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TV Ciudad, una televisión de proximidad e innovación Por Daniela López R.

publicado a la‎(s)‎ 26 ago. 2012 16:46 por Semanario Voces
 

La vida no consiste en “ser” sino en “llegar a ser”, en hacerse continuamente a si misma en íntima comunión con su circunstancia. La vida es programa, bosquejo que se forma el hombre en aproximación su mismidad. La vida comienza cuando el hombre se decide a conocer racionalmente, cuando inicia el proyecto”.   José Ortega y Gasset

 

Fue por casualidad que este lunes pasado leí una crónica en la diaria acerca de un foro organizado por los trabajadores del canal municipal Tevé Ciudad (en realidad me pierdo un poco en estos senderos burocráticos, el foro era organizado por el comité de base de ADEOM) en el que se proponían discutir para “incidir” en la definición de “hacia dónde debe ir” el “modelo de gestión y de contenidos” de Tevé Ciudad. Parece que se entiende que la ocasión es propicia dado que estamos en el umbral de la transición a la televisión digital terrestre, y con ello, este canal pasará a ser un canal “abierto”… digital. Como veremos con más detalle, mucho de esto es parte de una nube de realidad e insensatez.

Adicionalmente, y como parte de este escenario, los trabajadores del referido canal se encuentran en conflicto con la IMM, y más aún (o más precisamente), con la directora de la División Información y Comunicación, María Urruzola. Según la crónica, ella habló primero y encendió la mecha cuando “mandó” un fast food. Habló de un combo y de otros elementos. Habló de rating (lo definió como un indicador) y reiteró un concepto extraño y errático que, al estar por la crónica, se insistió en otros oradores: modelo de gestión. Expuso Urruzola un estado de la administración terrible: “no se sacan costos de los programas” (la sóla expresión refleja una incomprensión del tema, pero vale la preocupación), “faltan protocolos” (¿no será métodos y procesos?), “hay que generar nuevos departamentos”, reorientar otros, como el comercial, además de necesitar “una cabeza gerencial””. Dicho esto, es de inmediato concluir que falta todo.

La respuesta de los trabajadores, según la crónica, fue que en realidad las cosas están bastante peor que eso: que hay una mala utilización de los recursos, que hay que llamar a concurso para el “cargo” de director del canal, y convocar a un consejo asesor integrado por los trabajadores. Y ella replicó: que un consejo se convocará una vez que se “tomen las resoluciones políticas de hacia dónde se quiere ir”. A segundo seguido, “admitió” que el canal está sin gobierno y que existen problemas de gestión, “pero (así dice la crónica) entendió que son normales en el Estado”. Urruzola desafió a todos a “preguntarse qué se hizo mal hasta el momento”. Aunque la pregunta es, después de tanto tiempo de gestión, ¿quién(es) se hacen cargo del estado de situación a dos años de iniciada la Administración?

Según la crónica, la intendenta Ana Olivera discurrió sus minutos “acerca del proceso” que llevó a que el PE cediera a la aspiración municipal y se accediera a convertir en una señal digital.

Otros hablaron

Más adelante habló Alejandro Albarracín, representante de una organización de nombre muy pomposo y altisonante: Coalición por una Comunicación Democrática. La síntesis, y admito mi perplejidad, expresada en la nota es que planteó “alcanzar un diagnóstico colectivo para posteriormente producir un proyecto escrito, algo que ningún medio público del país tiene, según enfatizó”. Queda clara la aspiración de convertirse en un proyecto de papel. Quizás en el 2020 ese colectivo haya concluido su diagnóstico (suelen ser siempre intangibles, evidentes y obvios) y alcanzado un proyecto escrito. Está bueno…

El director de la Licenciatura de Comunicaciones de la Udelar, Gabriel Kaplún, también reclamó se presente “un proyecto que pueda ser discutido, al igual que ocurre con los privados y comunitarios”. Luego la crónica me confundió mucho. Dice: “Acerca del modelo de gestión, Kaplún resaltó como clave que se defina la independencia de estos proyectos de los gobiernos”.

