Artículos‎ > ‎

Tienen razón los bolches Por Alfredo García

publicado a la‎(s)‎ 26 jul. 2011 14:34 por Semanario Voces
 

 

Las discrepancias en la interna frentista afloran todos los días. Los temas son variados y las voces disidentes alternan de protagonistas y sectores. Todo el mundo habla de crisis y pone cara de preocupado. Las cúpulas se reúnen y proliferan las declaraciones. Unidad de acción, disciplina, sanciones, de todo como en botica. ¿Hay riesgo de una fractura del Frente Amplio?

A veces pienso que el ejercicio del gobierno produce amnesia colectiva, porque no encuentro otra explicación a esta paranoia en la dirigencia frenteamplista sobre los riesgos de la unidad de nuestra fuerza política. Que yo recuerde las discusiones de años atrás fueron durísimas y mucho más profundas que las actuales y sin embargo el Frente se mantuvo y creció, y vaya como creció.

 

HACIENDO MEMORIA

Varios hitos de la discusión frentista: comités de base o locales partidarios (1971); militares peruanistas o gorilas (1973); Frente Amplio o Convergencia Democrática (1980); voto en blanco o a sectores opositores de los colorados y blancos (1982); CNT o PIT, FEUU o ASCEEP, (1983) Pacto del Club Naval (1984); Candidatura única o múltiple –Hugo Batalla- (1989); Reforma Constitucional (1996); ley de caducidad en Congreso Hector Rodríguez (2003); para no mencionar las discusiones sobre las Maniobras de UNITAS, las tropas en Haití o el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en el primer periodo de gobierno.

Nunca la vida interna del Frente Amplio fue mansa; la lucha ideológica estaba a la orden del día y los debates jamás amenazaron la unidad, con la única excepción de la fractura en 1989 cuando el Partido por el Gobierno del Pueblo con Hugo Batalla abandona la coalición. El ir y venir del Partido Demócrata Cristiano (PDC) durante la dictadura y los años posteriores culminaron con el reingreso al Frente. Algo similar ocurrió con el Nuevo Espacio de Rafael Michelini.

 

¿FRENTE O PARTIDO?

Esto es toda una discusión pendiente para la izquierda uruguaya, porque lo que surgió inicialmente como una alianza política de varios grupos y partidos que logró aglutinar un montón de gente, dando lugar al famoso binomio coalición y movimiento, hoy presenta una realidad diferente.

El Frente Amplio creció de ser un veinte por ciento de la población hasta superar la adhesión de más de la mitad de los  uruguayos. Esta realidad llevó a que la relación militantes-votantes se desequilibrara enormemente a favor de estos últimos y la pata movimiento cada vez pesara menos. Además el corrimiento del espectro ideológico se ensanchó muchísimo hacia el centro y la identidad fundacional (antioligárquica y antiimperialista) se entrara a desdibujar. La estructura partidaria quedó, mal que nos pese, fuera de época y con una brutal incapacidad de absorber a los cientos de miles de nuevos adherentes. Los veinte y tantos sectores,  muchos de los cuales su existencia es difícil de entender, más allá de ambiciones personales o perfilismos grupales, apenas alcanzan unas decenas de miles de militantes. Nosotros, la gran masa estamos al margen. La coalición de izquierda es un enorme frente poli clasista y pluri ideológico que intenta funcionar con una disciplina de partido único, cosa que rechina por todos lados.  

LA DIVERSIDAD FORTALECE

Es fantástico, todos los frentistas desde el vamos nos sentimos profundamente orgullosos del crecimiento del Frente y lo atribuimos a causas y méritos diversos, pero a veces no asumimos que ese “estirón” conlleva un sinnúmero de nuevas cabezas y opiniones. Esa es la mayor fuerza que tenemos. Tratar de encorsetar en una postura única e indivisible tanta neurona es imposible. Es ridículo por lo tanto exigir que se piense de una misma manera y que las minorías se sometan a las circunstanciales mayorías.  Porque la alegría va por barrios, y quien fuera mayoría ayer pasa a perder como en la guerra mañana. ¿Qué mejor ejemplos de esto que el TLC y el PPP?                                                    Es absolutamente antidemocrático querer imponer sanciones a las personas o sectores que voten diferente, cada vez que ello ocurra. De esa manera terminamos alejando a la gente del proyecto común. La unidad de acción funcionó cuando éramos una hermosa minoría militante que no incidía demasiado en la política nacional. Hoy gobernamos al país. Y en el futuro cercano (2015) es probable que perdamos la ventaja de la mayoría absoluta en el parlamento, por lo que habrá que gobernar realizando acuerdos con sectores de la oposición. Hay que acostumbrarse, son las reglas democráticas de juego.  Un solo ejemplo, ¿vamos a obligar a todos los legisladores frentistas a que voten la despenalización del aborto? Capaz que es más sencillo conseguir la mayoría acordando con los blancos y colorados que estén de acuerdo con esa iniciativa. No quiero meterme con el tema programa del Frente en esta nota, porque eso lleva a cuestionar a fondo la forma en que fue resuelto, no faltará oportunidad para dicho debate. Lo que si me interesa dejar claro es que las posturas inquisidoras, con connotaciones de barra brava, que muchos compañeros tuvieron con los compañeros del Partido Comunista, por no haber votado Lorier la ley de Participación Publica Privada, estuvieron totalmente fuera de lugar. Su postura en este caso, es la que en el futuro muchos otros compañeros frentistas tomaran cuando no estén de acuerdo, y está bien que así sea.  Y aflojen con esa tendencia de querer mandar en penitencia al que piensa diferente y actúa en consecuencia. Así que aunque parezca una paradoja, por todas las veces que les di con un caño a los camaradas, debo reconocer que en esta ocasión, los bolches tienen razón.

 

 

Comments