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Utopía: esa muchacha esquiva por Andrés Berterreche

publicado a la‎(s)‎ 20 dic. 2013 13:51 por Semanario Voces


 

               Allá por el 88 cumplía con mi obligación de hacer guardias nocturnas en un local político. Hacía al pie de la letra lo que la cartilla decía había que hacer. Pero como la noche era larga, además de un termo completo y dos cebaduras, aprovechaba a leer, entre las ocasionales recorridas que debía cumplir. Una noche, levanté la mirada del libro que ocasionalmente leía y desde las tres paredes que me rodeaban vi varias y distintas imágenes del Che que me miraban, casi que me interpelaban. Allí estaba la clásica del guerrillero heroico, con su pelo al viento y su boina con la estrella, mirando el horizonte, heroico e inmortal. Estaba entrando a una ciudad triunfante con Fidel y con Camilo. En una rueda, armas en ristre, en la montaña con sus compañeros del 26 de julio. Otra por allá, no me miraba porque se empeñaba en cargar una bolsa de azúcar, en una jornada de trabajo voluntario. En un rincón me ignoraba directamente empeñado febrilmente en su trabajo en el Banco Central de Cuba o tal vez estudiando marxismo en la madrugada. La pregunta salió solita: ¿Cuál era el modelo que yo quería seguir de esas multifacéticas fotos? ¿Cuál la de mis compañeros?

                Este es el último garabateo de las certezas y las incertidumbres por este año 2013. El séptimo, si no me fallan los números. Y tal vez termine con lo que empecé. Mi obstinada obsesión por los Valores Ideológicos Básicos. El que viene será un año electoral, y pondrá a prueba, además de nuestra capacidad de trabajo para la consecución de un nuevo triunfo del Frente, la claridad ideológica de nuestras propuestas, la verdadera apuesta a un cambio hacia una sociedad mejor, a un trabajo  desinteresado, a favor de los más. Probará nuestro compromiso a la lucha anónima por conquistar esa muchacha esquiva que se llama utopía.

                Será un momento de particular sensibilidad en lo político que deberemos aprovechar para dar discusiones con nuestro pueblo, para recorrer el espinel y humildemente escuchar los planteos para que esto se nos haga costumbre, demostrar con el ejemplo, lo verdadero de nuestras intenciones , la sistematización de nuestras dudas y de nuestras verificaciones en el plano social, de trabajar codo con codo con todos los compañeros, que más allá de las diferencias tácticas sabemos que no es el adversario. Este está afuera. Puede ser un momento óptimo  para ir aclarando y difundiendo ideas, y rectificando rumbos si es necesario. Del esfuerzo en la construcción, pero primero en la autoconstrucción, de ese hombre nuevo, que trasciende al cambio de estructuras económicas y sociales. Porque a riesgo de caer en frases trilladas, si vos no cambiás, seguro que no cambia nada. Buenos tiempos para practicar tal vez uno de los atributos más difíciles de aplicar por el ser humano: la coherencia. Hacer lo que se dice y decir lo que se piensa. Y sobre todo pensar que esto no puede ser solo el efecto de un momento que se repite cada cinco años, sino que debe ser una política diaria también en los períodos interelectorales . Volver a apropiarnos de la mística, mística nuestra, que tiene que tener como base la realidad.

                En síntesis, un buen año para ejercitar la crítica y la autocrítica, la solidaridad y el espíritu de sacrificio, la humildad  y la honestidad; un buen año para recomenzar lo que se deberá  continuar el resto de los años: el cultivo de los valores ideológicos básicos de un militante de izquierda. No creo en los puros, pero sí en que podemos trabajar en nosotros mismos para ir cambiando culturalmente y así transformando a una sociedad que puede ser mejor.

                Si la discusión se convierte en una discusión de intereses personales, de cargos, puestos y vanidades; si nos gana el sectarismo, de grupos cada vez más cerrados y pequeños, de sectas y microfracciones, si aplicamos nuestras verdades como dogmas sin preguntarnos acerca de nuestras propias certezas e incertidumbres, si esperamos que líderes mágicos nos resuelvan nuestras propias contradicciones, si solo vemos un año electoral como un carnaval o una campaña comercial de venta de candidatos, si no logramos motivar y emocionar a las mayorías más allá del 2014, además de parecernos demasiado a nuestros adversarios, habremos sido derrotados.

                Partimos de una buena plataforma, tengo confianza en los compañeros, tengo esperanza en el ser humano. Dependerá entonces de todos y cada uno de nosotros.

 

                Quince años después de aquellas noches de local central, el Hormiga, algo similar a un hermano menor que tengo, volvía de un viaje a Cuba. Yo nunca fui y él lo sabía. Por eso me sorprendió cuando sacó una media docena de fotos, de verdad, de esas de papel de revelado, con imágenes del Comandante inmortal. Varias de ellas eran las mismas que me hablaban desde aquellas trasnochadas paredes. Y me puso en el gran compromiso con su generosidad. Elegí una, me dijo, sos el primero. Hasta el día de hoy me sigue acompañando el compañero que con el torso desnudo de pantalones de campaña carga una enorme bolsa de azúcar, como ejemplo.


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