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UN CAMBIO DEMOLEDOR Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2015 12:38 por Semanario Voces

Cuando Laurent Fabius golpeó con un pequeño martillo sobre la mesa, aclaró que se trataba de un pequeño martillo con el que se podía hacer grandes cosas. Era la señal más esperada por los ciento noventa y cinco países que acudieron a París para acordar una decisión histórica: atacar entre todos el recalentamiento del mundo con acuerdos concretos y verificables.

De todos los peligros que puedan amenazar el futuro del planeta, el cambio climático puede resultar el más demoledor, ya está entre nosotros, comiendo nuestros recursos, enfermándonos, sin que la ciencia pueda hacer mucho. Es la primera vez que los países industrializados aceptan, formalmente, lo que científicos y organizaciones ambientalistas venía señalando desde varias décadas atrás.

Las fuentes difieren ligeramente en ubicar a los cinco países más contaminantes del planeta, pero coinciden en los dos primeros: China y Estados Unidos. En la posición de E. Unidos, a veces aparece Brasil, a veces India, pero, invariablemente, Japón ocupa el quinto lugar, y entre los cinco primeros, en algunas listas se encuentran Rusia e Indonesia. El documento firmado la semana pasada en París fija condiciones muy severas, que los firmantes se obligan a respetar, y, también, crea un fondo de ayuda de 100 mil millones de dólares anuales que comenzará a funcionar desde 2020, con el fin de compensar a las economías de aquellos países que deban hacer un esfuerzo mayor sin contar con los medios suficientes.

"El acuerdo no es perfecto", dijo con mesura el delegado chino ante la Conferencia, pero, agregó: "Eso no nos ha impedido dar un paso histórico". Lo histórico, a que se refiere China, es que los países se comprometen con metas concretas, y a liderar los aportes para el Fondo compensatorio. Pero más allá de los resultados prácticos de esta Cubre, que dependerán de la capacidad de control que ejerzan los países firmantes, está el reconocimiento público del peligro que se cierne sobre la humanidad, y el acierto de los vaticinios y recomendaciones de la comunidad científica, y las organizaciones no gubernamentales que han venido denunciando las cada vez más claras evidencias del cambio climático.

Aunque el peso de la responsabilidad recae sobre los países que mayor CO2 liberan a la atmósfera, por su capacidad industrial, por su conducta consumista y por el peso que tienen en el comercio mundial de elementos emisores de dióxido de carbono, la divulgación de la capacidad contaminante de los elementos de uso cotidiano por parte de la población, pueden actuar de forma disuasoria, como ya sucedió con el caso del tabaco, y de eso sabemos bien los uruguayos.

El cambio climático está fomentado por muchas incidencias cotidianas, que está en nuestras manos limitar. Por ejemplo: un mensaje de texto contribuye en menor medida a la emisión de CO2 que el uso del celular como teléfono. Otra de las novedades, está en que un kilo de queso semiduro representa otros 12 ks. de CO2 en la atmósfera, o el equivalente a la marcha de un auto durante 6 kms. La información científica, llevada a la vida cotidiana, es fundamental. ¿Quiere decir que debamos privarnos de comer queso para no aumentar las emisiones de C02? No, pero que el conocimiento nos ayude a elegir mejor, quizás a elegir otro queso producido con leche de animales más eficientes, como la cabra.

Se calcula que en la actualidad hay más de 7 mil millones de celulares en el mundo. Una discreta llamada diaria de sólo dos minutos, produce 47 ks. de CO2 al año, por lo tanto, el uso de esos 7 mil millones de celulares, a un promedio de sólo dos minutos por día, producirán la friolera de 329 mil millones de ks. de dióxido de carbono. Ya no es cosa de señalar con el dedo a determinado tipo de industrias, es la vida cotidiana lo que parece estar fuera de control para reducir el cambio climático. ¿Qué puede sustituir al uso de los celulares? Debemos ser sinceros para comprender la complejidad del cambio climático, porque no se puede aceptar sólo la parte del problema que nos conviene; el motor de la calidad de vida es la lucha por producir bienes que vayan en ese sentido, y no hay una dirección única. La ciencia, los avances tecnológicos, la comprobación sobre los efectos negativos y la gobernanza sobre esa complejidad no son temas de un manual sino la vida misma de la humanidad.

El cambio climático es una realidad que durante mucho tiempo se intentó subestimar, bien por los enormes intereses económicos que están involucrados, bien porque la evidencia científica no era tan evidente como en la actualidad. ¿Estaremos a tiempo de frenar los efectos devastadores que implica? Para tener una respuesta aproximada, primero, había que esperar la reacción de los países más industrializados del planeta. El presidente Obama está dispuesto a hacerlo, hasta siendo consciente que la composición del Parlamento, hoy, le es adverso, y a pesar de eso, ha utilizado las prerrogativas constitucionales para llevar adelante el compromiso de Estados Unidos frente a la comunidad internacional. China, por su parte, el principal emisor de dióxido de carbono, también participó y asumió compromisos concretos en la cumbre de París. ¿Alcanza con haber firmado un documento para que la temperatura del planeta suba sólo 2 grados, o menos, a lo largo de este siglo, como lo expresa el compromiso? Por supuesto que no, pero las evidencias seguirán presionando sobre los gobiernos. Así como la posición de Al Gore llevó al partido Demócrata de los Estados Unidos a asumir una actitud más consecuente con el problema, hoy, la población china, que sufre las consecuencias de la polución de origen industrial de forma directa, ya está siendo un factor decisivo en la postura del gobierno chino, que en sólo 25 años ha contribuido como nadie al envenenamiento del aire del planeta.

Pero de poco vale que nosotros, uruguayos, nos escandalicemos con lo que pasa en el mundo industrializado si no hacemos lo que podemos hacer en un ambiente menos comprometido. Tenemos problemas con el agua dulce, y tomamos algunas medidas sólo cuando ya no tenemos más remedio que reaccionar, porque el agua que distribuye OSE ha perdido calidad, siendo que OSE es estatal, y siempre mantuvo su prestigio como un factor regional distintivo. ¿Qué estudios se han hecho para comprobar el estado de las aguas subterráneas, en particular las del acuífero Raigón? ¿Qué mediciones realiza Uruguay para cuantificar y catalogar sus emisiones de dióxido de carbono? ¿Qué medidas se toman para poner en sitio seguro los residuos de la actividad humana?

Podemos escandalizarnos ante las noticias que apuntan a los países más industrializados sin prestar atención a que, en buena medida, el desarrollo industrial desenfrenado de los países centrales depende de ciudadanos poco exigentes en la parte del mundo que consume bienes de poca calidad.

Se podrá hablar durante otro siglo sobre la propiedad de los bienes de producción, de la propiedad de la tierra, y la función de las empresas públicas, discurso que es muy atractivo para los uruguayos, pero un siglo más puede ser catastrófico para nuestra apacible población. Uruguay, por el contrario, está en condiciones de ser una referencia mundial. Tiene los técnicos, tiene un sistema político estable, tiene una población comunicada y apta para asumir compromisos, como lo demostró con el tabaco.

 


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