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UN DOMINGO DE FÚTBOL Por Luis Nieto

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2017 16:32 por Semanario Voces

El Barcelona perdió con el Deportivo de La Coruña y Nacional ganó a Racing, después de ir atrás dos veces a lo largo del partido. A pesar del gol de Luis Suárez, el traspié al Barsa le costó la punta del̔ campeonato, y vuelve a tener vigencia el debate en torno al partido que ganó al París Saint Germain, por la ayudita del árbitro en dos penales dudosos.

Pero, en realidad, no fueron los equipos ni lo que pasó en el campo de juego lo que desató una catarata de imágenes y pensamientos inquietantes en mi cerebro. Las cámaras en las transmisiones uruguayas parecen dedicarse, exclusivamente, a los jugadores y las jugadas, las cámaras españolas a la totalidad del espectáculo. A la lluvia, por ejemplo, y a las tribunas, con excelente definición. Se ven familias enteras, niños junto a sus padres, cada uno con los colores de su club. Al finalizar el partido en el Parque Central la transmisión de VTV se permitió enfocar a buena parte del público, en un plano bastante próximo. Hombres y mujeres saliendo en dirección a las escaleras, hablando entre sí, al margen de los horrores de este mundo.

Para nosotros, occidentales conscientes u occidentales distraídos, no tiene ninguna connotación ver a mujeres en igualdad con los hombres, en cualquier espectáculo público, en cualquier trabajo. Las nuevas generaciones, además, están llenas de muchachas inquietas, que opinan con propiedad y tanto disfrutan como sufren en cualquier partido donde juegue su equipo o su selección, como si sobre la cancha estuviesen sus iguales. Y esto, que parece tan normal, cualquier domingo en un estadio, marca, sin lugar a dudas, que la igualdad de la mujer y el hombre, en este vapuleado Occidente, es más real que en el resto de la Tierra. Occidente, para muchos occidentales, aparece como el gran culpable de todos los males sobre la Tierra, el culpable del hambre, de las guerras, de la corrupción, del femicidio. En todo caso, aquí las cosas acaban sabiéndose, y muchos de los culpables acaban en la cárcel, y eso marca dos puntos esenciales para definir el margen de justicia que permite una sociedad.

Tanto la independencia del Poder Judicial como la libertad irrestricta de opinión son baluartes fundamentales de Occidente, a pesar de que grupos de poder sueñen y trabajen para limitar ambos derechos adquiridos. También es cierto que los grandes medios informativos pertenecen a minorías económicas que llevan agua para su molino. ¿Cuál molino? No hay sólo uno, y esa parece ser la gracia. Los medios caminan cerca de la opinión pública, porque salvo en los regímenes autoritarios o dictatoriales, donde la prensa es única, y responde al gobierno o al partido de gobierno, en situación de competencia está claro que no se consigue la fidelidad del lector vendiendo humo. Puede haber avances limitados, incluso durante largos períodos, pero no se sostiene ninguna experiencia periodística si su línea editorial no refleja el multifacético panorama político-social que busca resolver los problemas de largo plazo de cualquier sociedad.

Unos pocos años atrás, partidarios los integrantes del colectivo LGBT no tenían espacios, ni en Occidente ni en el resto del mundo. La sociedad ha evolucionado en cuanto a tolerancia y derechos de la persona. Cada vez es más frecuente y natural que personas de un mismo sexo contraigan matrimonio, y sean socialmente aceptados. Esto, tan vituperado en otras culturas, es parte de una realidad que revela el sentido de libertad inherente a la cultura occidental.

Uno de los aspectos más preocupantes en esta encrucijada del mundo es no tener una relación madura con el sistema político por antonomasia de Occidente. Podremos seguir debatiendo dos mil años más sobre la decadencia del Imperio Romano, extendiendo aquellas bacanales del poder con las actuales crisis en uno u otro país. Podremos especular en torno a lo que quiso decir Marx en tal o cual trabajo, pero lo real es hoy, es esta sociedad humana llena de imperfecciones. No acabamos de percibir el lento tránsito a un nuevo protagonismo, que, seguramente, estará determinado por la transmisión horizontal, desordenada y poco confiable en los primeros tiempos, pero inevitable, a menos que exista una fuerza capaz de arrancar todas las antenas de transmisión, y acabar con las enormes inversiones que han hecho posible internet y todo lo que implica.

No habrá socialismo con desdicha humana. Esa fue la tumba del socialismo de los países inspirados en la experiencia soviética. No habrá socialismo con el 52% de la población marginada por razones de género. Es inviable, como tan inviable es decretar medidas que obliguen a cubrir artificialmente los por cientos que deberían corresponderle a mujeres. La sociedad debe avanzar en todos los aspectos, también en lo simbólico, y eso empieza en todos lados, con el desarrollo de la sensibilidad, del horror ante la muerte infame de una mujer en manos de un tipo al que la bestia le sale del cuerpo. Hay otras muertes, sistemáticas, aceptadas por la sociedad, por el simple hecho de enamorarse de quien sea. Y sin embargo las mujeres occidentales no levantan un muro frente a cada lapidación, frente a cada sentencia de cárcel por razones que aquí ya ni se discuten.

Si hay algo parecido al apartheid es la situación de la mujer en los países islámicos. Sudáfrica tuvo que aflojar ante la dura repulsa de Occidente por causa del bloqueo a que fue sometido. Seguramente muchos de los países que prohibieron a los atletas sudafricanos participar en las Olimpíadas y otros eventos internacionales, no tenían ganas de meterse en un lío con su pariente del Sur, pero lo hicieron empujados por la opinión pública de sus respectivos países. Curiosamente, las minorías étnicas fueron capaces de imponer una agenda que puso en cuestión un tema de carácter universal, y esa agenda arrastró hacia definiciones políticas que pusieron contra las cuerdas al régimen de Pretoria. Desde entonces la cuestión racial ha seguido evolucionando, al punto de contribuir a que un presidente negro llegase al país más poderoso de la Tierra, y que eso no provocase una guerra.

El pasado domingo, en casi todos los países de Occidente mujeres y hombres llenaron los estadios de fútbol. En pie de igualdad cada uno gritó por su equipo, algo simple, casi intrascendente. Nuestras hijas reciben la misma atención y amor que los varones. Muchos atavismos quedaron por el camino de la convivencia y las luchas democráticas. En la Universidad uruguaya la matriculación de mujeres es superior al de varones. Es superior el ingreso y también el egreso. Lo mismo sucede con el ingreso a posgrados. Es un dato que se repite año a año, y es fácil imaginar las consecuencias que puede tener en la sociedad uruguaya un número mayor de mujeres con educación terciaria. Cuando se discute la necesidad de establecer cuotas de género sin tomar en cuenta lo que está sucediendo en un segundo plano, de forma lenta, silenciosa, se puede caer en la tentación de repetir los hábitos machistas de dominación, heredados de sociedades alienadas en la producción y la acumulación de riqueza.

Nuestras hijas van con sus novios al estadio, vuelven felices o tristes pero se hacen cargo de la heladera y llenan de luz la casa de los viejos. Vivimos en sociedades con dificultades económicas pero algo nuevo se viene abriendo paso. En Occidente nunca habrá calma, seguramente siempre habrá polémica y discrepancia, pero es donde las ideas humanistas encuentran un ambiente propicio para crecer, y cambiar las relaciones sociales.

 


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