Artículos‎ > ‎

Un verano bien movido… y aún no termina Por Javier de Haedo

publicado a la‎(s)‎ 8 feb. 2013 8:02 por Semanario Voces

 

 
Como muy pocas veces antes, lo que ha transcurrido del verano ha traído numerosas noticias en al ámbito de la economía, la mayoría de ellas linderas con lo político. Me refiero al desarrollo de la actual temporada turística, a la inflación, a los resultados en materia de finanzas públicas y a la idea, una vez más sobre el tapete, de aumentar o crear impuestos.

En el caso del turismo, nadie debería sorprenderse por los resultados que se están obteniendo. Si bien estos son parciales y se refieren a la cantidad de turistas ingresados en las primeras (y más importantes) semanas de la temporada, las crónicas que vienen desde el Este hablan de un turismo más “gasolero”, más cuidadoso de lo habitual a la hora de gastar. Y digo que nadie debería sorprenderse porque con la disparada del dólar paralelo (o “blue”) en Argentina en los últimos meses del año pasado, era evidente que a los argentinos, viajar al exterior les iba a resultar mucho más caro que en la temporada anterior. Cuando esto se veía venir, algunas semanas antes del comienzo de la temporada, nuestras autoridades dispusieron algunas medidas con las que se pretendía compensar parte del efecto adverso del mayor tipo de cambio en el país vecino. Pero esas medidas fueron tan razonables como insuficientes, dada la magnitud del problema. Como si todo esto fuera poco, en las primeras semanas del año el paralelo se disparó aún más llegando a casi $ 8 y con una brecha de más de 60% con el oficial, casi en $ 5. O sea que quien salió de Argentina con determinada composición de lugar acerca de lo que le costaría el veraneo, debió ir corrigiendo día a día su presupuesto.

En menor medida, también la relación de precios con Brasil se ha deteriorado en el último año por lo que no cabe esperar que por este lado se puedan compensar los menores ingresos de turistas argentinos ni el menor gasto de éstos. Por otra parte, la relación bilateral de precios con Argentina, que nadie anticipa que pueda mejorar en lo inmediato, augura un intenso flujo de turistas uruguayos hacia ese país en los próximos meses, tanto de turismo propiamente dicho (Semana Santa, Vacaciones de Julio y de Primavera) como de turismo “de compras”, como ya sucede entre ciudades de nuestro Litoral Oeste y sus vecinas del otro lado del Río. Porque con Argentina, cuando la diferencia de precios es muy grande, como ahora, hasta los servicios se vuelven “exportables” o “importables”, servicios tales como una comida en un restaurante, una entrada al teatro o un corte de pelo.

Dicho sea de paso, si bien a un dólar en $ 8 en Argentina no hay con qué darle, el peor resultado del turismo no es ajeno a lo bajo que está el dólar en nuestro país o, visto desde otro ángulo, a lo caros que estamos en términos de dólares. La comparación con Brasil, donde no se hacen las locuras de allende el Plata, nos deja en evidencia, dado que desde una temporada a la otra, el deterioro de la relación bilateral de precios ha sido singular, básicamente, porque no hemos podido seguirle el tren a Brasil con su mezcla de políticas económicas, las que a tiempo comenzó a cambiar en la segunda mitad de 2011, de modo de volverse más competitivo.

El segundo de los temas planteados es el de la inflación. En los 12 meses a noviembre, la variación del IPC había sido de 9,03% y según se informó este lunes, la de los 12 meses a enero fue de 8,72%. Sin embargo, en el año calendario 2012, el IPC “sólo” subió 7,48% gracias a que en diciembre se dio un abaratamiento por un solo mes en la tarifa media de UTE. Si no se contara este efecto, el IPC habría subido 8,4% en 2012, más en línea con las variaciones a noviembre y enero. El menor aumento del IPC en el año pasado dará lugar a un menor aumento en los salarios nominales que suben desde enero (los que rige el Presupuesto Nacional y muchos en el sector privado), lo que ha generado reacciones en los sindicatos y en la oposición. Debe quedar en claro que más allá de que haya sido por casualidad o causalidad, el resultado del IPC en 2012 es legítimo por más que haya subestimado a la inflación, mejor reflejada por los datos a noviembre y enero. Y que nada tiene que ver con los manejos que se hacen con el índice respectivo del otro lado del Plata.

Otro indicador económico cuya difusión trajo cola fue el resultado fiscal. Según informó el MEF el jueves 31, en 2012 hubo un déficit fiscal de 2,8% del PIB, cuando un año antes había sido de 0,9% del PIB. Algunas semanas antes, Masoller había aludido a una “delicada” situación fiscal y la semana pasada Lorenzo habló de que no hay ya más márgenes para subir el presupuesto. Así, de golpe y sin escalas, pasamos de los tiempos de espacios fiscales adicionales a esta situación delicada y en el límite. Hasta hace un par de meses, los economistas que reclamábamos por una situación fiscal altamente desbalanceada cuando aún estamos en tiempos de vacas gordas, éramos poco menos que unos delirantes. Por lo tanto ante la noticia del déficit de 2012 sólo se puede sorprender un distraído. Y que siguen las vacas gordas no hay dudas, aunque Mujica diga que ya no sopla el viento desde la popa. ¿De qué otro modo se puede definir un panorama con precios de exportación en las nubes, un dólar débil y tasas de interés en el piso? Es cierto que el barrio ya no es el mismo, devaluado, desacelerado y más cerrado, pero lejos está de pintar una situación dramática. A fin de cuentas (y de cuentos) el consumo interno ha seguido volando y es él el que paga los impuestos, que han seguido subiendo algo más que la inflación. Pero más rápido aún han subido los gastos, al 10% por encima de la inflación.

Hablando de impuestos, hace algunas semanas trascendió que el “equipo económico paralelo” estaba estudiando (a pedido del Presidente) el aumento o la creación de impuestos y más tarde se supo que entregaría la propuesta a Mujica en los próximos días. El propósito sería generar recursos adicionales para aumentar el gasto social. Siempre en estos casos se exhibe una buena excusa para justificar hacer cosas malas. Ahí está el origen del deterioro de todos los sistemas tributarios, como ya vivimos en el pasado y estamos viviendo ahora una vez más. Tras la señal de alarma emitida desde el MEF a finales de la semana pasada, tras la difusión de los números fiscales de 2012, es posible que los dos equipos económicos coincidan en el propósito de aumentar impuestos aunque ella fuera para fines diferentes. Es decir, para el equipo económico oficial, el aumento de impuestos puede ser oportuno para paliar el déficit fiscal y no para subir todavía más el presupuesto. Y, dada la también diferente visión que ambos tienen acerca del sistema tributario óptimo, es posible que también difieran en el menú de tributos a ajustar o incorporar.

En este contexto, creo que es oportuno señalar algunas cosas. Primero, en Uruguay no parece haber un problema de impuestos bajos sino en todo caso uno de gasto público alto. Segundo, si bien lo deseable sería entonces proceder a un ajuste del gasto, hacia uno más bajo, todos sabemos que eso no va a ocurrir. Tercero, la cuestión parece ser entonces si se suben impuestos para que el déficit sea más bajo o si se sólo se cruzan los dedos para que llueva lo suficiente como para que UTE mejore sus finanzas y con ellas la del sector público en su conjunto. Cuarto, si finalmente se optara por subir impuestos, sería deseable que los que sean modificados, fueran los más neutrales desde el punto de vista de la asignación de recursos y que no se tocaran aquellos que se vinculan con ideas retrógradas y perimidos
Comments