Realmente, llama la atención esta confusión entre una cuestión relacionada a la gestión y otra a cuestiones institucionales. El modelo de gestión expresa un estilo de gerencia, de jerarquías, de inserción institucional. No obstante estas confusiones, expresó otras cosas que deberían ponerle la “piel de gallina” a los presentes: “que cuando el canal contaba con un presupuesto de un millón de dólares producía mejores contenidos que ahora, que ronda los tres millones”.

Otro expositor, Martín Papich, del Instituto del Cine y el Audiovisual en Uruguay, destacó un concepto importante: la reformulación del canal tiene que estar orientada a la audiencia, que no es lo mismo que rating.

Otras opiniones de las que se dan cuenta quedan en el anecdotario de las circunstancias, a excepción de la intervención de Gustavo Leal. Si bien la crónica le dedica un breve párrafo, Leal es claro en la conceptualización de su intervención, claridad que no parece haberla pretendido ni alcanzado ningún otro participante. Dio claves: lógica empresarial no asociada al lucro (es decir, empapada de eficiencia y eficacia), cooperación con TNU (es decir, alianzas estratégicas para el mejor desarrollo de una política complementaria de contenidos y de posicionamiento como tv pública), y el vínculo con la ciudadanía y el espacio público de la ciudad (una contribución a la urbanidad y a la construcción de convivencia).

Algunos comentarios

La crónica de la reunión pone de manifiesto mucha confusión. Creo que lo primero que debió plantearse en función del interés manifestado, es el sentido del realismo del postulado de un gobierno independiente del poder político. Reclamo que no se fundamenta y no se describe. Por ejemplo, que sería a término y nunca renovable. En lo personal, creo que es una discusión menor para una televisión de proximidad. Entiendo que la figura de un director ejecutivo asociada a un gobierno corporativo honorario representativo del sistema político local, es suficiente. En tren de ir a aspiraciones, un colegiado así sería apto para gobernar no sólo un canal, sino los medios del Estado en función del interés público y nunca corporativo. La independencia de gestión del staff ejecutivo solamente estará acotada por las normas de la administración y del cumplimiento del plan aprobado por el board. Y ese colegiado honorario, que no intervendrá en la gestión, haría un seguimiento periódico de los planes; y el staff gerencial será evaluado periódicamente de acuerdo a los resultados comprometidos.

Inmediatamente, y aún en mayor grado de importancia, desarrollar una financiación eficaz junto con un control de gastos eficiente asociada a la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos; consolidar una programación variada (y variable) y diversa de los canales comerciales; todo ello, sustentado en la condición de transformarse en pioneros en el desarrollo tecnológico.

Es absurdo pensar TV Ciudad fuera de la política estratégica de la IMM. Como también lo es pensarlo fuera del entramado de medios en manos del Estado. La primera definición, desde mi perspectiva, es que TV Ciudad debe definirse como una televisión centrada en la proximidad e innovación. Ese es el primer paso. ¿Cómo se traduce? En la adopción de un modelo de televisión más próximo a los montevideanos, con más participación de la audiencia, con más conexiones en directo y más colaboración de los Departamentos de la IMM. Lo siguiente es definir la remodelación de toda la arquitectura tecnológica con el objetivo de digitalizar completamente los sistemas de producción, edición, emisión y almacenaje de las imágenes y de los productos producidos, así como su estrategia de accesibilidad  y eventual comercialización e intercambio. Esto lleva a definir la integración de los procesos de producción y postproducción, y fundamentalmente, un flujo de trabajo que involucre a todas las personas que intervienen en la creación, en particular, editores, productores y redactores (guionistas y/o periodistas)…y dirección, obvio.

Y es aún más absurdo pensarla en función de quienes la arman para sí mismos, temerosos de sus resultados. Por principios, toda gestión está presidida por objetivos comprometidos cuantificables, los que serán contrastados objetivamente, y por ellos, llamados a responsabilidad.

De eso se trata. De una gestión de calidad. De la responsabilidad del gestor.

 

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