no quiere o no puede hacerlo-.

Debería saber que las tribunas están plagadas de adversos al FA y que todo sirve para exponerlo a la crítica más estúpida y despiadada. (Javier García es como el Chiquitúa que trabaja con Carballo en un reclame de Goldfarb: “¡Vamos a morir!”. “¡Nos quedan 5 segundos!”. “¡Esto va a estallar!”).

La ideológica se juega todos los días en cada cosa que se ventile: la derecha tiene los medios, el FA las ganas.

 

¡Lucía, no seas lela! La lelez es contagiosa –está  visto-.

Usá el coco antes de emitir la primera palabra que se te ocurra.

El callar manda. Por y para algo estás dónde estás.

Jugando mentalmente al roba montón, pero sin parar de hablar, armaste flor de

incendio en el monte al quemar hojas secas –ya en el árbol-. Te van a acusar de piromaníaca. ¿No previste lo que se podía venir? ¡Por favor! No hagas que perdamos tiempo deteniéndonos en naderías con flecos. 

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