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TRATAMIENTO DE SHOCK Por Hoenir Sarthou

publicado a la‎(s)‎ 5 jul. 2012 9:13 por Semanario Voces
 

 

 

El documento causó sensación porque proponía despenalizar la producción y la venta de marihuana, y, más aún, porque proponía que el Estado las asumiera.

Todo el país se puso a discutir sobre la marihuana: que si es dañina, que si causa adicción, que si el autocultivo, que si los tratados internacionales.

Cuando todo el mundo estaba ocupado en eso (el Pepe había dicho que habría un mes para discutir el documento) entraron al Parlamento cuatro proyectos de ley.

Cuatro proyectos. Y ninguno tenía que ver con la marihuana, salvo el que prevé la internación compulsiva de personas que estén consumiendo sustancias estupefacientes, o aparenten haberlas consumido, o estar por consumirlas o haber pensado en consumirlas (exagero un poco, pero no mucho).

La marihuana es un estupefaciente y no está excluida de las sustancias cuyo consumo habilita la internación ¿No íbamos a despenalizarla? ¿Cómo se entiende entonces que quede incluida entre los “consumos” que habilitan la internación compulsiva? ¿Tiene sentido proponerse despenalizar, y tal vez estatizar, la venta de una sustancia y a la vez internar a quienes la consuman?

Otro de los proyectos aumenta las penas para quienes vendan pasta base. Si la penalización de la marihuana no dio resultado, ¿por qué habría de darlo para la pasta base? Entonces, ¿para qué aumentar la pena? Son filosofías contradictorias ¿no?. En cualquier caso, la coherencia no parece ser la preocupación principal de quienes redactaron el documento sobre seguridad y convivencia y los cuatro proyectos de ley.

 

¿PICARDÍAS TUPAMARAS?

En su vieja etapa guerrillera, el MLN usó infinidad de veces la táctica de la distracción. Armar bochinche acá para que pasara desapercibido un operativo allá, generar escándalo con un hecho o una declaración para disimular o tapar un error, son viejas tácticas tupamaras. En otros tiempos, usadas con ingenio y creatividad, dieron resultados sorprendentes.

¿Cuánto de eso hay en ese verborrágico documento, preñado de propuestas polémicas y contradictorias, y en la rápida presentación de los cuatro proyectos de ley que obviamente estaban preparados de antemano?

Una vez más, la táctica parece haber dado resultado.

Para empezar, la lluvia de propuestas contradictorias y esa especie de “shock” legisltativo impulsado por el gobierno, desconcertó a la oposición, le enredó el juego y la hizo perder la iniciativa.

¿Cómo harían Bordaberry o Lacalle para decirles a sus votantes que  

está mal la internación compulsiva, o el aumento de las penas para el tráfico de pasta base, o la extensión de los mínimos de reclusión para los menores de edad, si se han pasado reclamando mano dura? Y, a la vez, ¿cómo criticar al gobierno por hablar de despenalizar la marihuana si es el mismo gobierno que impulsa esas medidas duras y el que promueve la indemnización a las víctimas de delitos?

El cortocircuito argumentativo es evidente. Y no sólo para la derecha. Porque son muchos temas y muchas medidas que apuntan en direcciones diferentes. 

Ante la jugada, a la oposición de derecha no le quedó más remedio que seguir criticando a Almagro por la suspensión de Paraguay y la entrada de Venezuela en el MERCOSUR. Pero los políticos opositores saben que ese tema no desequilibra al gobierno. La inseguridad ciudadana sí podría hacerlo, pero, en esa materia, de momento, perdieron la iniciativa y lo saben.

Cierta parte de la izquierda, aunque no lo admita, respira aliviada. Por un lado, porque la iniciativa sobre la marihuana es vistosa, tiene aire “progre” y contenta a la juventud (que está bastante ajena y distante de la gestión del Frente). Por otro, porque la parte represiva y “políticamente incorrecta” de las medidas aliviará la presión de la opinión pública en materia de seguridad ciudadana. Y lo mejor de todo es que, si algo sale mal, la factura la pagarán el Pepe y su sector, que asumieron públicamente la paternidad de la iniciativa.    

 

NO TODO ES TÁCTICA EN LA VIDA

Como jugada táctica, la movida del gobierno parece brillante. Le permitió desconcertar a la oposición, recuperar la iniciativa y despertar expectativas.

Sin embargo, cabe preguntarse si el objetivo era atacar la inseguridad o descolocar a la oposición. Porque queda en pie un problema esencial. Sigue sin haber una estrategia coherente para prevenir el aumento del delito.

Legalizar una droga y aumentar la pena para otras, encerrar unos meses más a algunos menores infractores e internar a quien se drogue en lugares públicos o “privados no habitados”, no remediará el problema de fondo. Podrá contentar por un tiempo el reclamo reaccionario y visceral de “mano dura”, pero no eliminará a la marginalidad cultural, que es la fuente de la delincuencia más frecuente y visible, así como no impedirá el crecimiento del narcotráfico organizado, que es la criminalidad más temible.

Si no se modifican las políticas sociales, educativas y de minoridad, y se asume como Norte la necesidad de legalizar y regular la producción y el suministro de “drogas”, las usinas de delincuencia seguirán funcionando.

Pero esos cambios requerirían políticas coherentes y profundas que no se vislumbran por el momento en el documento del gobierno ni en los cuatro proyectos de ley presentados.

 

 

 

  

 

 

 

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