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Uruguay Crece Contigo La equidad como proyecto nacional Por Leonel Briozzo*

publicado a la‎(s)‎ 23 jun. 2012 8:36 por Semanario Voces
 

A comienzos del siglo XXI la evidencia científica es contundente: las enfermedades crónicas (hipertensión arterial, infartos, diabetes, entre otras), la obesidad (verdadera epidemia de esta época) y el cáncer en muchas localizaciones, son facilitadas y hasta promovidas por determinadas condiciones en la vida fetal y la primera infancia (hasta los 3 o 4 años). Sabemos además, que en este particular período de la vida se marca de manera significativa el capital neuronal (base del desarrollo encefálico) y funcional del cerebro humano, con sus implicancias para el desarrollo de los individuos, de sus capacidades y de la propia socialización que desarrollara en el futuro.

La explicación de lo anteriormente expresado se basa en el conocimiento   acumulado por la moderna epigenética, una ciencia que se define como el estudio de los cambios en la función de los genes, pero que a diferencia de las mutaciones, no entrañan una modificación en la secuencia ni estructura del ADN. Los seres humanos, por nuestra particular peripecia histórica desde nuestros orígenes, hemos luchado permanentemente por la supervivencia. Entre otras adaptaciones, nuestros antepasados tuvieron la capacidad potencial de aprovechar al máximo la poca energía que podían encontrar y constituyeron un sistema de aprovechamiento intensivo de los recursos disponibles. Aun hoy, el llamado “genotipo ahorrador” se activa cuando faltan alimentos o hay situaciones de amenaza y/o estrés en la vida fetal y neonatal. Cuando esto ocurre en la vida fetal y la primera infancia, los jóvenes y adultos estarán predispuestos a tener enfermedades crónicas y obesidad, ya que aprovecharán desmesuradamente los alimentos de mala calidad a los que se accede en las actuales sociedades consumistas.

Un ambiente intrauterino adverso se da por el estrés y las alteraciones en la nutrición materna. Luego del nacimiento, en el período de lactante, si la alimentación es inadecuada y existe sobre exposición a glúcidos (por ejemplo alimentación artificial) se incrementa aún más el riego de desarrollo de enfermedades crónicas. Si las determinantes sociales que propician las afecciones alimentarias durante el embarazo se mantienen en la primera infancia, la situación se agrava. La falta de estímulos, la dis alimentación y el sedentarismo llevan a un aumento de la adiposidad central e incrementan el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT). Si en la adolescencia se mantienen los hábitos no saludables y se le suman los hábitos tóxicos (alcoholismo, consumo de tabaco, drogas) se aumenta aún más el riesgo. En estos períodos de la vida, la marginalidad, la falta de perspectivas y la inexistencia de marcos referenciales hacen que los jóvenes sean particularmente vulnerables a la violencia y con ello vulneren a otros grupos sociales.

Finalmente, en el contexto social de vulnerabilidad, estas afecciones limitan el acceso a la educación, a los mejores puestos laborales y a la mejor remuneración, tanto en hombres como en mujeres. Los vínculos sociales se limitan muchas veces a sectores que padecen los mismos niveles de vulnerabilidad biológica y social y hace que también aumenten las posibilidades de reproducción entre personas con mayor nivel de patología y por lo tanto que en la progenie se incremente el riesgo de alteraciones epigenético. Recientes estudios en base a redes sociales en pacientes obesos certifica esta tendencia a incrementar las relaciones parentales de las personas que padecen este tipo de afecciones. Se constituye así un ciclo perverso de exclusión y enfermedad, siendo la base la situación biológica de la pobreza y los determinantes sociales de la salud. Esto hace dudar de que el nombre enfermedades crónicas no transmisibles no son tales, en realidad si son transmisibles y son transmitidas por la pobreza y la vulnerabilidad, serían en realidad enfermedades crónicas socialmente transmisibles (ECST)

En país como el nuestro, con muy baja de natalidad, que basa su crecimiento poblacional en los sectores de mayor vulnerabilidad social, se amplifica el riesgo a mediano y largo plazo de incremento de las ECNT - ECST en la población, que a su vez estará más propensa a la pobreza, falta de instrucción, marginalidad y violencia.

La reversibilidad de los estímulos epigenético abre una ventana biológica para las intervenciones que impacten en dos dimensiones temporales:

·        A corto plazo, concretando el derecho a un embarazo saludable y feliz, verdadero pre requisito para una crianza adecuada y una primera infancia de desarrollo saludable

·        A largo plazo desestructurando la transmisión trans generacional de las enfermedades crónicas y la pobreza, disminuyendo las inequidades y permitiendo el desarrollo sustentable de nuestra nación.

La intervención cercana, intensiva, integral y multidisciplinaria que propone el Plan Uruguay Crece Contigo -en conjunto con las políticas públicas de primera infancia del gobierno nacional, entre las que destacamos el Plan Perinatal y de 1era Infancia del MSP-, están llamadas a ser la piedra angular para actuar dialécticamente desde la órbita sanitaria en la pobreza y exclusión y desde la órbita de las políticas sociales en las enfermedades y la marginalización.

La intervención focalizada es la tarea de la hora. No estigmatizar ni hacer asistencialismo es el pre requisito para empoderar y generar condiciones para la organización social y la creación del poder popular que selle la irreversibilidad de estos procesos de cambio. Concomitantemente es central que la sociedad toda se involucre, por encima de banderías, en esta guerra contra la pobreza, por la salud, la felicidad y el futuro.

El desafío de la interinstitucionalidad y la participación social se dirime en el territorio. El involucramiento de la sociedad civil organizada, la academia y los movimientos sociales es vital para el éxito de esta iniciativa. En la cercanía de las acciones y en el territorio se juega el destino de este plan y en gran medida, por todo lo desarrollado anteriormente, se juega gran parte de nuestro futuro como sociedad y como país.

 

*Médico ginecotocologo

Profesor titular de la Clínica Ginecotcologica A FMED – UDELAR

Sub secretario en el Ministerio de Salud Pública

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