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Tiempo de trabajar con calma Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2012 4:10 por Semanario Voces
 

Cuando me dispongo a escribir esta columna se desconocen las motivaciones del matrimonio presidencial por decidir remociones de jerarcas y también se desconoce la extensión de la lista de los potenciales involucrados. Comienza la semana (es lunes de tarde) y hasta el momento hay dos bajas oficiales (Lescano y Rey) y se dice que habrá varias más (la más preocupante, la de Calloia). Se presume que para cuando Voces esté en los kioskos la lista será más frondosa. Se reunieron Mujica y Astori y nada relevante trascendió hasta esta hora. En cuanto a las versiones sobre los motivos de esta movida, hay unas cuantas, menos creíbles las más traídas de los pelos (cuestión de género; satisfacción por la gestión; excesiva permanencia en el cargo) y más posibles las más perversas (ajuste de cuentas en la interna, por la campaña de las internas; mayor concentración de poder). Y digo que las primeras son menos creíbles a priori porque no se justificaría semejante movida (propia de un elefante en un bazar) para tan poca cosa y con tan poco fundamento. Por eso creo que debe ser algo más grande. Si lo es, sería decepcionante, porque sería un golpe muy duro a la gobernabilidad en momentos en que se requiere de serenidad y cautela para lidiar con vientos adversos que han comenzado a soplar desde el exterior, desde lejos y desde cerca. Pero si no lo fuera, y la verdadera razón de semejante movida estuviera en los fundamentos infantiles que se escucharon, sería también decepcionante pero por la impericia que denotaría existir en el nivel más alto del gobierno.

Una de las palabras más escuchadas tras conocerse los relevos referidos fue “deslealtad”. Deslealtad hacia el vicepresidente, que justamente ha venido dando pruebas elocuentes de lealtad hacia el presidente, soportando un equipo económico paralelo e incluso llegando a aprobar alguna de sus propuestas aún siendo éstas contrarias a la filosofía de la política económica (impuesto a la tierra). O, aún sin llegar a aprobarlas, teniendo que soportar el permanente boicot a iniciativas del equipo económico oficial (la rebaja del IVA y la mayor bancarización, por ejemplo).

Justamente el reconocimiento a la lealtad de Astori había sido el fundamento principal de algunas versiones que habían trascendido hace algunas semanas y que apuntaban a un eventual apoyo del MPP a la candidatura del vicepresidente por sobre la de Vázquez para las próximas elecciones. Tema del que me ocupé hace dos semanas en esta página.

Pero no pretendo ser analista político y menos a jugármela con relación a lo que pueda suceder con el tema planteado, a casi cuatro días de la publicación de estas líneas. Cuatro días en las actuales circunstancias parecen ser “largo plazo” (como lo que ocurre, con la economía, en la Unión Europea).

A lo que me quiero referir es a las implicancias de todo esto sobre la gestión del gobierno y en particular la economía. Por un lado, estamos en el tercer año del mandato y se suponía que era el último en el cual se podían hacer cosas. El año que viene con las elecciones a la vista va a ser muy difícil concretar lo pendiente. Y ni qué hablar si el frente económico se complicara por lo que nos está viniendo desde el exterior. Por otro lado, ¿con qué ánimo se trabajará de ahora en más tras lo sucedido? ¿Con qué confianza en la continuidad no ya personal sino de las políticas? ¿Cuánto se complicará la obtención de la mayoría parlamentaria para el apoyo de las medidas que vayan desde el Ejecutivo al Legislativo?

Venimos bien, más allá de compartirse o no las políticas oficiales. No podemos aplicar a nuestro país lo que se dice del gobierno K en Argentina, que todo ha sido “soja y suerte”. Es claro que el viento de cola ha sido decisivo para nosotros, pero también es evidente que las políticas aplicadas son en general bien recibidas por los mercados. No en vano se recuperó hace pocas semanas el Investment Grade. Es decir, tenemos el mejor ambiente para poder desarrollar una agenda de gobierno.

Y hay una agenda de gobierno bastante amplia; sin pretender ser taxativo: las asociaciones público privadas, las reformas en la enseñanza pública, los cambios en las políticas de seguridad, la inminente discusión presupuestal en el marco del proyecto de Rendición de Cuentas.

Todo eso, que no es sólo eso, ni es poco ni es fácil, es preferible encararlo desde la paz que desde el conflicto, desde la confianza que desde la incerteza. Tanto política como económica. Y justo cuando el frente económico empezaba a complicarse, por razones totalmente exógenas, lo que debería ser un momento de calma política, de estrechar filas ante la adversidad, viene este gol en contra presidencial, en contra de esa paz política, de la viabilidad de los consensos, en fin, de la gobernabilidad.

Y no puedo dejar de asignar algún párrafo a lo que está pasando en la economía. Ya todo no es lo que era, o lo que parecía ser. Empezando por Europa, donde la Unión se resquebraja y el problema ya no es Grecia sino España, cuya magnitud (y la del rescate eventualmente necesario) es mayor a la suma de Grecia, Irlanda y Portugal. Estados Unidos, que parece despegar lentamente, muestra alternativamente indicadores auspiciosos y negativos y en caso de levantar vuelo, no lo será de un modo contundente ni a alta velocidad. China e India se desaceleran y en la primera, sigue pendiente la espada de Damocles de la democratización, de su propia “primavera” como sucedió en el norte de Africa. No es inminente pero es inevitable. También se desaceleran las otras economías emergentes, en particular Brasil que apenas creció en el primer trimestre de este año. Un Brasil que empezó a ajustar como sabe hacerlo para evitarse males mayores en el futuro. Y Argentina que va rumbo al precipicio, un precipicio que se aleja mientras el mundo ayuda pero que se acerca raudamente cuando el gobierno toma decisiones. Del balance de la ayuda del exterior (en duda ahora por todo lo dicho) y de los daños auto infringidos por la propia política doméstica, surgirá el momento y la magnitud de la caída.

Y si en Uruguay seguimos con el verso de que nuestro principal socio es Brasil, nos va a ir muy mal. Hay que asumir que Argentina es más relevante porque viene a consumir acá, nuestras exportaciones son principalmente dentro de nuestras fronteras y son intensivas en trabajo uruguayo y en impuestos. Una desaceleración y un mayor precio del dólar en Brasil, son más llevaderos que lo mismo en Argentina. Y quienes se resistan a entenderlo se van a tener que rendir ante los hechos más tarde o más temprano.

Todo esto, no nos será inocuo. ¿Alguien puede pensar que la discusión de la Rendición de Cuentas será la misma que si otro fuera el telón de fondo económico? ¿Alguien puede imaginar que las inminentes rondas de los Consejos de Salarios serán iguales a las que hubieran sido de mantenerse el “viento de cola”?

Por todo esto, la hora requeriría de la mayor de las calmas, de la tranquilidad, de la certeza, de la confianza en los diferentes niveles de gobierno. Del trabajo en equipo, del complementarse, del coordinar, del sentirse parte de una misma cosa. Todo esto ha sido jaqueado y comprometido por la movida presidencial que se inició la semana pasada y que, al inicio de la presente, se mantenía complicada. Alguien tiene que ceder y dar marcha atrás y dadas las circunstancias, sería preferible que no volviera a ser Astori quien lo hace.

 

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