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Tras el Investment Grade, ¿a quién apuntó Lorenzo? Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 16 abr. 2012 12:45 por Semanario Voces
 

He leído con atención la columna de opinión publicada por el ministro Fernando Lorenzo en El Observador del domingo pasado, titulada “Grado Inversor, política económica e instituciones”, cuya lectura recomiendo fervientemente y que es clave para comprender ésta, la mía de hoy en Voces.

Lo primero que debo manifestar es mi enorme coincidencia, casi total, con lo que Lorenzo escribió allí en materia de economía. Y mi enorme discrepancia, también casi total, con lo que él escribió de cuestiones políticas.

La coincidencia en materia económica es enorme y creo que a nadie debería sorprender. En particular en el tema que motiva su columna: la reciente recuperación, tras algo más de diez años, del Investment Grade por parte de nuestro país. Si hay una política que he defendido y elogiado como nadie ha hecho es la de deuda pública, principalmente por haber ido “pesificando” la deuda en forma sistemática, atenuando casi por completo a esta altura el riesgo de una devaluación de nuestra moneda sobre las finanzas públicas. Y si hay una actitud que he coincidido en criticar, junto con el Gobierno, ella ha sido la de las calificadoras, que siempre corren desde atrás a la realidad y se han equivocado en reiteración real aquí y en todas partes, contribuyendo a exacerbar los efectos de las crisis. En particular, recién ahora vienen a reconocernos el status que el mercado hace tiempo nos había otorgado ante cada emisión de deuda. Y lo hacen estando Uruguay en una situación más sólida que entre 1999 y 2001, cuando nos lo habían mantenido sin merecerlo. Inconsistencia intertemporal, que le dicen, o, siendo benévolos, reconocimiento tardío de haber actuado mal en el pasado y corrección de criterios para el futuro.

Estoy muy de acuerdo con todo lo conceptual que expresa el ministro en materia económica y con lo referido a los cambios institucionales introducidos en los últimos años: desde la propia creación de la Unidad de Gestión de Deuda Pública en el MEF, hasta la regulación y supervisión del sistema financiero, pasando por varios temas que el ministro menciona y también por otros que él no menciona, como sin dudas se trata del actual proceso de adecuación de nuestra normativa a la de mayor aceptación internacional en materia tributaria y financiera. Creo que los gobiernos del Frente Amplio han profundizado y mejorado algunas políticas e instituciones de gobiernos anteriores y creado otras.

El trabajo desplegado por el MEF y el BCU en los últimos años ha sido encomiable y es justo el “premio” que ahora se obtiene si bien, reitero, el mercado ya se lo reconocía cada vez que se emitía deuda pública desde un tiempo a esta parte. Enhorabuena y mis felicitaciones a los funcionarios que desde la crisis de 2002 para acá trabajaron esforzada e inteligentemente en la materia.

Sin embargo, mi discrepancia es extraordinaria con el enfoque político que Lorenzo da al tema en la columna del domingo pasado.

Primero, porque trasmite la impresión de que todo comenzó con el gobierno del Frente Amplio. Yo no creo en las “refundaciones” de los países por parte de los gobiernos y sí creo, en cambio, en que cada nuevo gobierno es un enano que se sube a los hombros de un gigante. Al menos así son las cosas en los países sólidos, con tradiciones y estabilidad, como el nuestro. Además, no parece ser esa la actitud de Danilo Astori, cuando el año pasado, en la presentación del libro de Carlos Sténeri (sobre la crisis bancaria y el canje de deuda), elogió calurosamente al ex ministro Atchugarry. Tampoco se parece a la actitud de Tabaré Vázquez en 2009, cuando quiso que Jorge Batlle lo acompañara en el estrado para cortar la cinta al inaugurar el nuevo aeropuerto de Carrasco.

