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UN RELEVO QUE NO SE ENTIENDE Por Gabriel Barandiaran

publicado a la‎(s)‎ 5 sept. 2011 7:19 por Semanario Voces
 

 

 

 

 

La resolución de separar del cargo al actual Director de Telecomunicaciones, el Sr. Gustavo Gómez, ha provocado desconcierto en muchos de los que hemos estado más o menos relacionados con la materia en los últimos tiempos.  Por supuesto que el titular del Poder Ejecutivo o el ministro del ramo tienen todo el derecho de disponer de la titularidad de los puestos bajo su mando de acuerdo a su libérrimo saber o entender.  Pero más allá de ese derecho, es importante que la ciudadanía tenga claro las razones tanto de las designaciones como de los alejamientos con el fin de explicitar el rumbo de las políticas públicas y de las incidencias de las personas a cargo de las mismas.

 

Conociendo a Gómez, es claro que no se trató de negligencia, ni omisión, ni delito.  El hecho de permitir que continúe unos meses más hasta finalizar los proyectos pendientes así también lo confirma.  Por lo tanto, resta suponer que su alejamiento está relacionado por temas políticos vinculados a su gestión, o por desavenencias con algún integrante o sector de su fuerza política.  Entenderán los lectores que no estoy en condiciones de afirmar ni una cosa ni la otra. Sin embargo, considero que es importante remarcar el desconcierto del título en la medida del importante papel que cumpliera Gómez al frente de una repartición tan sensible como la de los servicios de comunicación. 

 

Aclaremos un poco los acontecimientos.  La televisión y la radio, tal y como hoy las conocemos ya son cosa del pasado.  El uso de sistemas análogos ya es obsoleto  y aquellos que tienen permisos de uso del espectro radioeléctrico se quedarán sin negocio de no mediar una nueva asignación de frecuencias o, al menos, una nueva decisión sobre el tema.  En un país que nunca reglamentó en serio todo lo referente a asignaciones de frecuencias, entre otras cosas relacionadas  – tengamos en cuenta que la televisión tiene en el país algo más de cincuenta años y eso en materia legal son unos pocos días - se impone la necesidad de establecer el marco legal que regirá el sistema luego del apagón analógico.  Administrar esto no es fácil y alcanza con ver las – en mi opinión – nefastas experiencias de algunos países de la región y de Latinoamérica en los que varios gobiernos se han llevado puesto los derechos más fundamentales.

 

Sin embargo, en este marco el Director de Telecomunicaciones promueve y logra conformar una comisión técnica de carácter consultivo, sentando en la misma mesa a los proveedores de televisión por cable, gremiales de emisores, radios del Interior, sindicatos, productores de contenidos, defensores de los usuarios, universidades y un provechoso etcétera, que termina elaborando un documento que, más allá de diferencias lógicas entre sus integrantes, establece la posibilidad que en Uruguay el tema del pasaje a los medios digitales tenga una plataforma de lanzamiento al menos firme y consensuada.  Este sólo éxito debería asegurar a su promotor el reconocimiento de todos.

 

Pero a días de terminar la redacción del documento, el Presidente de la República larga su afirmación de que todo ese trabajo lo iba a tirar a la papelera, o algo parecido. Si bien algunos interpretaron que se trataba de otra expresión libre y apresurada a la que nos tiene acostumbrados el Sr. Presidente, ya se prendió la primera señal de alarma, completándose ahora con la solicitud de renuncia al Sr. Gómez.

 

¿Por qué tirar a la papelera un trabajo realizado colectivamente por un grupo de personas cuando algunos de sus integrantes son los referentes máximos de los medios en Uruguay?  ¿Qué limitación supone para las políticas sobre los medios de comunicación que desea hacer el gobierno?  En ausencia de información, como ciudadanos tenemos el derecho a especular.  Y lamentablemente es muy difícil no ser suspicaz.  Al final se trata de los medios de comunicación y, por consiguiente, de derechos básicos de la ciudadanía como la libertad de expresión de pensamiento y el derecho a estar informados. 

 

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