Segundo, porque olvida que no sólo la política económica y la construcción institucional, junto con el resto de las acciones públicas desplegadas desde marzo de 2005, han generado y generan uno de los períodos de crecimiento económico más intenso y extensos de nuestra historia económica. También ha contribuido significativamente a ello (y hay quienes opinan que más que cualquier otra cosa) el espectacular “viento de cola” que hemos recibido del resto del mundo. Si habrá sido fuerte ese impulso que ha permitido a otros países del barrio mantenerse en pie a pesar de los disparates que han hecho. Es decir que el ministro escribe desde la cresta de la ola y como los ciclos económicos no se han derogado, habrá que esperar a ver toda la película para sacar conclusiones. Hay quienes creen, como Andrés Oppenheimer, y yo coincido con él, que Uruguay y los otros países de su condición en Sudamérica (todos ellos con Investment Grade desde antes que nosotros) hemos perdido la oportunidad de sentar las bases para un crecimiento sólido a largo plazo y que más bien hemos aprovechado a pasarla bien en tiempos de buena fortuna.

Tercero, porque en todo caso el ministro debe reconocer, como hizo valientemente Astori no hace mucho tiempo, que con los postulados del Frente Amplio en sus tiempos de oposición jamás habríamos obtenido el Grado Inversor como la semana pasada. Si “todo comenzó” en marzo de 2005 fue, en todo caso, porque el que comenzó entonces a cambiarlo todo en su discurso fue el Frente Amplio. Sin ir más lejos, ¿qué hubiera dicho el Frente Amplio de entonces en la oposición si alguno de los partidos tradicionales hubiera cancelado anticipadamente los casi US$ 3.000 millones que le debíamos al FMI, como ellos hicieron en los primeros años de gobierno?

Cuarto, porque más allá de coincidir ampliamente con la política económica actual, a ésta se le deben señalar carencias importantes y no desde lo partidario sino desde lo estrictamente profesional: existe déficit fiscal a pesar de que el consumo vuela; el gasto ha subido más que el PIB y lo ha hecho en rubros rígidos; la política fiscal es poco flexible y muy pro cíclica, y es además inconsistente con otras políticas económicas, lo que se traduce en el incumplimiento sistemático de la meta de inflación. Y lo referido en este párrafo es casi un consenso en nuestra profesión.

Quinto, porque más allá de la macroeconomía, y con las salvedades referidas, no hay demasiado para mostrar. Lo hay, indudablemente, en materia social, lo que no es novedoso en nuestro país, donde en estos años se ha armado un diseño institucional interesante y exitoso que también redujo vulnerabilidades. Pero, en cambio, no hay allí accountability o rendición de cuentas o solicitud de contrapartidas a la asistencia y los subsidios. Pero no se pueden exhibir logros en materia de enseñanza pública, donde retrocedemos en forma relativa y quizá también absoluta a pesar de un enorme aumento presupuestal sin metas ni objetivos. En definitiva, no se puede exhibir en lo micro ni una pequeña parte de lo que se muestra en lo macro. Y es en lo micro donde se define el desarrollo a largo plazo.

La columna de Lorenzo no demuestra que, llegado al gobierno en 2005, el Frente Amplio refundó el país ni mucho menos. Los logros que exhibe sólo pertenecen a los adelantados que, con Astori a la cabeza, se aggiornaron a tiempo para bien del país. No refiere un sólo logro más allá de la economía y las finanzas, excepto las políticas sociales que el propio Astori ha dicho que no se mantendrían en pie si cambiara la política económica, como algunos quieren en el propio gobierno.

La columna de Lorenzo no va dirigida entonces a los partidos tradicionales sino a la interna del Frente, donde combaten día a día los socialdemócratas como él o Astori con otros que si se salieran con la suya copiarían la política económica kirchnerista. Creo que el ministro estriba en los partidos tradicionales para apuntar hacia otros lados: la interna del Frente, el “equipo económico alternativo” (que le hizo aprobar un impuesto en el que no creía), la barra del MPP (que quiere incentivar que las fábricas pasen a manos obreras) o la corporación sindical (que manda en la enseñanza estatal).

 

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